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“Félix qui RERUM potuit cognoscere CAUSAS”

Augusto Ibáñez

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La ciencia es compatible con la belleza y con el misterio. Conocer el porqué de las cosas no las priva de su encanto original sino que, al contrario, les aporta matices que generan cascadas de nuevas preguntas.

 
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Un nuevo elemento sigue completando el puzle de la tabla periódica

escrito el 29 de agosto de 2013 por en El porqué de las cosas,Enseñanza y aprendizaje de la ciencia

Siempre llama la atención el descubrimiento de un nuevo elemento de la tabla periódica, que configura y explica toda la materia que nos rodea. En realidad, los elementos nuevos no existen en la materia ordinaria, sino que se obtienen en laboratorios de física nuclear y duran muy poco, lo justo para permitir identificarlos.

En concreto, el descubrimiento del elemento 115, publicado esta semana en ‘The Physical Review Letters’, lo han realizado físicos de la universidad sueca de Lund en el centro de investigación GSI (Alemania).

Al bombardear átomos de americio con iones calcio han detectado el espectro de rayos X correspondiente al nuevo elemento, que constituye algo así como su huella dactilar. Estos resultados confirman los datos obtenidos hace diez años en el Instituto Conjunto para la Investigación Nuclear en Dubna, Rusia.

En concreto, el nuevo elemento 115 ya fue anunciado en 2003, aunque el descubrimiento de unos pocos átomos que se desintegran en milésimas de segundo no fue suficiente para que las comisiones de la Unión Internacional de Física Pura y Aplicada (IUPAP) y de la correspondiente de Química (IUPAC) lo aceptaran en la tabla periódica. Ahora un equipo de físicos de la universidad de Lund han confirmado el descubrimiento, según lo publicado esta semana en la revista Physical Review Letters. Al bombardear átomos de americio-243, con 95 protones en su núcleo, con iones calcio-48, con 20 protones, aparece el espectro atómico de un elemento con 115 protones en el núcleo. El nuevo elemento se desintegra rápidamente, pero la radiación X producida durante esa desintegración permite caracterizarlo con precisión.

Lo sorprendente no es solo que se sigan obteniendo nuevos elementos químicos, sino que sean descubrimientos perfectamente descritos y esperados, es decir, que las propiedades de estos elementos se conozcan antes de ser descubiertos.

El mérito de este increíble poder de predicción es de la clasificación periódica de Mendeleiev, que describe la estructura de la corteza atómica de los elementos y, a partir de ella, permite anticipar las propiedades químicas fundamentales y sus compuestos. Así, puede suponerse que el elemento recién descubierto, que ocupa en la tabla la posición de mayor peso atómico en la familia de los nitrogenoideos, tenga algunas propiedades químicas similares a del Bismuto, por ejemplo.

UNUNPENTIUM

Por eso no es raro que el Ununpentium estuviera ya ocupando el hueco 115 en la tabla periódica de mi estudio antes de ser descubierto (junto a otros que también esperan ese momento estelar de salir en los medios). La capacidad de predicción de la tabla de Mendeleiev es tal que es fácil imaginar que, tarde o temprano, nuevos descubrimientos irán completando este sorprendente puzle químico.

Para evitar conflictos con los nombres, los nuevos elementos se nombran provisionalmente de acuerdo a su número atómico -ununpentium por 1, 1 y 5- hasta que se produzca un consenso mundial para darles un nuevo nombre.


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Mi nuevo sistema periódico

escrito el 17 de febrero de 2013 por en General

Me han regalado este sistema periódico, magnético y completamente actualizado. Lo ha desarrollado The Particle Zoo, una empresita muy creativa que tiene, además, una interpretación muy original de las partículas elementales, incluido el Bosón de Higgs, siguiendo los criterios del Modelo Estándar:

Sistema periódico


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Premios Ig Nobel a las investigaciones más extravagantes de la ciencia

escrito el 1 de enero de 2013 por en General

No sé si los noticiarios actuales duran más o es que se me hacen más largos. Lo cierto es que cada vez contienen más noticias de relleno, muchas veces de supuesto carácter científico. Noticias huecas en torno a una absurda investigación de “una prestigiosa universidad” que no aporta más que obviedades. Uno entiende que las agencias seleccionen noticias ligeras, llamativas y digeribles por el gran público, pero cuesta entender que haya equipos científicos generando estas noticias irrelevantes, tan escasas en lo científico como exitosas en lo mediático.

Hay que tener cuidado con descalificar una investigación por su apariencia trivial, sobre todo si toca ámbitos de la ciencia básica, porque algunos de los más grandes descubrimientos de la ciencia se escondían bajo un disfraz de trivialidad. Pero hay investigaciones que no solo parecen triviales, sino que además lo son, y es un sano ejercicio desenmascararlas. De esta saludable actividad se ocupan iniciativas como los premios IG Nobel, que cada año otorga sus galardones a las investigaciones más absurdas y extravagantes de la ciencia.

Entre los trabajos premiados con el Ig Nobel 2012, destacan los siguientes:

  • Psicología: Anita Eerland, Rolf Zwaan y Tulio Guadalupe, por descubrir que “inclinarse a la izquierda hace que la Torre Eiffel parezca más pequeña”.
  • Neurociencia: Craig Bennett, Abigail Baird, Michael Miller y George Wolford, por demostrar que “mediante el uso de instrumentos complejos y estadísticas simples se puede registrar la actividad cerebral en cualquier lugar, incluso en los salmones muertos”, siempre que se usen los trucos estadísticos adecuados. También encontraron “actividad cerebral” en una calabaza. El resultado, en realidad, es una importante advertencia para los neurocientíficos que aplican inadecuadamente las técnicas estadísticas y extraen conclusiones equivocadas por no filtrar adecuadamente los datos experimentales.
  • Física: Joseph Keller, Raymond Goldstein, Patrick Warren y Robin Ball, por “calcular la correlación de fuerzas que dan forma y movimiento a una coleta de cabello humano”. Los investigadores desarrollaron un sistema de imágenes 3D para observar las propiedades de un cabello individual y luego resolvieron una compleja ecuación matemática  que describe las propiedades de un paquete de cabellos.
  • Dinámica de fluidos: Rouslan Krechetnikov y Hans Mayer, por “estudiar la dinámica del líquido para saber lo que sucede cuando una persona camina con una taza de café”. Estos científicos descubrieron que la frecuencia de las oscilaciones naturales del café es del mismo orden de magnitud que la frecuencia de la marcha normal, lo que hace que, al caminar con un vaso de café la oscilación del líquido se amplifique y que el café se derrame.
  • Medicina: Emmanuel Ben Soussan, por su “asesoramiento a los médicos que realizan colonoscopías para reducir el riesgo de explosión de sus pacientes”.

Estos premios, que ningún científico querría obtener, se entregan en la Universidad de Harvard siguiendo una parodia de los Nobel. Sin embargo, vemos que algunos de los trabajos premiados no son en absoluto triviales. Según el organizador, la revista de humor Annals of Improbable Research, el criterio es premiar honran los logros que “primero hacen reír y luego hacen pensar”.

Muchas noticias científicas de los telediarios sí que serían acreedoras de estos galardones. En un antiguo post  cité  una excelente columna de Edurne Uriarte que trataba con lucidez este tipo de investigaciones de aparente frivolidad que tanto eco encuentran en los medios. Uriarte citaba tres grandes sumideros por los que escapa la credibilidad del científico: la demostración de obviedades, el estudio de tonterías y la corrección política, ese ‘deber ser’ tan nocivo para el pensamiento crítico que conduce a “conclusiones perfectamente equilibradas con las convicciones morales e ideológicas más asentadas”, es decir, a un convencionalismo que nada tiene que ver con la objetividad exigible al científico.


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Smartphones y adolescentes (I)

escrito el 1 de enero de 2013 por en General

Hace un tiempo me pidieron una modesta contribución para un estudio sociológico sobre el impacto de los móviles en los adolescentes. Resumo en los tres próximos posts las ideas principales.

  1. Una innovación disruptiva y un elemento identitario del adolescente
  2. Algunos cambios significativos (ir al post)
  3. Móviles en las aulas (ir al post)

Una innovación disruptiva…

Cuando Marc Prensky, allá por 2001, acuñó el término de nativos digitales, decía como una de sus características que usaban la tecnología como una extensión de sí mismos. Esto es casi literal cuando hablamos de los smartphones. Los modernos smartphones (a los que llamaré genéricamente móviles) tienen un manejo tan intuitivo que los adolescentes los utilizan como prótesis de sí mismos, siendo completamente transparente la altísima tecnología que representan.

El Smartphone o teléfono inteligente crece rápidamente entre los adolescentes. La clave es el acceso a Internet, que permite la descarga de canciones, el intercambio de archivos, el acceso a las redes sociales (principalmente Facebook entre los adolescentes mayores, muy por encima de Twitter) y el envío de mensajes de texto para estar en contacto permanente con sus amigos. Los adolescentes necesitan comunicarse y usan el móvil para ello. Pero la llamada telefónica pierde peso entre ellos, y se reserva, eso sí, para hablar con los padres. No olvidemos que la principal razón para proporcionar un móvil a sus hijos es por seguridad: quieren tener localizados a sus hijos permanentemente. El teléfono ha dado paso al envío de mensajes de texto, o texting, en términos anglosajones. El envío de mensajes de texto está acabando con el uso de los tradicionales chats tipo IRC entre adolescentes, y con el propio Messenger.

El texting (antes vía SMS y ahora por whatsapp) se ha convertido en la principal forma de comunicación entre adolescentes. Va creciendo con la edad, y alcanza el máximo en los años finales de la adolescencia. Las chicas son más comunicativas, por lo que intercambian un volumen mucho mayor de mensajes que los chicos. La tecnología, una vez más, actúa en este caso amplificando lo que ya venía ocurriendo en el mundo real. Por este motivo, también las chicas usan más los móviles que los chicos para acceder a sus redes sociales. El móvil multiplica lo que ya se venía haciendo.

El móvil es una auténtica disrupción tecnológica, en el sentido de que ha conquistado un enorme mercado de “no usuarios” de la telefonía. Se usa para escuchar música, tomar fotografías, hacer vídeos, conectarse a redes sociales, intercambiar archivos y, sobre todo, para estar permanentemente en contacto con los amigos a través de mensajes de texto.

Por eso el móvil ha convertido en obsoletas muchas otras tecnologías: las cámaras de foto y las de vídeo, las minicadenas musicales, las grabadoras, incluso está desplazando a algunas consolas de vídeo juegos. Es paradójico que lo que se incorporó como elementos accesorios de un teléfono hayan acabado por constituir el corazón del dispositivo.

Pero el móvil inteligente es, ante todo, un dispositivo conectado a Internet, y ahí reside su atractivo imbatible. Pronto se convertirá en la principal puerta de acceso a la red, desplazando a los ordenadores, fijos o portátiles. Además, proporciona una pasarela de pago sencilla y directa, con menos barreras que las que ofrece, por ejemplo, el pago con tarjeta en un ordenador. Ya es posible pagar una bebida con el móvil en una máquina de refrescos, o en la caja de un supermercado. Los programas de lectura de códigos tipo QR no han hecho más que empezar, y tendrán muchas aplicaciones en la economía, la cultura y la educación. Es evidente que el móvil tiene mucho más recorrido que cualquier otro dispositivo informático.

…Y un elemento identitario del adolescente

Recientemente, un director de un importante colegio me dijo: “Vi a un alumno usando su móvil en clase y traté de retirárselo, como marca la norma establecida en nuestro centro, pero me fue imposible. Nunca antes me había pasado. Me di cuenta de que ese chisme era parte de su vida”. Y acabó diciéndome que estaban revisando las políticas de uso de móvil (de no uso, más bien) porque no podían poner puertas al campo.

El móvil forma parte de la identidad de un adolescente. Todo lo que más aprecia está ahí: su red de amigos, su música, sus fotos, sus vídeos… Quizás lo menos importante sea el teléfono. Retirarle el móvil es un castigo inasumible para muchos.


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Smartphones y adolescentes (II). Algunos cambios significativos que se observan

escrito el 1 de enero de 2013 por en General

La neurociencia nos demuestra que el cerebro es plástico, que aprende constantemente y se adapta a los estímulos que recibe. Es decir, que diferentes experiencias producen diferentes formas de pensar.  Sin duda es pronto para conocer el impacto de los móviles en los adolescentes, pero es indudable que esta tecnología debe comportar cambios sustanciales en sus vidas, en la forma en que se relacionan, aprenden y se divierten, e incluso en su forma de pensar.

Hay cambios evidentes en el modo en que se relacionan con sus amigos. Ponen un cuidado extremo en su “imagen digital”, tanto o más que en la real. Por ello atienden de inmediato y con la adecuada “netiqueta” todos los mensajes que reciben. Podría pensarse que el móvil los conecta más con los lejanos que con los que tienen cerca, pero no es así. El móvil es en parte una identidad de grupo y crea lazos de pertenencia con los más cercanos, que incluso interaccionan y comparten a través del móvil cuando están juntos.

También cambia la relación con la familia. Los adolescentes se comunican con sus amigos con mensajes de texto (principalmente whatsapp), y usan el teléfono casi exclusivamente para hablar con sus padres. El teléfono se convierte así en un símbolo del control, mientras que el texto se reserva para compartir con los iguales.

Otro cambio tiene que ver con la apertura y la socialización que, a su vez, se relaciona con el importante acceso a las redes sociales a través del móvil.  Esta forma de compartir sin casi barreras genera mucha transparencia en la comunicación y facilita la colaboración, pero a la vez es fuente de preocupaciones porque en esta apertura el adolescente se “desnuda” ante los demás -a veces literalmente- y pierde su privacidad. Se vuelve así muy vulnerable a todo tipo de ataques.

La pérdida de su privacidad no es el único motivo de preocupación derivado del uso creciente del móvil. Podríamos citar otras inquietudes:

  • Estado de conexión permanente, que genera tensiones en las familias y en su entorno. Algunos se niegan a apagar los móviles en espectáculos públicos. Viven excesivamente volcados en ese mundo virtual y pueden descuidar su entorno real.
  • Vulnerabilidad frente a ataques de bullying. La red acaba por reproducir e incluso amplificar lo que ocurre en el mundo real. Se estima que uno de cada cuatro adolescentes sufren algún tipo de acoso a través del móvil.
  • Exposición a contenidos inapropiados, bien por el acceso a Internet o bien por la recepción de archivos desde su red de amigos o de spam.
  • Captura de imágenes comprometidas, de sí mismos o de otros, que se comparten con toda su red. Las consideran como imágenes efímeras, que impactan un instante y luego no dejan huella, pero la realidad es que pueden quedarse en Internet para siempre. De modo que un breve impulso alocado se convierte a veces en un problema casi imposible de resolver. Afortunadamente surgen aplicaciones que tratan de gestionar este asunto. Snapchat, por ejemplo, es una aplicación gratuita para iPhone que permite decidir el tiempo límite que la persona a quien se envía una foto puede verla. Pasado ese tiempo, que pueden ser unos segundos, la foto desaparece y no puede verla de nuevo.

En resumen, el uso del móvil impacta sin duda sobre el desarrollo ético y moral de un adolescente. Por un lado, el fenómeno de la inmediatez es enemigo de la reflexión, y tiene consecuencias demoledoras en algunos casos: grabación de actuaciones ilícitas, de agresiones, de la propia intimidad… Los criterios éticos y morales también se ven debilitados por el efecto tribu: aunque uno no genere contenidos inadecuados (cuestionables) participa en su difusión por ser parte del grupo, lo que debilita el marco de convicciones del adolescente. La servidumbre de la pertenencia al  grupo envalentona y propicia actuaciones acríticas, que una vez que llegan a la web se vuelven irreconducibles. Y son, además, una rémora para el futuro, porque es casi imposible eliminar un contenido inapropiado una vez que se ha difundido en Internet. El resultado puede ser es doloroso, y de ahí la importancia de trabajar desde la escuela y la familia la prudencia, la responsabilidad y el sentido crítico, para que anticipen las consecuencias de sus actos.

Los padres suelen gestionar el uso del móvil, pero más desde el control que desde la prevención. Miran el detalle de las facturas, revisan las llamadas e imponen reglas de uso en determinados momentos. Sobre todo usan la retirada del móvil como castigo. Pero esto no garantiza un uso completamente responsable. Una posible solución pasa por incorporar el móvil en el aula, como una herramienta aventajada para el aprendizaje.


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Smartphones y adolescentes (III). Móviles en las aulas

escrito el 1 de enero de 2013 por en General

Un profesor de matemáticas de un centro público me explicó que los móviles forman parte de los recursos del aula. El centro, un instituto tecnológico bien dotado, dispone de una red wifi a la que los alumnos conectan sus smartphones, de modo que pueden navegar por Internet sin coste. “Tienen una aplicación gratuita –me citaba un ejemplo, refiriéndose a Geogebra- y la usamos para cosas como representar las gráficas que salen en la Selectividad. Se familiarizan con ellas y así es más fácil preparar la prueba.”

Esto no es lo habitual. El móvil está prohibido en las aulas de la mayoría de las escuelas, porque se considera un importante distractor. Muchos centros los prohíben en todos los espacios, recreos incluidos, aunque esto genera problemas con las familias, que quieren estar en contacto directo con sus hijos.

Incluso los centros que apuestan más por la tecnología, que han sustituido los libros por contenidos digitales, prohíben el uso del móvil en el aula. Una profesora de uno de estos centros me decía: “¿Cómo le va a interesar venir al colegio, si les pedimos que desconecten completamente de su vida real? Lo que hacen es desconectarse ellos del colegio”.

Pero la prohibición no es muy eficaz. La realidad es que el móvil acompaña permanentemente a los adolescentes en el colegio, y que se las arreglan para enviar mensajes de texto en clase, muchas veces entre compañeros de la misma aula.

Lo razonable sería integrar en el trabajo del aula la tecnología móvil, al servicio de tareas pertinentes y bien diseñadas. Se podría aprovechar didácticamente el hecho de que los móviles constituyen un acceso directo a Internet. Para muchos es el único acceso fuera del centro, porque no tienen ordenador en casa.

Dadas las posibilidades de los móviles inteligentes, su uso en el aula ofrece muchas oportunidades de interacción con los contenidos, así como de colaboración. Si las actividades son relevantes y están bien diseñadas, el móvil aporta una enorme motivación y una conexión con la realidad. El uso del móvil en el aula abriría sus puertas y acercaría la escuela a lo que ocurre en el mundo real. Claro que hablamos de un uso didáctico bien delimitado, orientado a un aprendizaje efectivo.

Es un reto y una clara oportunidad para la escuela, que debería incorporar el uso de los móviles en algunas tareas educativas. El Smartphone podría constituir en el aula un acceso privilegiado a Internet, mucho más sencillo y fiable que netbooks u otros ordenadores de aula y más económico y versátil que una tableta. Por ello los últimos informes Horizon lo señalan como una de las principales tecnologías emergentes en el mundo educativo.


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La ciencia es cosa de chicas, a pesar de la Comisión Europea

escrito el 10 de julio de 2012 por en General

Por increíble que parezca, el ataque más letal que se recuerda contra la mujer científica viene de la misma Comisión Europea. Una costosa campaña hace poco más de una semana para que las chicas se interesen más por la ciencia, resultó ser una exhibición de frivolidad. La estética de los mensajes juega con lo superficial, con mensajes del mundo de la moda y de la cosmética, hasta el detalle del lápiz de labios sustituyendo a la I de SCIENCE en el lema:

Pero lo peor fue el vídeo promocional, todo un compendio de superficialidad al más casposo estilo misógino. ¿Cómo se puede insultar a sí a esas mujeres que sostienen los proyectos científicos en todo el mundo? Como era de esperar, el vídeo levantó tal ola de protestas que pronto fue retirado, pero es fácil encontrarlo en la red. El rotativo The Guardian propuso en twitter como hashtag del día ‪#realwomenofscience para compensar por la aberración del ‪#sciencegirlthing.

Al principio se especuló que era una travesura de mal gusto de unos hackers, pero pronto la Comisión justificó la campaña, explicando que pretendía mostrar a las mujeres que la ciencia es divertida. O sea, para que no haya dudas, es una campaña premeditada y pagada con el dinero de todos los europeos. La duda que ahora surge es: ¿En manos de quién estamos? ¿Quién lleva el timón de esta Europa?

La ciencia no necesita ayudas como esta. Si queremos más mujeres científicas necesitamos una apuesta decidida desde el colegio (discriminación positiva) y un sistema de becas pre y posdoctorales de calidad. Y sobre todo construir una imagen moderna de la mujer científica que prime la feminidad, sí, pero de su inteligencia, su capacidad y su profesionalidad.


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Nos deja Lynn Margulis, una de las grandes

escrito el 25 de noviembre de 2011 por en General

Fue l’enfant terrible (la fille terrible, debería decirse) de la biología. Hace 45 años postuló la hipótesis de que las primeras células eucarióticas -con núcleo- se produjeron a partir de la fusión de bacterias primitivas hace miles de millones de años. Lo polémico no era tanto el proceso de interacción entre dos bacterias como el hecho de que esta hipótesis desafiaba las teorías neodarwinistas, que defendían las mutaciones al azar.

Esta teoría, llamada simbiogénesis, fue ferozmente atacada, aunque hoy forma parte del corpus básico de la biología evolutiva y aparece en todo manual preuniversitario. Lo mismo ocurre con su clasificación de los cinco reinos, presente en cualquier material curricular de Secundaria.

Lynn Margulis, UAM (1998)

Por esta y otras grandes aportaciones recibió en 1998 el doctorado honoris causa por la Autónoma de Madrid, y en 1999 la Medalla Nacional de Ciencia de los Estados Unidos. En realidad recibió una docena de doctorados honoris causa, y fue precisamente durante la ceremonia de nombramiento como Doctora Honoris Causa en la UAM cuando tuve mi primer encuentro con ella. Lynn era jovial y cercana, amante de la divulgación y muy sensible a la enseñanza de las ciencias. Se ofreció a colaborar en el proyecto de vídeos didácticos Ciencia en Acción, que estábamos desarrollando en SM, y colaboró con algunas explicaciones básicas de su teoría orientadas a alumnos de ESO. También nos facilitó una pequeña serie de grabaciones de microorganismos que ella había obtenido en su laboratorio, con ayuda de su hijo Dorion Sagan. Precisamente me referí a una de estas grabaciones en un post publicado en este blog el año pasado (“Colectivos inteligentes con individuos idiotas: la naturaleza ya lo había inventado”).

Margulis fue, además, una de las impulsoras, junto con el químico británico James Lovelock, de la conocida hipótesis Gaia, que asume que la biosfera constituye una especie de sistema que se autorregula. También fue una hipótesis muy polémica, o una hipótesis mal entendida, según explicaba la propia Margulis en un artículo publicado en Profes.net en 2001:

“La hipótesis Gaia ha sido mal interpretada por la comunidad científica. Durante más de 26 años se han estado publicando numerosos estudios que confieren un sólido fundamento al concepto Gaia; sin embargo, muchos de los científicos desconocen esta literatura. […] Según James Lovelock, químico atmosférico británico y padre de la hipótesis, el término Gaia es simplemente ‘una buena palabra de cuatro letras para referirse a la Tierra’, mucho más fácil de decir que ‘sistema cibernético biológico con tendencias homeostáticas’. Su entonces vecino y posterior Premio Nobel de Literatura, William Golding, le sugirió el nombre de Gaia, o lo que es lo mismo, Gea: diosa griega que personifica a la Madre Tierra. A raíz de esta elección, se ha dicho que Gaia es ‘la diosa Tierra’ o que ‘la Tierra es un organismo vivo’. Estas son frases engañosas. Muchos de los trabajos científicos publicados sobre Gaia contienen terminología que ha sido mal interpretada. Por este motivo, queremos hacer constar que rechazamos la analogía de Gaia como un único organismo; básicamente porque ningún organismo vivo se alimenta de sus propios desperdicios ni recicla por sí solo su propia comida. Consideramos que es mucho más apropiado decir que Gaia es un sistema interactivo, cuyos componentes son los organismos. La hipótesis Gaia opta por la fisiología, no por la metafísica.”

Placa en honor a Lynn Margulis, Amherst (MA)

No fue esta la única polémica en la que se vio implicada; otras propuestas muy provocadoras, sobre el virus del SIDA, por ejemplo, generaron mucha controversia en la comunidad científica. Lamentablemente, Lynn falleció el pasado 22 de noviembre, en su casa en Amherst (Massachusetts), como consecuencia de una complicación tras un ictus que sufrió pocos días antes. Tenía 73 años.

En una calle de Amherst, su ciudad natal, hay una placa un tanto borrosa que recoge una frase suya: “Life actually forms and changes its own environment”. La vida no es fruto del azar, sino de la interacción entre los organismos: la vida crea y cambia su propio entorno.

Sin duda, nos ha dejado una de las grandes.


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Falleció Michael Hart, fundador del proyecto Gutenberg

escrito el 9 de septiembre de 2011 por en Tendencias

Hart fue un personaje carismático, austero hasta lo obsesivo, tecnólogo futurista y soñador; un megalómano comprometido por abrir a todo el mundo los tesoros que guardaban los libros.
Ya en los setenta soñaba con lograr una distribución electrónica universal del contenido de las grandes bibliotecas, e inventó el primer libro electrónico. Con el ebook creó el Proyecto Gutenberg como iniciativa para distribuir de forma eficiente y gratuita la literatura y soñaba con que algún día toda la humanidad tendría acceso a este legado. El Proyecto Gutenberg es atendido por voluntarios, y todos los ebooks son gratuitos.

Más información: http://latimesblogs.latimes.com/jacketcopy/2011/09/project-gutenberg-founder-michael-s-hart-has-died.html


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El próximo kilogramo patrón será algo más ligero

escrito el 8 de mayo de 2011 por en El porqué de las cosas,Enseñanza y aprendizaje de la ciencia

Hace años publiqué en Profes.net el artículo “El kilogramo patrón tiene problemas de peso”. Llamaba la atención sobre el hecho de que el kilogramo fuera la única unidad de medida del Sistema Internacional (SI) que requería un patrón material. [Aprovecho para recordar que el SI de unidades cuenta con siete unidades básicas: metro, kilogramo, segundo, amperio, kelvin, mol y candela.] El prototipo de kilogramo patrón es un pequeño cilindro de platino e iridio que fue fabricado en Londres en 1879 y se conserva, desde 1898, en la Oficina Internacional de Pesos y Medidas de París.

Kilogramo patrón

Prototipo de kilogramo patrón (BIPM)

Las servidumbres asociadas a un patrón material son evidentes: obliga a que exista un objeto físico de referencia, el kilogramo patrón, que debe ser custodiado con celo, porque todas las medidas de masa y sus derivadas, como la energía, se basan en él. ¿Qué ocurriría si lo robaran o si se perdiera en un terremoto, por ejemplo? Bueno, esta coyuntura ya fue contemplada en 1879, cuando se fabricó el prototipo de kilogramo patrón. En aquel momento se fabricaron réplicas de este prototipo que se custodian con mimo en diferentes lugares del mundo y, entre otras cosas, sirven para hacer medidas sistemáticas del prototipo de París.

Según las medidas llevadas a cabo en el último siglo, la masa del prototipo se ha ido reduciendo y el actual kilogramo patrón es algo más ligero que el inicial. Y el adelgazamiento es significativo: se estima que unos 50 microgramos; esto es, 5 partes en cien mil. 

Algunos medios dicen que 50 microgramos es un “cambio infinitesimal”, pero en absoluto es así. Cinco cienmilésimas de un gramo no es nada despreciable, y no solo a escala microscópica. Por ejemplo, si pensamos que en un paquete de kilo de arroz mediano entran unos 20000 granos, la pérdida de 50 microgramos equivale a un grano de arroz por cada paquete de kilo. Es verdad que nadie pediría la hoja de reclamaciones porque le retiren un grano de arroz de un paquete pero, en el mundo de alta precisión podría ser una variación muy significativa.

Por eso la Royal Society ha convocado a científicos de todo el mundo para buscar un patrón de masa que no sea un objeto material, de modo que la magnitud no cambie con el tiempo y sea reproducible en un laboratorio. Claro que el nuevo kilogramo patrón debe ser exactamente equivalente al proptotipo actual y, por tanto, unos cincuenta microgramos menos que el prototipo original, de hace 130 años.

De hecho, si los científicos convocados por la Royal Society decidieran volver a la masa original del prototipo, quedaría seriamente comprometida la precisión de muchos instrumentos, al cambiar todas las unidades dependientes de la masa, calibradas respecto del “kilo ligero” actual. Por eso es mejor que el nuevo prototipo sea exactamente igual de ligero, pero basado en el valor inalterable de una constante física universal. La elegida es la constante de Planck, asociada a la energía de un cuanto de acción. Se están haciendo pruebas en diferentes laboratorios del mundo para valorar la pertinencia de establecer la definición sobre esta constante, y en octubre de este año el Comité Internacional de Pesos y Medidas se pronunciará sobre la nueva definición del kilogramo. De aprobarse, el cilindro de platino e iridio pasará en pocos años a ser una pieza de museo, como ya ocurrió con el prototipo de metro patrón, fabricado en el mismo material, que quedó obsoleto al definirlo como la distancia que recorre la luz en una determinada fracción de segundo.


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Agua embotellada: un recurso natural convertido en negocio de alto impacto medioambiental

escrito el 1 de mayo de 2011 por en El porqué de las cosas,Energía y medioambiente

Leo en Scientific American que el agua embotellada es la bebida refrescante más consumida en Estados Unidos, después de la Coca Cola y la Pepsi Cola. Solo en USA, los norteamericanos consumen unos treinta mil millones de litros de agua embotellada cada año, es decir, unos cincuenta mil millones de botellas, principalmente de plástico. Todo el mundo conoce la procedencia de este plástico, pero las cifras marean:  según el Earth Policy Institute, la fabricación de botellas de plástico para atender la demanda de agua embotellada en USA requiere anualmente más de 1,5 millones de barriles de crudo, “equivalentes al combustible necesario para mover unos 10000 vehículos durante un año”.

Me surgen de inmediato dos cuestiones:

  • Primero, ¿qué se ha roto en la lógica de la humanidad para que un recurso natural se haya convertido en una bebida comercial? ¿Acaso el milagro de disponer de agua potable, sanitariamente controlada y barata en los grifos de todos los hogares del Primer Mundo no es suficiente?
  • Y segundo, ¿qué coste/impacto medioambiental tendrá esta extravagancia de nuevo rico? Aunque el Primer Mundo pueda permitírsela, ¿es sostenible para el planeta?

La primera cuestión es retórica; va ligada al esnobismo de nuevo rico, y lamentablemente tenderá a aumentar, como toda estupidez, con aguas embotelladas procedentes de los lugares más recónditos de la Tierra. Cuanto más exótico mejor y exclusivo mejor, es la lógica huera del nuevo rico.

La segunda es más cuantificable. Según el Container Recycling Institute (CRI), anualmente se usan unos 2,7 millones de toneladas de plástico derivado del petróleo para envasar agua. Un coste medioambiental brutal, a pesar de la sempiterna presencia del logo “reciclable” que llevan todas las botellas, para tranquilizar conciencias. Pero es puro marketing, como denuncia el informe del CRI: el 86% de las botellas de plástico en USA acaban en el vertedero, y no se recicla. ¡Cuántas aberraciones medioambientales se esconden detrás de ese logo, que bendice y ampara tanto despilfarro de recursos!

La paradoja es que aunque el coste del agua embotellada pueda ser miles de veces superior al del agua del grifo, no ocurre otro tanto con su calidad. Por ejemplo, en una ciudad como Madrid, donde las fuentes están meticulosamente controladas, la calidad organoléptica del agua del grifo es superior a la de muchas aguas embotelladas. A pesar de eso es difícil encontrar restaurantes madrileños que acceden a servirte agua del grifo, porque una buena parte de sus ingresos procede del agua embotellada.

Al menos el agua de los restaurantes viene en botellas de vidrio retornables, es decir, que se pueden reutilizar una y otra vez (espero que en la planta de aguas y no rellenando con agua del grifo, como algunos establecimientos te hacen sospechar). En resumen, si consumimos agua embotellada, procuremos al menos que sea de envases de vidrio, retornables; no de plástico “reciclable”, por favor.


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Los fumadores no son tan peligrosos como los políticos

escrito el 4 de enero de 2011 por en General

Leo en la prensa que Facua ha recibido una avalancha de denuncias contra establecimientos que se saltan la nueva ley antitabaco, hasta el punto de que se han visto desbordados en su planteamiento inicial de trasladar las denuncias a las consejerías de Sanidad de las comunidades autónomas. Me entristece esa respuesta masiva a tan patética llamada a la delación, alentada desde el mismísimo ministerio de Sanidad, por varios motivos:

Primero, porque ayuda poco a la cohesión social; solo sirve para abrir aún más la brecha entre ciudadanos y alimentar la exclusión. Basta leer los foros de la prensa para ver el nivel de agresividad e insultos entre fumadores y no fumadores (o más bien exfumadores, que son especialmente agresivos contra los que no han seguido sus mismos pasos).

Segundo, porque percibo cierto ensañamiento contra los fumadores, resultado de la insana costumbre de “hacer leña del árbol caído”. ¿No existía ya una norma que obligaba a crear espacios específicos para fumadores? ¿Por qué alimentar el disfrute maquiavélico de machacar aún más al fumador?

Tercero, porque la norma es sesgada y, por tanto, objetivamente injusta. La nueva ley se posiciona al 100% contra el humo del tabaco y excluye completamente otros humos igualmente tóxicos. ¿Cómo debe de sentirse un fumador al que alejan como apestado por los humos que produce con su pitillo cuando le obligas a respirar los humos nocivos producidos por otros, por ejemplo con sus vehículos? ¿No existe un claro desamparo?

Podría argumentarse que el humo del cigarrillo es singularmente tóxico, pero objetivamente no lo es más que otros gases producidos por la actividad humana. Permítanme revisarlo en dos lejanas experiencias:

  • Recuerdo viajes de avión, hace más de una década, en que se podía fumar a partir de una determinada fila. Para los viajeros de atrás era un suplicio aguantar a los de las filas delanteras que se iban a la zona de cola para echar un pitillo, pero no se conocen víctimas mortales inmediatas por este motivo. Sin embargo, si en uno de esos vuelos se hubiera producido una filtración que introdujera en la cabina los gases de la combustión de los motores, todo el pasaje hubiera muerto en poco tiempo.
  • También recuerdo haber viajado en autobuses donde mucha gente fumaba, sin que se produjeran víctimas inmediatas. Pero si el tubo de escape se hubiera introducido en el interior del autobús, pocos habrían sobrevivido a un viaje largo. No es una hipótesis; los nazis ya probaron esta forma de exterminio, con camiones cerrados en los que hacían entrar los gases de escape.

Se conocen muertes por intoxicación de personas que dejaron el coche encendido en un garaje cerrado, pero no hay noticias similares procedentes de garitos apestados de humo de cigarrillos. Desde luego, basta con respirar el humo del tubo de escape para producir víctimas mortales, algo que no ocurre de forma inmediata por muchos cigarrillos que fume la gente de tu alrededor. Es decir, a efectos prácticos parece más peligroso el humo de un motor de combustión que el de varios pitillos. De modo que un peatón que además sea fumador estaría moralmente autorizado a decir: “Bien, acepto dejar de fumar pero no me obliguen a respirar los humos igualmente nocivos producidos por otros”.

De hecho, la toxicidad de esos gases no es un asunto menor. No es solo el monóxido de carbono, ni los óxidos de nitrógeno, ni los humos. Hay que añadir los gases orgánicos no quemados y, especialmente, algunos componentes aromáticos altamente cancerígenos que se utilizan en algunas mezclas antidetonantes (en sustitución del nocivo tetraetilplomo). ¿Qué pasa con esos gases cuando no son destruidos por deficiencias en el proceso? ¿Qué pasa cuando el catalizador que debe acabar con los restos se envenene y deje de ejercer su función? Recuerdo que cuando surgió la gasolina sin plomo, subvencionada para forzar el cambio, un vecino me explicó que muchos talleres te ajustaban la combustión para que el vehículo antiguo, sin catalizador, pudiera gastar gasolina sin plomo, mucho más barata. “Todo el mundo lo hace”, me aseguraba. Claro que al no disponer de catalizador los peligrosos residuos cancerígenos salían directamente a la atmósfera. Pero, ¿a quién le importaba esto? Desde luego no a aquel vecino que, sin embargo, odiaba el humo del tabaco (me lo imagino regodeándose con la nueva ley).

La ampliación del ámbito coercitivo no era necesaria para proteger al no fumador, que ya disponía de espacios libres de humo, pero se ampara en la protección de los empleados que atienden los lugares para fumadores. La idea está bien, pero seamos consecuentes: ¿Vamos a prohibir, en consonancia, que circulen autobuses por las ciudades para proteger a los policías municipales que deben pasar el día en la calle? ¿O a prohibir la entrada de coches en los aparcamientos subterráneos para proteger a los vigilantes? Perdón por estas caricaturas, pero a veces hay que llevar las cuestiones al absurdo para expresarlas mejor.

Había olvidado decir que NO soy fumador, pero me inquieta este tipo de medidas tan radicales (y discrecionales, a la vista de otros temas graves sobre los que no se actúa igual) ante la sospecha de que me alcancen tarde o temprano. “Si no es esta, podría ser la siguiente. ¡Qué mal rollo ver que ponen tanta energía (autoridad) en esta insignificancia!”.


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Libros, amores y traiciones imperdonables

escrito el 23 de octubre de 2010 por en General,Personal

En la librería de un híper, donde las obras se disponen en “lineales” como las verduras, los lácteos y los artículos de limpieza, es difícil atinar en la selección de un libro. Por si fuera poco, el retráctil plástico que lo preserva del sucio manoseo por dedos que vienen de la fruta y de los congelados, deja pocas posibilidades a una cata inicial. Así que uno debe dejarse guiar por atributos externos y, especialmente, por la portada. Cualquier cosa es mejor que preguntar al empleado, que observa el lineal con gafas de reposición, como las que emplea en la zona de bollería, mientras comprueba la fecha de caducidad de los donuts. “Éste es el que se vende más”, es la máxima información útil que lograrás extraerle.

De modo que es la portada -con la globalidad de sus atributos, claro- la responsable del amor a primera vista. Tras el flechazo sostenemos delicadamente el libro entre las manos con cierta excitación, como tratando de anticipar los momentos de gozo que nos deparará. Y desde ese momento el libro pasa a ser un objeto especial. Lo pondremos en una zona protegida del carrito -generalmente, la destinada a transportar a los bebés- a salvo de las hortalizas, el detergente y el pescado y, al paso por caja, destinaremos una bolsa única para él, elevándolo a la categoría del crianza que también acabamos de adquirir.

Pero el acto no se consumará en el híper, ni siquiera al llegar a casa. Habrá que esperar a ese momento especial, de intimidad absoluta, para descorchar el vino, tomar el libro y dejar que se desaten las emociones. Con taquicardia, retiramos el retráctil -a veces con cierta rudeza, superados por la impaciencia- abrazamos el ejemplar y deslizamos ávidamente la mirada bajo sus cubiertas. Pocas experiencias son tan gratas como las de acariciar un buen couché, explorar delicadamente sus entrañas con tu dedo húmedo (el dedo pasapáginas, claro) e, incluso, oler su interior. Y si esto solo es el principio, qué será cuando nuestra mirada recorra cada carácter, cada línea, cada capítulo, y nuestra mente se funda con la obra en esa magia cálida que solo aporta la lectura.

Lamentablemente, ese umbral hacia el éxtasis es, con frecuencia, un anuncio de desastre, agravado por el fraude a nuestras expectativas, previamente reforzadas en el paso por caja. Abres el libro y encuentras una pésima edición y, lo que es peor, una historia banal, y se te cae de las manos con tu ánimo detrás, por el sumidero de la decepción. Hay quien tratando de salvar los muebles se impone una lectura rutinaria, como quien se impone cien abdominales cada tarde, pero yo prefiero pasár página y olvidar el fracaso cuanto antes. Existen demasiadas obras buenas por descubrir como para perder un tiempo precioso en el libro equivocado.

Y es que elegir libro en un hipermercado es tan arriesgado como conocer a una chica en una noche de copas. Bajo una música estridente las conversaciones se reducen a voces entrecortadas y gritos de comanda. La comunicación se basa en lo gestual y en el roce físico. Te engancha el aspecto externo, la portada de la chica, pero no hay forma de penetrar en su alma; de ahí el riesgo en la elección. Unos días después quedas con ella en una terraza tranquila, exploras ilusionado su interior y descubres, atónito, que no hay nada; todo era fachada.

Claro que no resulta fácil adentrarse en el interior de una persona que te ha deslumbrado por su aspecto externo -don José Ortega decía, cabalmente, que “ante una mujer extraordinariamente bella, uno se siente turista, en vez de amante”-, porque conocer el interior exige tiempos largos de conversación, de lectura pausada, de narración común, de recrear la historia y reinventarla juntos. Por eso cuando hace años aparecieron los chats de Internet, pensé que serían herramientas ideales para el enamoramiento. En aquellos chats iniciales, sin posibilidad de ver al otro, solo podías presenciar su interior. Y quien lograra encontrar a alguien sincero tendría garantizado un acceso privilegiado a su alma, sin los engañosos espejismos del físico. De modo que aventuré que los enamoramientos vía chat serían más profundos y duraderos que los habituales. Una vez enganchado del interior del otro es fácil asumir su aspecto externo, convertido en mero contenedor de un tesoro. ¿Qué importa que el libro sea feo si su historia es única?

No sé si esto será realmente así, pero al menos hay una historia que lo corrobora, una historia real. Amy Taylor, de 28 años, conoció a David Pollard, de 40, a través de un chat. Se enamoraron y decidieron casarse, primero con sus respectivos avatares en Second Life, y luego en un juzgado real. Aunque la realidad –dos personas muy obesas, de contexto económico modesto- nada tenía que ver con la de sus atléticos y ricos avatares, primó el gancho del interior frente al de la portada. Pero lo inaceptable es que Amy pilló a su marido –a su avatar, más bien- con una prostituta virtual en Second Life y, más tarde, flirteando con otros avatares femeninos. Amy se sintió tan traicionada que no dudó en solicitar el divorcio. Y con razón. Una cosa es un desliz puntual en el mundo real, gobernado por lo físico, y otra muy diferente es tontear con el interior. Si lo virtual es más sólido que lo físico a la hora del enamoramiento, también debería ser más exigente a la hora de la fidelidad.

Si bien sería duro saber que tu compañera ha tenido una aventura con un “boy” en una despedida de soltera, resultaría insoportable compartir con otro la emoción de penetrar en su alma, obviamente un espacio virtual. Si ella dejara a un extraño leer las páginas que solo abrió para ti sería una traición imperdonable.


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La mujer como elemento indispensable… para la inteligencia colectiva

escrito el 12 de octubre de 2010 por en El porqué de las cosas,General,Tendencias

Sí, ya sé, es un remedo de paráfrasis, bastante simplista, de aquel loco divertimento de Jardiel -“La mujer como elemento indispensable para la respiración”- por lo que pido disculpas, pero es a la vez un título pertinente para sintetizar lo que viene a continuación, que es bastante serio, créanme.

A primeros de este año se abrió un interesante debate en Aprender a pensar en torno al artículo de The Gray MattersLa gente es idiota; los grupos de gente no”, que apuntaba hacia el concepto de la inteligencia colectiva. En la misma línea escribí entonces, también en este portal, el artículo “Colectivos inteligentes con individuos idiotas: la naturaleza ya lo había inventado”, donde presentaba un curiosísimo caso de inteligencia colectiva en unos mohos ameboides unicelulares, y acababa con una provocación y una hipótesis:

“¿Imaginan lo que podrían lograr los seres humanos, infinitamente más inteligentes que una ameba, si fueran capaces de imitar un comportamiento similar? Probablemente, cuanto mayor es la inteligencia individual más difícil es crear una inteligencia colectiva, porque esto requiere sacrificios extremos que son incompatibles con un individualismo sobrevalorado.”

Sin embargo, debo reconocer que al aventurar que la inteligencia individual iba en detrimento de la inteligencia grupal -¿qué otra cosa podría decir ante ese comportamiento tan inteligente de las amebas?-, me precipité claramente. Rectifico gustoso tras leer esta mañana el artículo “Demostrada la existencia de la inteligencia colectiva” –de título bastante más impreciso, por cierto, que el de este post– que recoge las conclusiones de un trabajo de investigación del MIT, donde se pone de manifiesto que la inteligencia individual no influye en la grupal, ni para bien ni para mal.

En la investigación a que se refiere el artículo se propusieron diferentes tareas a unas setecientas personas, y se midió su rendimiento al resolverlas de forma grupal y de forma individual. Los investigadores detectaron mejoras significativas en el rendimiento de los grupos, que se tomaron como medida de la inteligencia colectiva. Ya se ve que llamamos inteligencia grupal o colectiva al fenómeno que se presenta cuando el rendimiento del grupo supera las capacidades cognitivas individuales de cada uno de sus miembros, algo muy claro en el ejemplo de las amebas sociales al que antes hacía alusión.

La investigación deja claro que lo que influye fuertemente en la inteligencia grupal es lo que llaman “sensibilidad social” de los miembros del equipo, es decir, la flexibilidad para aceptar las tareas y para que todos tengan oportunidad de aplicar sus competencias al reto propuesto. Por tanto, la inteligencia social no está reñida con la inteligencia individual, sino con la dominancia, el individualismo y la resistencia a cooperar.

Los grupos con más inteligencia colectiva son los que presentan una mayor capacidad entre sus miembros para percibir las emociones del resto. Y sociológicamente hablando, ¿qué colectivo de personas tiene más capacidad para percibir las emociones de los demás? Pues sí, las mujeres. De modo que la inteligencia colectiva de un grupo debería correlacionarse positivamente con el número de mujeres presentes en él.

Y así es. Los investigadores del MIT comprobaron que los grupos que contaban con un mayor número de mujeres demostraron tener una mayor sensibilidad social y, en consecuencia, una mayor inteligencia colectiva, en comparación con los grupos con menos mujeres. De modo que los datos confirmaron que el nivel de inteligencia colectiva de un grupo se correlacionaba claramente con la proporción de mujeres en el mismo.

De esta investigación se derivan aplicaciones inmediatas para las organizaciones. Para aumentar en ellas la inteligencia colectiva los investigadores proponen cambiar a los miembros excesivamente dominantes o enseñar a los equipos mejores formas de interacción. Claro que evitan decir lo obvio, y es que para mejorar la inteligencia colectiva hay que favorecer e impulsar la presencia de mujeres en los equipos.

¿Era necesaria una compleja investigación del MIT para concluir esta obviedad? Pues sí, porque aunque todo individuo dotado de un mínimo de objetividad y sentido crítico intuyera la gran aportación de la mujer a la inteligencia grupal, clave en cualquier organización, la tesis adquiere mucho más alcance tras ser corroborada por los datos experimentales.


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Adoradores de la ciencia, el nuevo becerro de oro

escrito el 26 de septiembre de 2010 por en El porqué de las cosas,General,Tendencias

El último libro de Stephen Hawking, The Grand Design (Bantam 2010), ha destapado la caja de los truenos contra todo lo que suene a religión y sentimiento de misterio, de modo que en cuanto se anunció, periodistas, blogueros y tertulianos se apuntaron a una nueva caza de brujas, con la ciencia a modo de ariete, y eso desde antes de que estos destroyers mediáticos hubieran accedido a la publicación. Los argumentos con que cargan suelen ser bien escasos. Lamentablemente todo su argumentario se limita a una fe ciega en la ciencia, un rancio cientifismo de raíces positivistas, que seguramente se nutre en la penosa incultura científica de nuestra sociedad.

La paradoja es que pasamos desde una atribución acientífica a un ser sobrenatural de aquello que no entendemos, a atribuirlo, también de forma acientífica, a un nuevo mito. Digo eso porque esa  supuesta “Ciencia” omnisciente y todopoderosa es un nuevo ídolo, un nuevo dios con otro nombre. Y lo que está ocurriendo es una mera trasposición dogmática de las inquietudes humanas desde el ámbito de la religión al ámbito de una entelequia llamada “Ciencia”, pero que no tiene nada que ver con la verdadera ciencia.

Los filósofos de la ciencia, como el gran Popper, dejan bien claro que la ciencia es exactamente lo contrario de esa fe ciega y, además, incompatible con ella. La ciencia, en palabras de Popper, “es una aproximación a la verdad a través de la crítica”. Es una gran empresa humana, con un método excelente de aproximación  a la verdad a través de los métodos científicos, y por eso es el motor del progreso de nuestra sociedad,  pero también tiene sus limitaciones:

  1. Una limitación tiene que ver con la falsabilidad: solo pueden ser objeto de la ciencia las hipótesis falsables, es decir, susceptibles de que se pueda comprobar que no son verdaderas.  En caso contrario no podríamos hablar de una hipótesis, sino de un dogma. Por ejemplo, la ciencia no podría debatir sobre el sexo de los ángeles, ni sobre la existencia de Dios.
  2. Otra limitación tiene que ver con el propio método de la ciencia. Escribía recientemente John Horgan en Scientific American: “La ciencia trabaja sobre preguntas que pueden ser contestadas, al menos en principio, y la filosofía sobre cuestiones que no tienen respuesta”.  Más bien, la filosofía trabaja sobre las fronteras del conocimiento, incluidas las de la ciencia.  Por eso, el avance de la ciencia va ganando terreno a la filosofía. Incluso se está adentrando en el territorio de la mente, a través de la neurociencia, y desvelando incluso las raíces de la moralidad. Pero aunque los científicos puedan acercarse a los lugares del cerebro que gestionan la moral y explicar cómo trabajan, no podrán decirnos cómo debemos vivir. Es la diferencia entre el “es” del científico y el “debe ser” del filósofo, que seguirá tratando de formular reglas morales. Como dice el citado artículo, La diferencia entre un científico y un filósofo es que ante una pregunta que nunca podrá ser contestada, el filósofo siempre puede emplear la argumentación. De hecho, el progreso filosófico no está tanto en la precisión de las respuestas como en el refinamiento del debate.

En su artículo, Horgan se refería de forma muy ácida al químico inglés Peter Atkins, un personaje “tan ateo que a su lado Richard Dawkins parece el Papa”. Precisamente, este verano estuve releyendo un par de libros de Atkins, “Galileo’s finger”, una reflexión sobre la ciencia y la evolución, creo que aún no  disponible en versión castellana, y “La creación”, un curioso libro que publicó Salvat en los ochenta. En esta obra, Atkins presentaba una argumentación muy original para justificar la hipótesis de que Dios no es necesario, y su lectura es fluida y consistente hasta llegar al final del libro, cuando trata de abordar la gran pregunta  “¿Por qué hay algo en vez de nada?” Ahí, la argumentación se hace tan retorcida y las tesis tan inverosímiles que, sin quererlo, acaba por reforzar las tesis deístas, tal es la sensación de fracaso en su intento de justificar la hipótesis inicial, aunque esto es una opinión personal, lógicamente. El libro me transmite cierta esquizofrenia, entre una explicación científica coherente después del Big Bang y otra fantasiosa y acientífica antes.  ¡A ver si en el fondo Atkins es, muy a su pesar, un deísta!

Pero no es mi intención entrar ahora en este asunto, tan jugoso que dejaré para otro momento, sino reforzar la tesis presentada al inicio de este post. Como es lógica, no tengo nada que objetar contra este fenómeno creciente de personas  que manifiestan una fe ciega en una supuesta ciencia omnipotente, pero  sí debo expresar mi alarma ante un par de cosas que chirrían. Una, que esa supuesta Ciencia totémica y todopoderosa alimenta un mito más cercano al mundo de la religión que al de la verdadera ciencia. Dos, que ese cientifismo militante es incompatible con el concepto de ciencia y puede acabar dañando, en su esencia misma, a uno de los motores más activos y fecundos en el progreso de la humanidad.


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Solo valoramos como expertos a quienes dicen lo que esperamos oír

escrito el 24 de septiembre de 2010 por en El porqué de las cosas,Enseñanza y aprendizaje de la ciencia

¿Por qué hay tanta gente que cree en la astrología? ¿Cómo se explica el avance imparable de las seudociencias, conquistando más y más canales televisivos? ¿Por qué los brujos, adivinos y quiromantes gozan de tanta credibilidad?

Nunca he podido entender que haya personas que escuchen antes a un curandero que a un médico. ¿Por qué no creen en los expertos? Pero he leído un resumen de una investigación que da pistas para explicar ese extraño fenómeno.

La clave no está en que la gente no crea a los expertos, sino en que solo consideran verdaderos expertos a los que encajan con sus propias ideas. Es decir, lo que realmente influye en nuestra opinión no es lo que dice un experto, sino nuestras propias creencias.

Pensemos en un médico que se manifiesta abiertamente en contra de las seudociencias  y que atiende a un amplio grupo de pacientes, unos fieles creyentes en el espiritismo y otros convencidos de que es un camelo. Si el médico les dice a todos ellos que las plantas medicinales no sirven para su dolencia, estos últimos creerán que es un verdadero experto, mientras que los primeros pensarán que no sabe gran cosa, y acudirán al herbolario.

Algo así es lo que explica el estudio publicado en el Journal of Risk Research, que resume Scientific American. Los investigadores presentaron a los participantes en la prueba a un supuesto científico que creía en el cambio climático. ¿Cómo fue valorado por los participantes? Las personas que pensaban que la actividad económica daña al medio ambiente lo tomaron por experto, mientras que la mayoría de los que pensaban lo contrario no aceptaron que fuera realmente un experto. Después los investigadores repitieron el experimento con otro grupo de personas, a quienes presentaron el supuesto científico explicando que era muy escéptico sobre el cambio climático. Lo que ocurrió entonces es que quienes pensaban que la actividad humana no daña al medio ambiente aceptaron que era un experto, mientras que quienes creen que la economía sí daña al medio opinaron que no era un experto.

Esto mismo lo repitieron con otros temas, como el de los residuos nucleares, con similar comportamiento. La conclusión es que la gente solo valora como experto real a un científico cuando la postura de éste concuerda razonablemente con la suya.

Por tanto, es algo más fácil entender ahora cómo hay tantas discrepancias ante cuestiones que, aparentemente, se podrían dirimir mediante estudios objetivos. El problema es creer en el valor de dichos estudios, que dependerá de nuestra posición personal previa. Si concuerdan, serán excelentes estudios (pensemos, por ejemplo, el la relación entre ordenador y aprendizaje), y si no concuerda, los descalificaremos como irrelevantes. Al menos saber esto ayudará a acercar posturas irreconciliables.


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Nada de viajes siderales: te envejecen demasiado

escrito el 23 de septiembre de 2010 por en El porqué de las cosas

 
¡Vaya hombre! Siempre creí que como recurso último para alargar la vida, teníamos la opción de movernos por el espacio a velocidades hipermegasónicas, convencido por los libros de física que un viaje con velocidad próxima a la de la luz sería el equivalente al elixir de la eterna juventud. El ejemplo más cinematográfico es el del Planeta de los simios, donde los viajeros vuelven lozanos de un viaje espacial, mientras que en la Tierra ha transcurrido una eternidad y no hay nada reconocible.

Pues no, esto ya no funcionaría. No es que los físicos hayan cambiado los principios relativistas, sino que existe un problema práctico: nuestro cuerpo no aguantaría. Ni siquiera es por el problema de acelerarnos hasta la velocidad de la luz, sino un tema más pedestre: el espacio acelera el envejecimiento celular. Lo dice claramente uno de esos sesudos estudios americanos: la vida en el espacio te deja hecho unos zorros.

El estudio en cuestión, realizado por investigadores de la Universidad de Milwaukee sobre astronautas que pasaron seis meses en la Estación Espacial Internacional (ISS), da unos resultados espeluznantes:  pérdida brutal de la fuerza muscular -equivalente a que un individuo de entre 30 y 40 tenga la musculatura de uno de 80-, pérdida de masa ósea, debilitamiento del sistema inmune, trastornos del sueño y alteraciones en los nervios vestibulares, relacionados con los reflejos en el equilibrio. Y eso sin perder de vista la amenaza de la radiación cósmica, que provoca alteraciones en el ADN y puede generar cáncer.

Si todo este cúmulo de desgracias les pasa en pocos meses a astronautas bien entrenados, mejor no pensar en embarcarnos en un verdadero viaje sideral, y menos a velocidades cercanas a las de la luz. Si de un vuelo doméstico en Ryanair ya sales irreconocible, ¿cómo sería el aspecto en el caso de un viaje a Marte, tras un año de ida y otro de vuelta?

Ayudaría bastante recurrir a generar una gravedad artificial, que sobre el papel no es tan difícil. Bastaría con hacer girar la nave hasta que la fuerza centrípeta simulara la terrestre. Para evitar el efecto centrifugadora, habría que emplear naves de tamaño enorme, como esas naves nodriza de las películas de marcianos, que suelen estar en rotación permanente.

Pero después de conocer el informe del Milwaukke, mejor no pensar en efectos relativistas ni en gravedades artificiales. Me conformaré con disfrutar, desde el sofá, de buenas películas de ciencia ficción.


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Los peligrosos pasos de cebra

escrito el 23 de abril de 2010 por en El porqué de las cosas,General

Lo he oído esta mañana en la radio, en un espacio publicitario de Tráfico: “El 90% de los atropellos en ciudad ocurren fuera de los pasos de cebra”. Supongo que la intención del Ministerio era concienciar al peatón del serio peligro de cruzar por zonas no autorizadas. Pero pensemos un poco. Decir que el 90% de los atropellos ocurre fuera de los pasos de peatones significa que el 10 % restante ocurre sobre dichos pasos. Es decir, uno de cada diez peatones es arrollado en el paso de cebra, frente a nueve atropellados en zonas no autorizadas.

¿Esto es mucho o poco? Pues depende. Si el espacio que ocupan los pasos de cebra fuera igual al que ocupa el resto de la calle, el resultado estaría muy bien, pero si por cada 100 m de calle hubiera solo 10 m de paso de cebra, significaría que existe el mismo riesgo de ser atropellado al cruzar por cualquier sitio. Pero vayamos más lejos: ¿y si el espacio de los pasos de cebra fuera aún menor respecto de la longitud de la calle? Significaría que, manteniendo igual el resto de las variables, sería más arriesgado cruzar por el paso de cebra.

¿Cuántas veces más arriesgado? Podemos estimarlo. Suponiendo que haya un paso de unos 5 m de anchura por cada 300 m de calle, resultaría una relación de 1 a 60, que si se compara con la publicidad del Ministerio, de 1 a 9, supone que cruzar por el paso de cebra es 60/9 veces más peligroso. Es decir,  de ser cierta la noticia del Ministerio, correríamos al menos un riesgo seis veces mayor cuando cruzamos por un paso de cebra que cuando lo hacemos por un lugar no autorizado.

¿Esto es realmente así? ¿Cómo explicar una conclusión tan relación tan chocante? Al menos existen dos razones para justificarla:

1. La primera es que falta un dato fundamental para comparar: el uso de la calzada por parte de los peatones. Supongamos que la ciudadanía fuera tan respetuosa con las normas que nadie cruzara por lugares no autorizados. En este caso, todos los atropellos ocurrirían sobre los pasos de cebra, porque no sería posible interceptar a un peatón en ningún otro lugar. El titular, en este caso, sería escalofriante aunque exacto: “El 100% de los peatones atropellados estaba cruzando en ese momento un paso de cebra”. Obviamente, la noticia del Ministerio resulta irrelevante porque no dice nada que permita hacer una valoración objetiva.

2. La segunda razón es que, con toda probabilidad, el dato del Ministerio es inexacto (no me atrevo a decir “falso de toda falsedad”, aunque lo sospeche). Apuesto a que la elección del 10 / 90 no es casual, sino que responde a la conocida fascinación que ejercen en la gente los números redondos. Lo explica muy bien John Allen Paulos en su libro “Un matemático lee la prensa” (Metatemas, Tusquets, 2002):

Los números redondos tienen atractivo psicológico, en concreto los múltiplos de diez. Desde hace años, por ejemplo, se viene repitiendo que el 10% de los estadounidenses es homosexual, que solo utilizamos el 10% de nuestra capacidad cerebral y que el índice de ineficacia de los preservativos es del 10%. […] Estos números, aunque pocos entiendan con exactitud lo que significan,  una vez que se aceptan se vuelven reacios a las revisiones en profundidad.

Después de leer a Paulos, ¿a quién podría extrañarle la noticia de que “el 10% de los atropellos ocurre en los pasos de cebra”, una fórmula complementaria de la que propone Tráfico? Resulta hasta razonable. Es el poder de los números redondos.

Pero no pensemos que solo la gente corriente es vulnerable al reduccionismo numérico. Paulos recuerda en este mismo libro que, por razones distintas, los problemas afectan a los propios matemáticos, quienes no siempre saben captar el elemento esencial de una situación. Como ejemplo, cuenta la siguiente anécdota de tres matemáticos que fueron a cazar patos:

“El primero disparó y el proyectil pasó quince centímetros por encima del animal. Disparó el segundo y el proyectil pasó 15 cm por debajo. Al advertirlo, el tercero exclamó con entusiasmo: “¡Tocado!”.


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A vista de pollo

escrito el 1 de marzo de 2010 por en El porqué de las cosas,General

Como siempre, la ciencia poniendo todo patas arriba. Resulta que ahora es el pollo quien tiene vista de lince y no al revés.

Un artículo muy serio, como su nombre indica –“Avian Cone Photoreceptors Tile the Retina as Five Independent, Self-Organizing Mosaics”- publicado en la Public Library of Science ONE, demuestra en resumidas cuentas que lo mejor de un pollo son… sus ojos. No es que los investigadores de la Universidad de Washington en San Luis hayan encontrado razones para que Kentucky Fried Chicken cambie los componentes de su menú estrella, sino que han descubierto que los ojos de estas aves poseen, en comparación con los nuestros, características envidiables.

Según el artículo, la retina de estas aves posee uno de los más sofisticados sistemas de fotorreceptores que existe entre los vertebrados. La capacidad de ver los colores depende de una células especializadas que se encuentran en la retina, llamadas conos. Pues bien, mientras que los seres humanos tenemos tres tipos de conos, que nos permiten ver el rojo, el verde y el azul, los pollos disponen de cinco tipos de conos, cuatro de los cuales les permiten una visión tetracrómica y el quinto es un cono doble que les permite la percepción ultravioleta acromática, asociada a la detección del movimiento. Además, los conos se distribuyen en un mosaico muy regular sobre la retina, lo que permite detectar el color en todo su campo visual. Al parecer, los conos dobles tienen un orden aún mayor que los conos únicos, probablemente por su papel en la detección del movimiento.

Por tanto, ya no es el lince quien tiene vista de ídem; el vertebrado con más vista es el pollo. Si esto les parece sorprendente, esperen a conocer el nombre de un caso práctico que me tocó estudiar en el IESE: “Lentes de contacto para gallinas ponedoras”. ¿Para qué pueden necesitar lentillas unas aves con tan buena vista?

Pues siento aclarar que en este caso -el del IESE- los que tenían vista de lince, o de pollo, eran unos avispados empresarios que tras descubrir que las gallinas ponían más huevos cuando tenían la vista nublada, decidieron aumentar la producción mediante la cruel medida de pegarles lentes de contacto.

¡Y vaya si lo lograron! Las gallinas miopes ponían huevos sin parar -¿quizás porque no sabían dónde los habían puesto?- y los pollos, o linces, o cerdos que dirigían el negocio vieron llenarse sus bolsillos a resultas de la I+D+i óptica. Pero como a todo cerdo le llega su San Martín, pronto surgió un problema que acabó con el negocio: las gallinas enfermaron por las infecciones oculares provocadas por las lentes de contacto. Se ve que no supieron enseñarles a lavarse las lentillas cada noche.


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Inteligencia visceral

escrito el 24 de febrero de 2010 por en General,Tendencias

Me permito acuñar este nuevo concepto, quizá como reacción a la moda de inteligencia emocional que nos invade. En realidad son términos conectados: el propio DRAE dice de visceralidad “que se deja llevar por reacciones emocionales”, es decir, visceral y emocional son cara y cruz de una misma moneda. No obstante, emocional es un término ñoño, un tanto ligth, mientras visceral es una expresión que sale de tu hígado y enreda sus apéndices en los intestinos. Por eso lo prefiero.

Hablemos, pues, de inteligencia visceral. El corazón ha sido el rey indiscutible de los sentimientos y emociones, al menos en la literatura y el cine. Es cierto que la amígdala le roba protagonismo en las revistas científicas, pero en los sucesivos sanvalentines del Corte Inglés sigue sin tener rival.

Sin embargo, ahora le sale a este órgano central un duro competidor: los mismísimos intestinos.

Sí, los intestinos aspiran a lideran el pódium de las emociones. Lo he visto en un artículo sobre el “segundo cerebro”. Bueno, ya había leído varias cosas sobre este asunto, pero me llama la atención que Scientific American le dedique su atención. Te obliga a tomarlo en serio.

Segundo cerebro” es el nombre con que se conoce la red de neuronas que recubre todo el tubo digestivo, desde el esófago hasta el mismísimo ano. Son unos cien millones de neuronas, pocas si se comparan con el cerebro pero más que las que hay en la médula espinal o en el sistema nervisoso periférico, según Scientific American. Los expertos lo llaman el sistema nervioso entérico. Su función principal es liberar al cerebro de la tediosa tarea de la digestión, que requiere el control de infinidad de procesos mecánicos y químicos. Permite así que el intestino funcione de forma independiente.

Sin embargo, los investigadores creen que este segundo cerebro es demasiado complejo como para limitarse a controlar los procesos digestivos. Sospechan que influye en muchas reacciones emocionales, lo que explicaría, por ejemplo, los típicos nervios en el estómago en situaciones de estrés. Por si fuera poco, el segundo cerebro es un depósito de la todopoderosa serotonina: el 95% de este neurotransmisor se concentra en los intestinos. La serotonina es un neurotransmisor relacionado con los ciclos de sueño, el control del estrés, el control del deseo sexual, la temperatura corporal, etc. También interacciona con otros neurotransmisores relacionados con la angustia, la ansiedad y el miedo. Por ello, muchos tratamientos antidepresivos actúan aumentando los niveles de serotonina, ya que parece inhibir algunos estados asociados a la depresión.

A pesar de lo dicho, hay tareas imposibles para este segundo cerebro. Los científicos tienen claro que no puede ocuparse ocupa de pensamientos conscientes ni intervenir en los procesos intelectuales; de eso se ocupa el cerebro de verdad. Pero en los temas emocionales/viscerales, el segundo cerebro parece cumplir un importante papel.

Estoy seguro de que cualquier lector que haya llegado hasta este punto del post ya tiene, aporreando su mente, ejemplos de actuaciones del segundo cerebro, imágenes vívidas de inteligencia visceral, encarnadas en cualquiera de los mil y un programas de reallity que saturan las televisiones. Espacios donde el argumento deja paso al insulto y el silogismo al eructo soez, en una sopa intestinal de descalificación, encanallamiento y obscenidad intelectual. Todo un experimento de Neuroenterología.

Estos expertos en inteligencia visceral, bien remunerados por su copiosa provisión de inmundicias, nos demuestran que es posible actuar y sentir desde las vísceras -sentir sin pensar-, deglutiendo argumentos como quien deglute el quimo. Si alguien estuvo tentado de sugerir que estos generadores de estiércol “piensan con el culo”, sepa ahora que no es un insulto, sino una descripción objetiva. Lo dice Scientific American.


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La insuperable precisión de un reloj parado

escrito el 23 de febrero de 2010 por en General

Leo en la prensa la noticia “El reloj más preciso del universo”. A los periodistas les encantan estas noticias dignas de Guinness, pero ¿qué se entiende por preciso? Por ejemplo, ¿qué es más preciso, un reloj que da la hora exacta varias veces al día u otro que se aproxima mucho a la hora exacta pero nunca llega a coincidir, ni siquiera en un todo siglo?

La pregunta tiene trampa. Si tomáramos como medida de la precisión la frecuencia (número de veces en un determinado período de tiempo) con que el artilugio da la hora exacta, nos encontraríamos con la paradoja de que un reloj -A- que se retrasa una hora al día es menos preciso que un reloj -B- que está siempre parado.

Me explico. Supongamos que a las doce del mediodía ponemos los dos relojes A y B en hora, con las agujas en las 12 en punto. Al mediodía del día siguiente, el reloj A marcará las 11, una hora menos; a la semana marcará siete horas menos, es decir, las 5; a los diez días marcará las dos, y solo doce días después volverá a marcar exactamente las 12. Es decir, podríamos decir, con el criterio que hemos adoptado, que este reloj da la hora exacta cada doce días.

En el caso del reloj B, parado siempre a las 12 en punto, es evidente que marcará la hora exacta a las 12 del mediodía y a las 12 de la noche, es decir, dará la hora exacta cada medio día. Por tanto podríamos decir que es mucho más preciso que el anterior: veinticuatro veces más preciso.

Claro que todo lo anterior es un mero sofisma. ¿De qué me sirve saber que el reloj de la iglesia, que lleva parado desde que lo recuerdo, dé la hora exacta dos veces al día, si me resulta imposible saber en qué momento da exactamente la hora? Necesitaría tener a mano el reloj de mi móvil, cuyo GPS se sincroniza con un reloj atómico tan exacto como el de la noticia. Este nuevo reloj atómico, basado en las vibraciones de un único átomo de aluminio, tan solo atrasará un segundo en los próximos 3700 millones de años. Esta increíble exactitud servirá para mejorar los GPS, cuyo funcionamiento depende de las mediciones de un reloj que mide la duración de las señales entre los satélites y la Tierra. Por tanto, a más exactitud en el cálculo del tiempo mayor resolución en las coordenadas medidas.

Aclaro que en términos científicos precisión y exactitud son cosas diferentes. Precisión es lo contrario de dispersión; por ejemplo, una balanza es precisa cuando al pesar sucesivas veces un mismo objeto da resultados similares. En cambio la exactitud se refiere a lo cerca que está el valor real del valor medido. Así pues, el nuevo reloj atómico es preciso, porque da la misma lectura para iguales intervalos de tiempo, y además es exacto, porque se aleja muy poco del valor real.

Por el contrario, un reloj parado es muy inexacto, porque el error en la medida (diferencia entre el valor medido y el real) es enorme. Sin embargo, podríamos decir que el reloj parado es preciso, porque siempre da la misma hora, aunque la información que proporciona no sirva de nada.

Resulta paradójico hablar de la precisión de un reloj parado, pero más lo es constatar que en la vida real hay personas que responden al mismo esquema: proporcionan una información –o desempeñan una tarea- tan precisa como inútil, porque todo su objetivo está enfocado a seguir el procedimiento y no a obtener resultados válidos. Es fácil encontrarlas tras las ventanillas de muchas administraciones, pero también las hay en recovecos ignotos de algunas empresas. Ocupan su período laboral como hormigas bien disciplinadas, cumplen la norma a rajatabla y su desempeño es intachable. Pero si se suprimiera repentinamente su servicio o se cerrara su departamento, nadie notaría el cambio, porque el único fin de su tarea es la propia tarea. Son, pues, tan precisas e inútiles como el reloj parado de la torre.


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El inicio de la vida y del individuo

escrito el 10 de febrero de 2010 por en General

El debate en torno al inicio de la vida humana es complejo y genera enormes desencuentros, por lo que es necesario abordar las posturas divergentes desde la reflexión, el rigor y el respeto. Trataré de reflejar algunas de esas posturas en este post, huyendo de toda concesión a lo emocional, aunque sea difícil evitarlo.

El primer punto, el inicio de la vida, es relativamente sencillo de abordar. Ningún científico puede negar que el cigoto es una realidad nueva, con una identidad genética diferente de la de los progenitores y con potencialidad para convertirse en un individuo adulto. Tras la fusión de los núcleos de los gametos, el cigoto reúne desde el primer instante toda la información genética necesaria para programar la formación de un nuevo individuo. De modo que en el caso de gametos humanos se forma, evidentemente, una célula huevo humana, la primera célula de un nuevo ser humano. Es decir, la vida humana se inicia con la formación del cigoto, en el momento de la fecundación.

Una cuestión mucho más delicada y compleja, desde todos los puntos de vista, es en qué momento esa vida humana es un ser humano individualizado.  

Para algunos científicos, como César Nombela, la continuidad de todo proceso biológico imposibilita la existencia de un antes y un después en el proceso del desarrollo, por lo que la individualidad se remonta al momento inicial:

“El cigoto es portador del material hereditario en su totalidad, el que define el programa genético del nuevo individuo, y constituye su corporeidad, que se irá materializando en un proceso de incremento gradual, sin solución de continuidad, pero con la emergencia de las estructuras corporales de las que está dotado cualquier organismo adulto. […] Cuando el cigoto se genera in vitro, será imprescindible su transferencia al útero de la madre, que lo pueda gestar, para completar el proceso.”

Para otros sí existe una solución de continuidad. El bioquímico Carlos Alonso Bedate, por ejemplo, defiende un antes y un después marcado por la diferenciación embriónica: solo tras la diferenciación podemos hablar de un individuo humano. Por ejemplo, los blastómeros al diferenciarse pueden producir tanto el embrioblasto, que podrá llegará a ser un ser humano adulto, como la futura placenta, que obviamente nunca se considerará un individuo. Por ello, Alonso Bedate mantiene que el embrión de 6-8 semanas es el que responde mejor, desde el punto de vista biológico, a ese potencial de nuevo individuo:

“Desde este momento el sistema está diferenciado en origen y lo que resta es la actualización en crecimiento del proceso diferenciante del sistema.”

Para Juan Ramón Lacadena, la anidación del embrión en el útero es un hito crucial. Antes de ese momento ocurren fenómenos que parecen incompatibles con la individualización: más de la mitad de los cigotos desaparecen antes de su anidación; el embrión preimplantatorio puede dividirse en gemelos monocigóticos, o varios cigotos pueden fundirse en un solo embrión, formando quimeras inviables. Estos fenómenos de gemelismo y quimerismo, que  afectan a la individualización del nuevo ser, dejan de producirse cuando empieza a formarse la cresta neural, que formará el sistema nervioso. Y esto no ocurre hasta que termina la anidación, unos catorce días después de la fecundación. Según Lacadena:

La anidación representa un hito embriológico importante en relación con la individualización del nuevo ser. No obstante, es importante volver a recordar la imposibilidad de fijar el momento preciso, aun en el caso de que así fuera, debido a la continuidad del proceso biológico del desarrollo.”

El blastocisto comienza a fijarse en las paredes del útero una semana después de la fecundación, y transcurre otra semana hasta que concluye la anidación. Ciertamente la anidación es un proceso crítico, hasta el punto de que hay quien considera que el embarazo empieza al finalizar la anidación.  Es el caso, según Lacadena, de la Sociedad Alemana de Ginecología, y también aparece así en Wikipedia.

Si pasamos del enfoque científico al filosófico y religioso, la realidad es que el propio Magisterio de la Iglesia católica refuerza indirectamente la idea de que existe solución de continuidad en el desarrollo embrionario. Se aprecia esto en algunos párrafos de la Instrucción Donum Vitae, firmada por el Cardenal Ratzinger como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe:

“Por tanto, el fruto de la generación humana desde el primer momento de su existencia, es decir, desde la constitución del cigoto, exige el respeto incondicionado que es moralmente debido al ser humano en su totalidad corporal y espiritual. El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción y, por eso, a partir de ese mismo momento se le deben reconocer los derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida.”

“La doctrina recordada ofrece el criterio fundamental para la solución de los diversos problemas planteados por el desarrollo de las ciencias biomédicas en este campo: puesto que debe ser tratado como persona, en el ámbito de la asistencia médica el embrión también habrá de ser defendido en su integridad, cuidado y sanado, en la medida de lo posible, como cualquier otro ser humano.”

Resulta muy significativo que en un asunto tan fundamental se eviten las afirmaciones explícitas del tipo “el embrión preimplantatorio es una persona” y se acuda a afirmaciones mucho más relativistas, del tipo: “exige el respeto moralmente debido al ser humano”; “debe ser tratado como persona”, o “debe ser defendido, en la medida de lo posible, como cualquier otro ser humano”. ¿Son simples circunloquios o es que el Magisterio quiere decir exactamente eso, que el embrión debe ser tratado como una persona aunque no se pueda afirmar que ya lo sea?

No es creíble que la Iglesia recurra a al discurso retórico en un tema tan sensible, por lo que en mi opinión el texto demuestra que el Magisterio de la Iglesia distingue claramente entre vida humana y persona humana. No son conceptos idénticos, aunque ambos merezcan el máximo respeto.

En este sentido coincido con el fallecido Javier Gafo, biólogo jesuita, cuando afirmaba:

“Es incoherente proclamar la inviolabilidad de la vida ya nacida y negársela al cigoto, al embrión o al feto: en todos los casos, estamos ante una existencia que tiene un destino humano, a los que falta aún mucho por avanzar en su proceso de maduración personal, pero que ya ha iniciado la apasionante aventura de entrar en un destino humano.”

Es decir, el embrión tiene un destino humano y por eso merece la máxima consideración y respeto, no por ser persona sino porque puede llegar a serlo.


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La amígdala, el centro de control emocional

escrito el 10 de febrero de 2010 por en General

Es sabido que las emociones se generan en el sistema nervioso: las de miedo o de rabia se originan en la amígdala cerebral, aunque las de alegría o de felicidad no se sabe bien dónde se producen. La amígdala es una pequeña estructura situada en el interior de los lóbulos temporales de cerebro y su actividad es fundamental para la supervivencia del individuo.

Cuando está lesionada desaparece la agresividad del individuo y su capacidad para mostrar miedo. Es una especie de síndrome de “Juan sin miedo”, que impide valorar si un estímulo es amenazador, y cómo se debe responder a él. Una vez que ha analizado el estímulo decide si la respuesta debe ser de agresividad o de miedo y envía señales al hipotálamo para que ponga en marcha los mecanismos de defensa. Por ejemplo, cuando un gato siente miedo, se le eriza el pelo y los músculos se tensan para preparar una posible huída. Los humanos también reaccionamos de forma involuntaria ante una situación de pánico: se nos acelera el ritmo cardíaco, se nos pone carne de gallina, sudamos, etc.

Un experimento reciente aporta nueva información sobre el papel de la amígdala ante la toma de decisiones arriesgadas. El experimento viene a ser una especie de “Quién quiere ser millonario” en ese momento clave en que hay que decidir si apostar por el premio gordo con el riesgo de perderlo casi todo, o plantarse con la mitad de ese premio gordo. El grupo de control, formado por personas con la amígdala sana, optaron por las opciones más conservadoras, mientras que los pacientes con la amígdala dañada eran mucho más propensos a las apuestas arriesgadas.

La conclusión es que la amígdala es el origen de las respuestas emocionales inconscientes y nos ayuda a ser más cautos. No solo está implicada en el procesamiento del miedo ante un peligro físico, sino que parece que también nos hace ser prudentes ante la posible pérdida de dinero. Es decir, la amígdala activa mecanismos para inhibir cualquier actuación cuyo resultado pueda ser adverso.

Sin embargo, no resulta fácil hacer extensible esta conclusión a otras actuaciones inconscientes de la amígdala, como cuando limita la respuesta sexual de una mujer. Según la neuropsiquiatra Louann Brizendine, autora del libro El cerebro femenino, “la mujer, para tener un orgasmo, debe desconectar la amígdala”, y añade: “Tienes que apagar la amígdala, que es el centro del temor y la ansiedad en el cerebro. La desactivas, es algo inconsciente, y tienes un orgasmo. Ayuda mucho apagar el móvil.”


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Colectivos inteligentes con individuos idiotas: la naturaleza ya lo había inventado

escrito el 10 de enero de 2010 por en El porqué de las cosas,General

Interesante el debate abierto en torno al post “La gente es idiota; los grupos de gente no”.

Yo más bien diría que cuando la gente es idiota, los grupos de gente pueden no serlo, mientras que, por desgracia, cuando la gente es muy inteligente, resulta difícil formar grupos inteligentes. El problema es que para generar inteligencia colectiva hay que ser capaces sacrificar ciertos atributos de la individualidad, y eso suele estar reñido con la vanidad humana.

Para apoyar esta tesis, recurriré a un fantástico ejemplo de la naturaleza: la emergencia de inteligencia colectiva en seres absolutamente simples, como las amebas unicelulares del fango. Hace más de diez años tuve ocasión de conocer a Lynn Margulis, con ocasión de la concesión del Doctorado Honoris Causa por la Autónoma de Madrid, y pedí su colaboración para una serie de vídeos didácticos que estábamos realizando. Margulis me envió una serie de grabaciones realizadas con su hijo, Dorion Sagan, que incluía parte del material utilizado en el desarrollo de su teoría sobre la endosimbiosis. De todo su material, llamó especialmente mi atención una breve secuencia sobre las amebas sociales (mohos mucilaginosos unicelulares). Estos fantásticos organismos son simples células ameboides individuales que se desplazan por el suelo comiendo bacterias y levaduras y reproduciéndose por bipartición. Son tan elementales que, obviamente, no se les puede suponer ningún nivel de inteligencia. Es decir, son, en sentido estricto, organismos idiotas.

Sin embargo, cuando se produce una situación de estrés, por cambio brusco de las condiciones de temperatura y humedad o por falta de alimento, algunas amebas emiten una sustancia química y todas empiezan a concentrarse en un punto. Se agrupan unas con otras hasta formar una estructura de unos tres milímetros llamada  pseudoplasmodio, una especie de babosa minúscula que se desplaza por el suelo hasta alcanzar una zona suficientemente iluminada. Ahí se produce otro pequeño milagro: algunas de las antiguas amebas, que perdieron ya su individualidad al agruparse, forman un tallo sobre el que se levanta una esfera llena de esporas -cuerpo fructífero-. Las células del tallo y las que recubren la esfera mueren y forman unas estructuras de celulosa que protegen al resto. Cuando las condiciones externas son favorables y la comida abunda, el cuerpo fructífero libera todas las esporas, que vuelven a convertirse en amebas absolutamente individuales y autónomas.

Se pueden ver algunas secuencias de la vida de estos organismos, grabadas por Margulis y Sagan, en el vídeo “Pequeños pero importantes”, accesible en la dirección: http://www.librosvivos.org/videos/

¿Qué hace que unos seres tan anodinos actúen colectivamente de forma inteligente? Lo obvio es el mecanismo, una sustancia señalizadota (o quimiotáctica) que según recuerda Punset, es denominada acrasina por John Bonner, en recuerdo de la bruja del poema de Edmund Spencer que atraía a los hombres a su lado y luego los convertía en bestias.

Pero la razón última de la emergencia de esa inteligencia colectiva es más difícil de entender. ¿Imaginan lo que podrían lograr los seres humanos, infinitamente más inteligentes que una ameba, si fueran capaces de imitar un comportamiento similar? Probablemente, cuanto mayor es la inteligencia individual más difícil es crear una inteligencia colectiva, porque esto requiere sacrificios extremos que son incompatibles con un individualismo sobrevalorado.

(Para ampliar sobre estos organismos, hay enlaces muy interesantes en la web).


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Pi

escrito el 7 de enero de 2010 por en General

Pi es, incluso para quien no esté en la harina algebraica, un número mágico. Para contextualizar su relevancia permítanme aclarar que, en la historia del álgebra, hubo que crear los números enteros para poder resolver ecuaciones del tipo a+x=b, donde a y b eran números naturales, y los números racionales para las del tipo a·x=b.

Eso quiere decir que los números racionales son del tipo a/b, siendo a y b naturales o enteros. Pero si hacemos el sencillo ejercicio de dividir dos números enteros cualesquiera, descubriremos que siempre ocurre una de las situaciones siguientes:

  • a/b = número entero (p. ej.: 173,00000000…)
  • a/b = número decimal exacto (p. ej.: 35,1962000000…)
  • a/b = número decimal periódico simple (p. ej.: 46,6756756756….)
  • a/b = número decimal periódico compuesto (p. ej.: 9,363272727…)

Es decir, todos los números racionales responden a alguna de las situaciones anteriores. Pero hay números que escapan a esta clasificación, es decir, no son racionales. Por ejemplo, si tomamos como a el perímetro de un bote de conservas y como b el diámetro de dicho bote, la relación a/b es 3 seguido de un número de decimales que no repite ninguna pauta periódica. Es, por tanto, un número irracional, que recibe el nombre de PI.

Hay infinitos números irracionales, que aparecen en ecuaciones potenciales y exponenciales, pero ninguno es tan famoso ni tan estudiado como PI. Tanto que, como el racional que más se le aproxima es 22/7, los incondicionales han declarado el 22 de julio como el “Pi day” o “Día internacional de la aproximación a PI”.

Con una “clá” así no debería sorprender que una de las noticias más leídas en el País de hoy fuera la de “Récord de computación de cifras del número PI”. Y es que Fabrice Bellard, pertrechado con un ordenador doméstico con sistema Linux, ha logrado calcular el número 2,7 billones de decimales del número PI, superando el récord que logró el pasado año un japonés con un superordenador.

No sé si el “billones” de la noticia se refiere a nuestro millón de millones o al mil millones anglosajón, pero eso no me quita el sueño. Sin embargo, me agrada que la gente siga asumiendo retos de este tipo que, de paso, permiten profundizar en el desarrollo de los algoritmos para la computación binaria y enriquecer además las herramientas de la comunidad de programadores en SL. Y todo esto, a mayor gloria de PI.


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Por fin, unos argumentos de nivel en el debate sobre el aborto

escrito el 10 de diciembre de 2009 por en El porqué de las cosas

Gratificante por su claridad y honestidad el artículo de José Bono en el País: “Aborto, ni derecho ni obligación”. Se echaba de menos este nivel de profundización en un debate trivializado, traído y llevado por eslóganes e ideologías. Extraigo cuatro párrafos muy significativos:

Se diga lo que se diga, sabemos con certeza que el feto no es un órgano propio de la mujer, sino una realidad distinta de la mujer gestante. El feto es más un “alguien” que un “algo”.  […] Tengo la convicción de que en el seno materno se alberga una vida humana en formación que es digna de protección. Estamos ante un valor constitucional.

Como dice el profesor Peces-Barba, “el aborto es siempre un mal porque acaba con un germen de vida y se rompe una línea biológica natural… -pero la ley lo regula- porque ponderando los bienes y los males en juego considera que puede haber otros males mayores”. (La democracia en España, página 193).

El aborto no es un bien ni un derecho. En el núcleo de mis convicciones éticas y religiosas está la defensa de la vida y el amparo al más débil, valores que son patrimonio de la tradición humanista y progresista española. […] No es un derecho porque como dice Peces-Barba “los derechos se basan y buscan bienes, nunca males” y, además, porque la vida prenatal es un bien jurídico constitucionalmente protegido.

La despenalización de 1985 ha dado cobertura, por su ambigüedad, a un excesivo número de abortos: 115.812, sólo en 2008. Más aún, la falta de limitación temporal del tercer supuesto, el de la salud psíquica, bajo el cual se ha producido el 97% de los abortos, ha provocado abusos escandalosos. […] El nuevo proyecto de ley debe servir para reducir el número de embarazos no deseados que conducen al aborto y también para garantizar mejor la protección del nasciturus y mejorar las garantías jurídicas para las mujeres que deciden interrumpir su embarazo.

Por las mismas fechas, J. A. Marina denunciaba, en Zaragoza, la superficialidad espantosa con que se está tratando el tema del aborto:

Hay que plantear el asunto señalando que el aborto es malo y por eso debemos hacer todo lo posible para que no suceda. […] No obstante, no podemos zanjar la cuestión diciendo sin más que es malo y condenándolo, sino que hay que establecer una educación sexual más amplía; enseñar los métodos anticonceptivos y la responsabilidad a la gente joven en las relaciones sexuales y ayudar a las personas que han quedado embarazadas sin quererlo.

Ambos enfoques -el de Bono y el de Marina- son distintos pero irrebatibles, aportan riqueza al debate y son formas adecuadas de estimular el pensamiento social, muy alejadas de ese enfoque de eslóganes y fanatismos al que desgraciadamente estamos tan acostumbrados.


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¿Por qué hay tanta gente que aún cree en la astrología?

escrito el 25 de septiembre de 2009 por en El porqué de las cosas,General

Miguel Ángel Sabadell, un profesor de física y química que dejó la tiza por el periodismo científico, me envió hace tiempo un interesantísimo trabajo, muy bien documentado, sobre el gran timo de la astrología. Expongo aquí un pequeño fragmento:

Si encuentro a una persona muy tranquila y apacible con cinco planetas en Aries, ello no me hará dudar que Aries significa agresión. Puedo comentar que su ascendente es Piscis, o que su Sol está en conjunción con Saturno, o que tiene su regente en la duodécima casa. Si ninguna de estas excusas es posible, puedo comentar que aún no ha desarrollado su potencial Aries… Pero si al día siguiente me encuentro con un hombre muy agresivo que también tiene cinco planetas en Aries, cambiaré mi rollo: diré que debía ser así debido a esta configuración. (D. Hamblin, ex-presidente de la Asociación Astrológica Británica)

La cita anterior, extraída del Astrological Journal, una de las revistas más prestigiosas sobre astrología, nos muestra la verdadera naturaleza de la predicción astrológica.

Hemos visto contradicciones fundamentales en el seno de las distintas corrientes astrológicas. Hemos visto las objeciones que nos muestran la estructura arbitraria de la astrología. Hemos visto las numerosas pruebas a que ha sido sometida con resultados invariablemente negativos. Hemos visto, en fin, que la astrología no funciona. ¿Por qué los medios de comunicación no se han hecho eco de estos experimentos? ¿Por qué siguen siendo cajas de resonancia de creencias seudocientíficas? Una posible razón es que la seudociencia vende. El gusto por lo misterioso y lo fantástico que todo hombre lleva en su interior; el abandono de las religiones tradicionales, junto con la búsqueda de otras vías que intentan explicar los porqués y el sentido del Universo de forma mágica y supersticiosa; la mala enseñanza de la ciencia que hizo de ella ‘la varita mágica arreglalotodo’ capaz de solucionar nuestros problemas –que lo que ha provocado es un desencanto hacia ella–. Estas son algunas de las causas del ascenso de todas estas creencias.

Thomas (1978) presenta otra posible respuesta al ascenso (y descenso) de las prácticas mágicas: son una forma de enfrentarse a situaciones en las cuales los métodos usuales no ofrecen ninguna posibilidad de éxito. Así, la astrología no es eficaz en el sentido estricto del término, pero proporciona seguridad y una sensación de control sobre el desarrollo de los acontecimientos futuros. «La magia prevalece cuando el control ejercido sobre el entorno es escaso» afirman G. y M. Wilson. De todas formas, no podemos separar los componentes sociológicos, culturales, históricos y tradicionales cuando queramos hacer un análisis sobre las motivaciones por las cuales aumentan las creencias seudocientíficas. Como muy bien señala Pierre Thuillier en su estudio sobre la decadencia de la astrología durante el Renacimiento (Thuillier, 1990), «esta supuesta ciencia no llegó a refutarse: sencillamente, cayó en desuso». No podemos convencer a nadie con argumentos racionales si no quiere convencerse racionalmente. El aumento del irracionalismo pasa por la claudicación del espíritu crítico. Se fuerza a que el mundo sea como a uno le gustaría que fuera, y se niega uno a aceptarlo tal y como es. Por eso, en 1990, los científicos españoles se adhirieron a la declaración Objeciones a la Astrología que firmaron sus colegas estadounidenses en el año 1975. Se trata de una declaración que invita a que pensemos por nosotros mismos, a que analicemos las cosas antes de aceptarlas, a que comprendamos la ciencia y cómo trabaja. No se trata de imponer ninguna forma de pensar, sino todo lo contrario.

La astrología es una grave enfermedad. Hace a las personas conformistas y apáticas, sin capacidad de reacción y decisión. Es una excelente excusa cuando las cosas salen mal o se tuercen. «Está escrito en las estrellas y no puedo luchar contra el destino». Con ella podemos justificarlo todo, incluso las mayores atrocidades.

Si nuestra sociedad necesita de toda su capacidad racional para resolver los importantes problemas que tiene planteados, ¿Qué ocurrirá si empresarios, economistas y políticos confían el destino de empresas, capitales y naciones a los oscuros designios de los dioses-planetas? (Armentia, Sabadell, Zamorano, Aragón y Montesinos, 1990).

La astrología hace a las personas manejables por charlatanes y visionarios. Pretenden que volvamos 4 000 años atrás, cuando se creía que la Tierra era el centro de Universo y los dioses gobernaban hasta la caída de una hoja.

Puestos a elegir, prefiero soñar leyendo El Señor de los Anillos.

Hasta aquí el texto de Sabadell. Queda dicho.


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El fluctuante teísmo de Darwin

escrito el 16 de septiembre de 2009 por en Enseñanza y aprendizaje de la ciencia

Un primero de julio de 1858, hace siglo y medio, dos amigos de Darwin, darwinCharles Lyell y Joseph Hooker presentaron ante los miembros de la Sociedad Linneana de Londres una ponencia titulada «Sobre la tendencia de las especies a crear variedades», que habían desarrollado los británicos Charles Darwin y Alfred Russell Wallace. Se trataba nada más y nada menos que de la revolucionaria teoría del origen de las especies, que impactaba en el núcleo de los paradigmas más asentados sobre el origen de la vida y hacía descender al ser humano del trono de la creación, que siempre había ocupado. Los autores de la polémica teoría no habían podido asistir a la presentación, porque Wallace estaba en las islas de Malasia recogiendo especimenes y Darwin había perdido a un hijo por la escarlatina cuatro días antes.

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Ecoinquisidores: a la caza del libro

escrito el 9 de septiembre de 2009 por en Energía y medioambiente

No, el libro nunca lo tuvo fácil. Como vector privilegiado para la discrepancia, el pensamiento divergente y la heterodoxia intelectual, ha sido tenazmente atacado por los celosos vigilantes del pensamiento único, y por ello censurado, secuestrado y destruido. En la biblioteca de la universidad de Salamanca pude hojear un hermoso volumen de Erasmo que 103336mostraba las heridas de su paso sucesivo por cuatro inquisidores concienzudos: tenía páginas emborronadas, párrafos recortados, frases cubiertas por tiras de papel… pero el libro había sobrevivido.

Paradójicamente la nueva amenaza contra el libro no viene de los censores del contenido, sino de una cruzada contra el continente, por el peregrino argumento de que el papel contribuye al incremento del calentamiento global. Es, como trataré de demostrar en estas líneas, un argumento débil, propio de esos “ecologistas de salón” tan sobrados de tópicos como escasos de fundamentos, pero provistos de un largo brazo mediático, que actúa como “martillo de herejes” sobre el futuro del libro.

Poco importa a estos cruzados contra el libro de papel que sea el medio que más ha contribuido a la alfabetización de la sociedad, o la palanca que ha propiciado el progreso de la cultura, o el principal depositario hasta el presente del conocimiento acumulado por la humanidad. Nada; los ecoinquisidores pregonan la “necesaria” desaparición del libro del papel en favor de medios digitales supuestamente más ecológicos, obviando la complejidad fisicoquímica de sus materiales y el alto impacto medioambiental de sus materias primas, la energía para crearlos y mantenerlos y sus residuos, algunos muy tóxicos y de difícil eliminación. Su argumento central es que el papel acaba con los bosques, los pulmones del planeta, por lo que se interrumpe la fotosíntesis y la absorción del CO2. Veremos, sin embargo, que es un argumento falaz.

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¿Vuelve la energía nuclear?

escrito el 7 de abril de 2009 por en Energía y medioambiente

El debate sobre el cambio climático ha desempolvado viejas polémicas sobre la energía nuclear, que habían quedado en el olvido. Hasta Felipe González, bajo cuyo mandato se estableció la moratoria nuclear en 1983, se ha reconvertido en defensor de esta fuente de energía. Pero hay pocos casos de tanto atrevimiento como el de Manuel Lozano Leyva, catedrático de Física Atómica y Nuclear de la Universidad de Sevilla, quien reivindica abiertamente la energía de fisión en un libro reciente – Nucleares, ¿por qué no?, editorial Debate-, del que “curiosamente” el País ha presentado un amplio informe.  Algunas de sus afirmaciones son un tanto demagógicas, como comparar el nivel radiactivo de las emisiones de una central de carbón con las de una chimenea de una central nuclear, obviamente inferiores por tratarse de vapor de agua de un circuito externo, pero el texto de Lozano tiene unos valores innegables, porque aborda abiertamente el debate, sin ambages,  y porque pone el dedo en la llaga de las ineficiencias energéticas: la subvención acrítica e indiscriminada. Y es que la cultura de la subvención oculta los costes reales de la energía y hace pasar por “sostenibles” instalaciones que implican un coste medioambiental que la naturaleza no puede asumir.

Destaco algunos fragmentos del libro:

  • (…) Toda la industria energética consume mucha energía. Piénsese sin ir más lejos en el petróleo: hay que incluir prospecciones, explotación, transporte, construcción de toda la maquinaria implicada en cada fase, y un etcétera tan largo como se quiera. Aún más, no me extrañaría que la industria nuclear sea una de las que más energía exigen. La cuestión es ¿por qué no se hacen esas estimaciones con las llamadas energías alternativas?
  • ¿Ha estado el lector alguna vez al pie de un aerogenerador estándar? La torre en su base tiene un grosor de hierro de muchos centímetros, como no puede ser de otra manera ya que ha de sostener no sólo un peso enorme sino hacerlo estable cuando las palas estén en movimiento. Las inmensas palas también hay que fabricarlas a base de energía. Naturalmente, los cimientos de hormigón han de ser formidables (…) ¿Cuánto tiempo tiene que estar produciendo energía un aerogenerador para compensar la energía que consumió su existencia?
  • La otra alternativa es obviamente la energía solar. (…) Alemania, país nublado donde los haya, es el líder de instalación de generación eléctrica solar, tanto térmica como fotovoltaica, y el único país donde los ecologistas antinucleares han tenido responsabilidades de gobierno. En la actualidad Alemania tiene instalados más de 100.000 sistemas solares (paneles fotovoltaicos y espejos) que ocupan una descomunal superficie (unos 10 millones de metros cuadrados). (…) ¿Qué parte de la energía eléctrica consumida por Alemania el año pasado produjo lo anterior? El 0,5%. ¿Cuánta energía exigió esta extraña “labranza y siembra” de campos y praderas alemanes? Casi nadie lo dice. (…) Lo que sostiene [el autor] es que hay que apoyar firmemente la investigación, no subvencionar la instalación masiva e indiscriminada de lo que hay hoy día.
  • La energía nuclear puede terminar imponiéndose no por razones económicas, ni siquiera por el cambio climático, sino por cuestiones geoestratégicas. Más claro: puede que llegue el momento en que, sin ir más lejos, los europeos fuercen a sus instituciones democráticas a optar por la independencia energética y dejar de estar en manos de todo gobernante democrático o sátrapa que tenga capacidad de estrangular nuestra economía. Y éstos se cuentan por decenas.
  • Creo que fue en la década de 1970 cuando Brasil comenzó a utilizar alcoholes procedentes de vegetales (caña de azúcar fundamentalmente) como combustible en sus automóviles. Unas décadas después, el asunto se extendió a Europa y muchos países. En las gasolineras se empezó a hacer familiar el surtidor etiquetado con un bonito girasol anunciando que expedían biocombustible. Concretamente, biodiesel. La materia prima decían al principio que era subproductos agrícolas. Como eso ya no se lo cree nadie, se admite que se cultiva y cosecha para ese fin específico. Además, hay subvenciones. (…) Es demasiado sostener que es criminal llenar los depósitos de unos pocos vehículos todoterreno con combustible elaborado con el producto de varias hectáreas de tierra fértil. Lo que sí me atrevo a sostener es lo siguiente. Los biocombustibles tienen prácticamente las mismas virtudes y miserias que los combustibles extraídos del petróleo. (…) Desde un punto de vista ecológico pueden ser más desastrosos aún que las gasolinas y gasoil corrientes, ya que esos residuos son más variados. (…) Es opinión (y esperanza) de este autor que los biocombustibles pasarán pronto a la historia no por razones económicas, sino ecológicas, políticas y judiciales; o sea, que se prohibirán.
  • La energía nuclear no será la panacea de nada, pero perder la gran conquista científico-técnica que supone y el desarrollo futuro de la misma que se prevé con todo rigor, seguramente es un disparate. (…) Los que tuvieron la visión de desarrollar esa fuente de energía en momentos en que era muy cara, porque el precio del dinero era enorme y el petróleo barato y abundante, afrontarán esas décadas futuras de escasez energética con mayores defensas. Hablamos de Francia, sobre todo, y de aquellos que producen más de una tercera parte de su electricidad con centrales nucleares: Bélgica, Suecia, Suiza, Corea del Sur, Japón, etcétera.

No le faltan arrestos al profesor sevillano.

Nucleares, ¿por qué no?, de Manuel Lozano Leyva (editorial Debate).


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CCMC: unas ciencias para todos

escrito el 6 de abril de 2009 por en Enseñanza y aprendizaje de la ciencia

La novedad más llamativa del bachillerato LOE es, sin duda, la inclusión de Ciencias para el mundo contemporáneo (CCMC), una materia para todos los alumnos, independientemente de su modalidad. No es algo radicalmente nuevo, ni en Europa -pensemos, por ejemplo, en Science for Public Understanding, del Reino Unido- ni en España, donde décadas atrás las ciencias formaban parte de las materias comunes del bachillerato.

No podemos pretender que esta asignatura incremente el número de vocaciones científicas, a pesar de las declaraciones del MEC en este sentido, pero sí es deseable -y exigible- un impacto positivo y relevante en la extensión de la cultura científica entre los alumnos, como parte de la formación básica que necesita un ciudadano. De hecho, la introducción al currículo recoge este objetivo:

El reto, para una sociedad democrática, es que la ciudadanía tenga conocimientos suficientes para tomar decisiones reflexivas y fundamentadas sobre temas científico-técnicos de incuestionable trascendencia social, y poder participar democráticamente en la sociedad.”

Deberíamos celebrar la aparición de esta materia común, orientada al tratamiento de cuestiones científicas del mundo actual, aunque no falten críticas sobre su temario inabordable y sobre los posibles solapamientos con Biología, Geología y Ciencias de la Tierra y el Medio Ambiente. Es indiscutible que la asignatura plantea un temario complejo, con un amplio abanico de temas diversos y polémicos, desde el genoma humano al mundo digital, pasando por la sostenibilidad, los nuevos materiales, las energías renovables y delicadas cuestiones de bioética. Afortunadamente, no es un temario que haya que preparar para la selectividad, y lo razonable es que cada profesor haga su propia selección de temas y les dedique el tiempo suficiente para que la materia cumpla sus objetivos. Es también importante que el profesorado sea consciente de que CCMC es una de las áreas más exigentes y que requerirá su máxima atención, no tanto por la dificultad técnica de los contenidos como por las implicaciones éticas de muchos de ellos.

Esta materia común parece demandar un enfoque divulgativo, humanista y centrado en los aspectos éticos, con una metodología que se apoye más en lecturas y debates que en fórmulas y algoritmos, para evitar que el bosque de la ciencia quede oculto tras los árboles de artificios matemáticos. No olvidemos que el saber científico no es algo incuestionable, sino solo un saber conjetural, de acuerdo con Karl Popper, quien nos ofrece además una valiosa pista para acercarnos a esta asignatura: “La ciencia es la búsqueda de la verdad a través de la crítica”. Por eso es fundamental evitar los enfoques cientifistas, herederos de un mecanicismo que concebía el universo como una máquina precisa bajo leyes deterministas inalterables. Siguiendo con Popper,  “La ciencia es cosa de los hombres y, como tal, falible. El cientifismo es una fe ciega, dogmática en la ciencia. Y esa fe ciega es algo ajeno al verdadero científico.”

Y para quienes duden de la necesidad de una ciencia para todos, Eduardo Punset, que apoya con entusiasmo las CCMC como medio privilegiado para la difusión pública de la ciencia entre adolescentes, cuenta que la respuesta más contundente a la pregunta de por qué es importante el conocimiento científico, la recibió del prestigioso cosmólogo Edgard Kolb, cuando le respondió: “No te quiero alarmar, Eduardo, pero un noventa y cinco por ciento de la realidad es invisible”. He aquí una buena razón para llevar la ciencia a todos los ciudadanos: hacer visible una buena parte de la realidad.


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La naturaleza no natural de la ciencia

escrito el 3 de abril de 2009 por en Enseñanza y aprendizaje de la ciencia
El título lo tomo de un interesante ensayo de Lewis Wolpert (Ed. Acento). La ciencia suele presentarse desde el punto de vista del científico, es decir, desde la lógica interna del área. Sin embargo, la percepción del alumno es radicalmente distinta. Su lógica tiene que ver con su experiencia personal, que no suele llevarse bien con las teorías científicas que le cuenta el profesor.

Lo que resulta lógico para el profesor es antinatural para el alumno. Antinatural en el sentido estricto de la palabra, porque contradice su experiencia directa. Por ejemplo, la experiencia le dice al alumno que una mesa se mueve solo mientras la empuja, diga lo que diga la Primera Ley. Y no acaba de creerse eso de que las fuerzas actúan por parejas (“O sea -podría pensar el alumno-, que cuando juego al fútbol el balón me devuelve cada patada”), ni eso de que la materia está prácticamente hueca (“si toda mi masa corporal ocupa menos que una mota de polvo, ¿por qué es tan difícil entrar en un vagón de metro en hora punta?, o ¿por qué no puedo atravesar una pared de hormigón, como un fantasma?”). El profesor ha interiorizado tras muchos años de estudio un complejo entramado de principios y teorías científicas que le son muy útiles para explicar el mundo que le rodea, y se olvida a veces de la naturaleza no natural de la ciencia que enseña.

El modelo constructivista nos muestra que el alumno construye activamente los conocimientos a partir de las ideas ya existentes en sus estructuras mentales. Por tanto, el aprendizaje está condicionado por los conocimientos previos y por la experiencia, y a partir de aquí el alumno construye su propio significado. Esto explica que cuando se presentan conflictos entre la visión científica y la experiencia del alumno, la ciencia tiene poco que hacer: probablemente vencerá la experiencia personal. El alumno estudiará lo necesario para sacar los exámenes, incluso con buena nota, pero lo normal será que mantenga inalteradas sus ideas previas, aunque sean erróneas desde el punto de vista científico. Por ejemplo, los alumnos tienen tendencia a transferir los cambios macroscópicos al nivel microscópico (partículas que se dilatan, átomos que poseen color…). También tienen una visión continua de la materia, incompatible con la teoría cinética. El movimiento de los cuerpos se rige por la física aristotélica, y los intercambios térmicos por el modelo del calórico. Lógicamente, muchas de las ideas observadas están en paralelo con el desarrollo histórico de los conceptos científicos.

El problema es que muchos de los esquemas ya existentes en la estructura cognitiva de los alumnos son incoherentes con la ciencia formal. El reto para el profesor de ciencias consiste en plantear situaciones que pongan en evidencia la inconsistencia de esos modelos ingenuos del alumno y tratar de construir una estructura más coherente desde el punto de vista de la ciencia.


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La caspa, una nueva amenaza para el clima

escrito el 2 de abril de 2009 por en Energía y medioambiente,General

Al pobre medioambiente le crecen los enanos. Al dióxido de carbono, el metano, el benceno y los clorfluorocarbonos se une ahora… la caspa. Sí, la caspa; esas escamas blancas que insisten en desprenderse cada vez que alguien se pone una prenda oscura.

No me lo invento yo, que es, como explicaré, cosa bien científica. Lo que ocurre es que, como en tantas otras ocasiones, la realidad supera con creces a la ficción. Los dermatólogos no tienen una explicación definitiva para la aparición de la caspa, y muchos creen que en este problema influyen la dieta, la tensión, y los cambios climáticos pero, mira por donde, ahora descubren los científicos que es la caspa la que provoca el cambio climático y no al revés.

Lo ha demostrado Ruprecht Jaenicke, un investigador de la Universidad Mainz de Alemania, que ha presentado las conclusiones de sus estudios nada menos que en el último número de la prestigiosa revista Science. Según Jaenicke, todas las partículas suspendidas en la atmósfera -caspa y escamas de piel incluidas- influyen de algún modo en la radiación que nos llega del Sol y con ello en el clima, por lo que si se pretende luchar contra el cambio climático es necesario conocer todos los ingredientes de la atmósfera: el polvo mineral, las partículas de humo, pero también las partículas celulares y restos proteicos.

El polvo y los humos han sido objeto de gran atención en los últimos años, pero no ocurre lo mismo con las partículas celulares, cuya investigación se suele pasar por alto por infravalorar la importancia de sus posibles efectos. Sin embargo, Jaenicke ha comprobado que estos efectos son mucho mayores de lo que se pensaba. Las partículas de caspa y de piel suspendidas en el aire influyen en la formación de la lluvia, en las nubes, en las precipitaciones…Y así lo ha recogido en el artículo publicado en la prestigiosa revista Science, con el título Abundance of Cellular Material and Proteins in the Atmosphere.

Según Jaenicke se estima que se desconoce alrededor del cuarenta por ciento de las partículas contenidas en la atmósfera y, por tanto, se necesita profundizar en esta zona oscura. Dentro de ella, las partículas celulares (caspa y restos de piel) son relevantes, y funcionan como núcleos de condensación de las nubes, un proceso necesario para que se inicien las precipitaciones. Por tanto, influyen en el clima.

Jaenicke no plantea soluciones al problema de la caspa, y es que no debe ser fácil. Es sabido que la caspa y los restos de piel son el maná de los ácaros que viven en los colchones y en las alfombras, esperando perezosos con la boca abierta a que les llegue esa lluvia de escamas de restos celulares. Pero obviamente, agrandar los ejércitos de estos alienígenas de ocho patas no parece una solución atractiva.

Y es que la ciencia no siempre soluciones prácticas, aunque bien llevada facilita la comunicación interpersonal. Por ejemplo, cualquier ciudadano avisado de la repercusión del metano como gas de intenso efecto invernadero y de la elevada presencia de este gas en las ventosidades de rumiantes y de humanos (perdón por el posible solapamiento) ya no tiene por qué contener la respiración heroicamente cuando viaja en el metro; eso se acabó. Como buen iniciado podrá pedir finamente:

“Tenga la amabilidad de controlar sus emisiones de metano para no incrementar la temperatura media planetaria”.

Y no digamos cuando encuentre a un individuo rascándose negligentemente sin reparar en las consecuencias:

“¡Desgraciado! ¿No ve usted que las células muertas que lanza a la atmósfera actuarán como núcleos de condensación de nubes capaces de alterar los ciclos hídricos?”

Y por supuesto, se acabó lo de hablar del tiempo en el ascensor cuando coincidimos con el casposo del séptimo mientras amenaza con arruinar nuestro traje nuevo. Quedará más oportuna, a la vez que didáctica, una fina sugerencia del tipo:

“Vecino, haga el favor de ponerse una loción anticaspa, que acabará usted por fundir los casquetes polares”.

Y si el interfecto ha cursado con aprovechamiento la nueva materia de educación cívica, es de esperar que nos agradezca cumplidamente nuestra lección de ciencias. Otra cosa es que el vecino se haga un lío con lo de los casquetes, una fuente de complejidad que rebasa claramente los objetivos de este post. Así que, ante la duda, opte por hablar del tiempo.


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Química del amor: más iguales, más locos y más ciegos

escrito el 25 de marzo de 2009 por en General,Tendencias
“Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus… salvo cuando están enamorados”. Así empieza su curiosa crónica la revista New Scientist, que en el número 2446 recoge los resultados de la investigación de Donatella Marazziti, de la universidad de Pisa.

La doctora Marazziti ha descubierto que en los recién enamorados se reducen las diferencias entre sexos desde el punto de vista hormonal: el nivel de testosterona (hormona sexual masculina) disminuye fuertemente en el hombre enamorado, mientras que el de esta misma hormona crece en su compañera. Es decir, que durante la fase turbulenta del enamoramiento reciente los hombres se hacen menos masculinos y las mujeres se parecen más a ellos.

Al mismo tiempo, durante los seis primeros meses de relación de pareja, el nivel de la hormona del estrés, cortisol, había aumentado de forma notable, tanto en hombres como en mujeres. Este hecho se puede interpretar como el resultado de una evolución natural que tiende a eliminar las diferencias entre hombres y mujeres, porque de este modo es más fácil y profundo el encuentro. “Es como si la naturaleza quisiera eliminar lo que pueda ser diferente entre el hombre y la mujer, porque es más importante sobrevivir y formar pareja en esa etapa”, dice Marazzati.

En 1999 Marazziti ya constató que en los enamorados caen los niveles de serotonina (un neurotransmisor con efecto calmante) muy por debajo de lo normal, dando base científica a la “locura de amor”. De hecho, este bajo nivel de serotonina también se da en las personas con desorden obsesivo-compulsivo. Unos y otros pierden la cabeza, aunque por causas bien diferentes.

Ahora Marazziti ha hecho el seguimiento de los cambios hormonales que se producen en doce parejas de enamorados recientes, midiendo los niveles hormonales en sangre y comparándolos con otros 24 voluntarios sin relación amorosa o con larga relación. Además de la igualación en niveles de testosterona, el equipo de Marazziti descubrió que en los enamorados son más elevados los niveles de cortisol, una hormona productora de estrés, lo que señala la tensión que experimentan ambos sexos en ese estado.

Pero el relámpago amoroso pasa pronto, y una vez pasada esa primera fase intensa, donde las diferencias entre los sexos disminuyen considerablemente, todo tiende a volver a su cauce. Así, en los estudios realizados al cabo de un año, Marazziti comprobó que todos los niveles hormonales se habían normalizado.

Muy curiosos resultan, también, los resultados recogidos por New Scientist de otro equipo de investigación, dirigido por Bartel, que ha descubierto que cuando la gente contempla a su enamorado, se suprimen los circuitos neuronales que normalmente están asociados a la evaluación crítica de otras personas. Esto impide descubrir defectos en el enamorado, y además presta soporte científico a otro dicho popular: “el amor es ciego”.


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Una lección de modestia: nuestro futuro está escrito en los genes de una mosca

escrito el 21 de marzo de 2009 por en Tendencias

El bioquímico Ginés Morata, de reconocida trayectoria en el campo de la biología del desarrollo, intervino en un ciclo de conferencias al que tuve ocasión de asistir. Las finas observaciones de Ginés Morata fueron todo un torpedo en la línea de flotación de la autoestima de la especie humana: compartimos casi por completo el mapa genético de la modesta mosca del vinagre, hasta el punto de que muchas enfermedades genéticas se pueden estudiar en ese organismo tan próximo a nosotros, que es un auténtico laboratorio para el dolor humano. No es necesario decir cómo queda en este contexto el fundamento genético de las razas humanas: simplemente no se puede hablar de diferencias; la genética nos uniformiza e iguala a todos en nuestra base biológica más esencial. ¡Para que luego nos vengan con “errehaches” y otras simplezas!

Morata se refirió al espinoso asunto de la duración de la vida. Describió algunos experimentos que prolongaban significativamente la vida de la mosca, y especialmente la de una especie de lombriz. Básicamente había tres vías para prolongar la vida de esta lombriz: en primer lugar, la vía de la insulina; al reducir la cantidad de alimento la producción de insulina descendía y modificaba ciertos mecanismos bioquímicos, que finalmente daban como resultado una mayor longevidad. Lo mismo ocurría cuando se mantenía al animal en un entorno frío, que reducía la velocidad de los procesos vitales, y también cuando eliminaban la actividad sexual y extirpaban las gónadas. Combinando las tres acciones el resultado era espectacular: en términos comparativos con una persona, la vida se prolongaba hasta unos 250 años, y algunos casos llegaba a los 325.

Claro que es una prolongación de vida un tanto incómoda: hambre, frío y abstinencia sexual. Uno de los asistentes planteó con ingenio la pregunta que todos teníamos en la cabeza:

“Profesor, dice usted que la lombriz vive más si no come, si pasa frío y si no copula. ¿Realmente vive más o es que el tiempo se le hace mucho más largo?”

Morata, que no sería la primera vez que se enfrenta a una pregunta similar, le espetó con guasa:

“Tal vez esté usted confundiendo la impotencia con la castidad”.

Bueno, fuera de anécdotas, es muy de agradecer la actitud de un científico de prestigio internacional que desciende a la incómoda arena a presentar al ciudadano de a pie, de primera mano, los logros, las esperanzas y los fracasos de la ciencia.


Por añadir algo de su biografía, Ginés Morata fue discípulo de García Bellido, y tras varias estancias en centros de Suiza y Reino Unido, regresó al Centro de Biología Molecular, uno de los centros españoles con más prestigio internacional, dependiente del CSIC pero integrado en la Universidad Autónoma de Madrid, del que fue director. Todavía hoy sigue profundizando en sus trabajos sobre la mosca del vinagre. Como científico, se cumple una vez más lo de que “sabe casi todo sobre casi nada”, pero en este caso hay que añadir que como persona desborda ese molde y se proyecta “sobre casi todo”.


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El hidrógeno: un combustible limpio pero no exento de problemas

escrito el 8 de marzo de 2009 por en El porqué de las cosas,Energía y medioambiente
Se pueden ver desde hace un año por Madrid y por otras grandes ciudades europeas. Son autobuses movidos por hidrógeno, un ambicioso proyecto comunitario que trata de evaluar la validez de esta prometedora tecnología que podría resolver el problema de la contaminación atmosférica.

Los medios insisten en que el hidrógeno es un combustible ideal, que cuando se combina con el oxígeno produce energía y vapor de agua como único producto. Pero hay cierto misterio en torno a este gas. Por ejemplo, cuando uno visita los almacenes de un laboratorio de química es fácil encontrar grandes botellas de gas a presión, utilizadas en las experiencias de síntesis: nitrógeno, amoniaco, dióxido de carbono, oxígeno, cloro, helio, argón… Pero nunca he visto una botella de hidrógeno. Y no es que no se pueda comprimir o licuar como cualquier otro gas; el problema es que resulta peligroso almacenar hidrógeno a presión, y los laboratorios prefieren sintetizarlo en el momento en que lo necesitan.

¿Por qué es especialmente peligroso el almacenamiento de hidrógeno a presión?

Cuando los gases están por debajo de una temperatura determinada (llamada de inversión) la expansión provoca una reducción de temperatura: es lo que se llama efecto Joule-Thomson. Es decir, que si se produce un escape a través de una válvula, su temperatura disminuye, y esto es lo que ocurre con casi todos los gases almacenados a temperatura ambiente. Casi todos ellos, al margen de su mayor o menor reactividad química, se enfrían cuando se expanden adiabáticamente. Es decir, si se produce un escape la expansión va acompañada de un fuerte descenso térmico que reduce su potencial reactivo. Esta es la causa de esos bloques de hielo que se forman en las juntas de grandes depósitos de gas a presión, señalando así los puntos donde se producen pequeñas fugas.

Pero las temperaturas de inversión del hidrógeno y el helio son extremadamente bajas, hasta el punto de que para lograr una reducción de temperatura por expansión deben enfriarse primero por debajo de sus temperaturas de inversión: el hidrógeno mediante aire líquido y el helio mediante hidrógeno líquido. En definitiva, ambos gases El hidrógeno tienen un comportamiento anómalo, y se calientan cuando se expande. El helio, un gas inerte, no plantea ningún problema por este hecho, pero el hidrógeno es altamente reactivo y si aumenta la temperatura al producirse un escape habrá un gran riesgo de explosión con el oxígeno del aire.

Profundicemos un poco más en el fenómeno. El proceso de Joule-Thomson consiste en el paso de un gas desde un contenedor a presión constante a otro a presión inferior y también constante (Pf < Pi), a través de un estrangulamiento o una pared porosa. El gas se expande adiabáticamente en el paso de un contenedor a otro, y se produce una variación en su temperatura que depende de las presiones, inicial y final, y del gas utilizado. El proceso de Joule-Thomson se suele caracterizar por el parámetro µ, que es la diferencial de temperatura respecto de la presión. El parámetro µ está relacionado con parámetros propios del gas, y puede determinarse experimentalmente a partir de las medidas de variación de temperatura frente a las variaciones de presión.

En un gas ideal µ vale siempre cero. En gases reales, a cada temperatura pueden existir valores de la presión para los que µ es positivo y el gas se enfría en la expansión y otros para los que es negativo produciéndose un calentamiento. Los procesos Joule Thompson son una forma sencilla y eficiente de bajar la temperatura de un gas usando un compresor y se utilizan en multitud de máquinas destinadas a enfriar o licuar gases. Claro que esto solo funciona en la zona de valores de µ positivos, lo que suele corresponder a la mayoría de los gases en condiciones estándar. Pero en el caso del hidrógeno µ es negativo a temperatura ambiente, lo que obliga a adoptar grandes precauciones frente a posibles escapes para evitar el riesgo de reacción explosiva en el aire.

La solución: pilas de combustible
La pila de combustible es una pequeña central electroquímica que libera energía a partir de la reacción entre el hidrógeno y el oxígeno. Tiene estructura de sándwich, con dos electrodos porosos de papel de grafito entre los que se sitúa el electrólito, una lámina plástica permeable a los protones o membrana de polímero (PEM). En el interior de la pila de combustible se produce una reacción química entre el hidrógeno y el oxígeno, en el transcurso de la cual se liberan electricidad y calor, y el producto resultante es agua. La diferencia de potencial producida por una sola pila es reducida, por lo que es necesario alinear varias pilas formando bloques o unidades de pilas de combustible. Las pilas utilizan diferentes fuentes de hidrógeno: hidrógeno líquido (a unos 254 °C bajo cero), metanol, borohidruro de sodio e hidruros metálicos. Lógicamente solo se produce agua como único subproducto cuando el combustible es el hidrógeno.
Hay además metales con capacidad para adsorber (es decir, enganchar en su superficie) grandes cantidades de hidrógeno. El ejemplo más destacado es el platino, imprescindible en los electrodos de hidrógeno y en procesos catalíticos donde interviene este gas. El problema es que es muy caro y que se “envenena” fácilmente cuando los productos no son muy puros, lo que requiere costosos procesos de reactivación. El hidrógeno es un combustible muy interesante para el transporte en las ciudades, por su insignificante contaminación del aire, pero obviamente no resuelve el problema energético ya que por aquello de los rendimientos se necesita más energía para separarlo del agua que la que luego se puede aprovechar cuando se recombina de nuevo. Es ley de física.


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La belleza de las ecuaciones

escrito el 26 de febrero de 2009 por en Enseñanza y aprendizaje de la ciencia

“QED”, escribía con decisión mi profesor de COU, Jaime Jiménez, al final de una compleja demostración. “Quod erat demonstratum”. Jaime miraba extasiado aquella enorme pizarra garabateada con símbolos crípticos y apostillaba: “esto que veis es la demostración más elegante que conozco para este teorema”, mientras los alumnos nos lanzábamos sonrisas condescendientes: en esos momentos todos estábamos con El Gallo: “Hay gente pa tó”.

Jaime Jiménez -mi mejor profesor de matemáticas- preparaba concienzudamente sus clases dentro de un esquema de ortodoxia rigurosa, y trabajaba tenazmente todos los matices buscando en los manuales clásicos y en las revistas hasta dar con el alma de la idea. Pero otros excelentes matemáticos que he tenido la suerte de conocer eran justo lo contrario, pensadores divergentes que casi nunca resuelven un teorema, y que orientan su actividad hacia el arte, el caos o el puro juego. También he conocido a matemáticos que enfocaban su labor hacia la realidad social de hoy. Es el caso de M.ª Luz Callejo y del tristemente desaparecido Miguel de Guzmán, pioneros en lo que podríamos llamar las “matemáticas solidarias”.

En mi época de profesor, solía explotar las matemáticas en su vertiente más instrumental, como herramienta poderosa para resolver problemas. Pero nunca quise sobrevalorar este aspecto para evitar la visión reduccionista, muy extendida entre el profesorado no universitario, que eclipsa otras facetas de mayor trascendencia. ¿Cómo definir el efecto halo de las matemáticas, que les confiere un encanto especial? Tal vez con una de las acepciones que ofrece el diccionario Clave para el vocablo “magia”: “encanto o atractivo irresistibles, especialmente si parecen irreales o no se sabe bien en qué consisten”. Pues sí; sin duda las matemáticas tienen algo de magia: son “matemágicas.”

El término “matemágicas” explica bien la fascinación que las matemáticas despiertan entre los iniciados. Basta con entrar en una de tantas listas de correo de matemáticas para comprobarlo: cualquier pregunta que exija un cierto razonamiento, sea geométrico, algebraico o lógico, desencadena una multitud de mensajes que aportan luz sobre el problema y generan problemas derivados. Y es que si algo define a las matemáticas es su carácter de reto intelectual permanente, y en eso radica gran parte de su magia. Las matemáticas son una de las más hermosas creaciones del ser humano y, como diría Jaime, una de las formas más elegantes de acercarse a la verdad.


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¿Por qué le llamamos eficiencia energética cuando queremos decir subvención?

escrito el 25 de febrero de 2009 por en Energía y medioambiente

Las subvenciones, incentivos, exenciones fiscales, y las diferentes formas de pagar entre todos los elevados costes de lo que solo acaba beneficiando a unos pocos, son una fuente de opacidad que impide el análisis objetivo, sereno e imparcial de las fuentes energéticas y de su eficiencia.

Pensemos en la energía nuclear, por ejemplo. Hace tiempo el presidente del Foro de la Industria Nuclear Española, Eduardo González, defendía un incremento de esta energía –que el pasado año supuso la cuarta parte de la producción eléctrica en España- porque “el modelo energético no puede depender de los combustibles fósiles por el precio y por el cambio climático” y aprovechó para recordar que el “coste medio de producción es de 0,1083 euros por kilowatio-hora.” Pero, ¿es realmente ese el coste real del kW•h? ¿Se incluyen ahí las ayudas oficiales iniciales y la compensación por la moratoria nuclear? ¿Y la elevada factura de gestión de los residuos? ¿Y los costes de desmantelamiento de la propia central?

El caso de las energías alternativas

Esta falta de transparencia con los temas de la energía dificulta la toma fundamentada de decisiones y da soporte al discurso demagógico. Pero si es difícil evaluar el coste en una energía tradicional, hacerlo con las energías renovables es una pura entelequia.

Pensemos por ejemplo en la energía solar fotovoltaica. En la espectacular placa solar que se instaló en el Fórum de Barcelona, hubo tímidas voces que recordaban que el consumo energético para producir esa instalación era muy superior a la energía que llegaría a producir. Es decir, que bajo el punto de vista de eficiencia energética, hicieron un pan con unas tortas.

Pero no hay datos que permitan hacer un análisis serio, de modo que la valoración queda al albur de los medios. Así, si un político decide subvencionar una instalación fotovoltaica con, pongo por caso, silicio monocristalino, los medios afines abundarán en lo ecológico de esta propuesta, pero seguramente obviarán el costoso proceso para llegar a ella. Olvidarán decir que primero habría que reducir la sílice de la arena con carbón, hasta romper los fuertes enlaces del silicio con el oxígeno, y que finalmente sería emitido a la atmósfera como CO2. Obviarán que después habrá que tratar el silicio con halógenos para obtener un compuesto volátil que habrá que purificar por destilación y posteriormente descomponerlo para formar silicio puro, con la inevitable emisión de los dañinos radicales halógeno. Y eso no es todo; más tarde habría que fundir el silicio obtenido para formar un gran monocristal por crecimiento controlado, y por último cortarlo en obleas capaces de transformar la luz solar en una débil corriente eléctrica. Si una oblea se trocea en pequeñísimos fragmentos y cada uno sirve para construir un chip o para alimentar una calculadora, este esfuerzo será muy rentable. Pero si la idea es cubrir un tejado con estas costosísimas obleas para producir electricidad, seguramente nunca llegaremos a recuperar la energía que se tuvimos que emplear en la fabricación. Es decir, estaríamos despilfarrando energía. Pero claro, si un político ávido de medallas decide subvencionar la instalación, la electricidad nos saldría gratis, aunque tenga un coste altísimo para el planeta.

Tampoco se libra la energía eólica de esta corriente de desinformación. En un artículo publicado en Diagonal, Pedro Prieto explicaba que “un generador eólico de 2,3 MW (harían falta entre 3000 y 5000 aparatos de este tipo para sustituir a la central nuclear de Almaraz), supone 1000 toneladas de hormigón para los cimientos, 150 toneladas de acero, varias toneladas de cobre y unas 30 toneladas de fibra de vidrio para las palas. Una España eólica en electricidad supondría un gasto del 70% del acero que se consume en España, unas dos veces el cemento que se consume en España y unas dos veces la fibra de vidrio que se consume en el mundo.” Por otro lado, Javier Álvarez Vara denunciaba semanas atrás en Cinco Días la “la falta de transparencia que rodea al apoyo oficial a esta tecnología -basta con fijarse en la adjudicación de autorizaciones a los parques y las plusvalías en la reventa de algunas de estas concesiones-. Una vez se pusieran todos los elementos en la balanza, la política de apoyo temporal y transparente sería la única sensata. Un cambio en los incentivos, que el mercado de concesiones nos indica excesivos, conduciría, además, a la utilización de las tecnologías eólicas más eficientes de entre las hoy en día disponibles. El actual sistema de primas incentiva la ocupación rápida del territorio, al margen del aprovechamiento óptimo de los recursos eólicos existentes.”

El hidrógeno, el vector energético esperado

¿Y qué decir de la utilización del hidrógeno? Los ensayos técnicos apuntan que la tecnología de las pilas con hidrógeno es válida para dispositivos de bajo consumo y alto coste, como ordenadores portátiles y móviles, pero absolutamente inadecuada para sustituir a los combustibles fósiles. Entonces, ¿por qué los fabricantes de vehículos hablan con tanto optimismo de la proximidad de una economía basada en el hidrógeno? Pues fundamentalmente por las fuertes subvenciones públicas a esta energía, que ocultan la rentabilidad real. Y también en la escasez de luces –o tal vez sea pura demagogia, no sé qué es peor- de algunos políticos, que ven en el hidrógeno la gallina de los huevos de oro y una máquina de atraer votos de todas las corrientes. Por ejemplo, en 2003 Bush logró la aprobación de un importante proyecto sobre las pilas de combustible de hidrógeno. Un proyecto que también estaba en el programa de Kerry, y con mayor compromiso de inversión. La propia Comisión Europea se ha propuesto fomentar el paso a una economía basada en el hidrógeno, para lo que está apoyando ambiciosas iniciativas tecnológicas para la producción, almacenamiento y distribución de hidrógeno. El gobernador de California aún va más lejos. Arnold Schwarzenegger decidió promover la construcción de una red de estaciones de servicio de hidrógeno, convencido de si hay estaciones habrá vehículos de hidrógeno. Desgraciadamente ha sido menos original en el diseño de las estaciones, que utilizarían gas natural para producir hidrógeno (y por tanto, grandes cantidades de CO2).

En lo que parece haber acuerdo general es en que la fuente energética más ecológica y sostenible es el ahorro y la eficiencia, pero ¿cómo se puede evaluar la eficiencia de una fuente energética con tanto oscurantismo? Para evaluar adecuadamente las inversiones y dirigir los esfuerzos en el sentido adecuado es fundamental disponer de datos homogéneos, que contengan todos los factores objetivos y no incluyan el ruido de las subvenciones.

La relación coste-beneficio debe estar detrás de toda decisión política, para que con la excusa de una acción ecológica no se acabe provocando justamente lo contrario. Y es que, no lo olvidemos, la demagogia es uno de los peores enemigos del medio ambiente.


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La falacia de la microgravedad

escrito el 12 de febrero de 2009 por en El porqué de las cosas,General
Es sorprendente que se utilice el término “microgravedad” o de “gravedad cero” para referirse a los experimentos que tienen lugar en la estación espacial internacional (ISS), un gran laboratorio que orbita a unos 400 km de altitud.

Es cierto que las imágenes de TV nos muestran a los astronautas flotando en la nave, pero no nos engañemos: la situación física es similar a la que se produciría en el interior de un ascensor herméticamente cerrado) que cae libremente. Si en el ascensor hay una persona sobre una báscula, al romperse el cable del ascensor todo el sistema cae libremente, de modo que la balanza marca 0. es decir, el peso relativo de la persona es nulo. Y si hubiera una cámara en el interior de la cabina podríamos ver al pasajero flotando libremente o haciendo cabriolas en el aire. Si llevara un libro en la mano, podríamos ver que queda suspendido en el aire frente a él, y si derramara un vaso de agua, formaría divertidas esferas en el aire. Pero todo es consecuencia de que el individuo, el agua, el libro, la balanza y el propio aire de la cabina caen aceleradamente bajo la misma acción de g, en caída libre. Dudo que la explicación de que flota en ausencia de gravedad resultara muy tranquilizadora para el ocupante, que sabe que en pocos segundos se estrellará contra el suelo.

Naturalmente, dentro del ascensor las cosas ocurren de forma diferente. Por ejemplo, la forma de una llama será distinta, porque al caer aceleradamente la vela y el aire que la rodea, la combustión se producirá en una esfera y no adoptará la forma cónica habitual. Pero nadie aceptaría que en el ascensor que cae libremente los experimentos se realizan en ausencia de gravedad, y lo mismo ocurre en la ISS. Dicha estación espacial describe una órbita a unos 400 km de altura de la superficie terrestre. Si se aplican unos sencillos cálculos se verá que la aceleración de la gravedad a esa distancia es de aproximadamente 8,7 m/s2, es decir, no muy diferente de la terrestre y bastante más elevada que la gravedad en la superficie lunar, que solo alcanza 1,6 m/s2. Por tanto, no es correcto referirse a la “ausencia de gravedad” como suele decir la prensa y muchos libros, ni siquiera a la microgravedad. Es una gravedad elevada. Entonces, ¿por qué flotan los astronautas, giran libremente en el aire y los líquidos forman esferas? Pues sencillamente por la misma razón que lo harían en un ascensor en caída libre.

Pero, ¿cómo es posible entender que la ISS experimenta una caída libre? Para entenderlo, pensemos en el lanzamiento de un proyectil. Si mantenemos el ángulo de tiro, el alcance (y la altura máxima) crecerán a medida que lo haga la velocidad inicial. La trayectoria descrita será una parábola, de modo que finalmente el proyectil caerá al suelo. Pero, qué ocurriría si el alcance fuera superior a, por ejemplo, el diámetro terrestre? Pues que el proyectil en su caída no llegaría nunca a tocar la superficie, de modo que “caería” permanentemente en el espacio. Y así ocurre realmente. Para que el proyectil no caiga a la superficie terrestre, su velocidad tangencial debe ser de unos 28000 km/h. Si la velocidad es menor, caerá sobre la tierra y si es mucho mayor, escapará hacia el espacio exterior. Precisamente, la velocidad de la ISS es de unos 28000 km/h. Esta velocidad permite que la gran estación ISS esté en permanente caída libre alrededor de la Tierra, pero bajo una aceleración de la gravedad nada desdeñable, del orden de 8,7 m/s2.


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La ciencia como cultura

escrito el 6 de febrero de 2009 por en Tendencias
Si hay un estereotipo arraigado en la ciencia es el que la muestra como un producto exclusivo de la razón, aséptico y ajeno a la subjetividad del científico, al contexto social y al propio momento histórico. Pero no es así. Nuestra ciencia solo se entiende desde un determinado contexto, anclado a las raíces culturales de occidente. Por ello, es razonable que una corriente cada vez menos contestada presente la ciencia como expresión de la cultura, incluso en sus orígenes. Así, hay teorías recientes, como la del medievalista alemán Johannes Freid, que sitúan el origen de la ciencia moderna en el seno del espíritu medieval y no en oposición al mismo. Para Freid el comienzo de la ciencia se debió al intento por precisar el momento exacto del Apocalipsis. Esta necesidad rescató muchos conocimientos de la antigüedad clásica y del mundo árabe e impulsó la astronomía, que se fue separando poco a poco de su original determinismo religioso y mágico –astrología- hasta crear su propio corpus.

La ciencia no es más que una forma de aproximarse a la verdad desde el punto de vista de las personas. Goza de un merecido prestigio, pero sigue siendo una empresa humana, sometida a las grandezas y miserias de todo lo humano. Nos proporciona un conocimiento probable, no cierto, porque se trata de un proceso de aproximación progresiva a la verdad. Tenemos así que aceptar, con Khun, que la ciencia es una actividad colectiva, llevada a cabo por una gran comunidad científica, que comparte un conjunto de teorías y una forma de ver el mundo. Pero en esa visión colectiva hay una elección implícita entre diferentes modelos, teorías y paradigmas, y esa elección la hacen los individuos de forma subjetiva. Por tanto, la ciencia es sin duda una manifestación de la cultura.
De ahí que la expresión “cultura científica” sea mucho más que un mero juego de palabras, aunque sean muchos los científicos que desconfían de esta dimensión por estimar que el concepto de cultura evoluciona en la sociedad moderna hacia enfoques difíciles de armonizar con la universalización de la ciencia. En este sentido José María Ridao mantenía en un reciente artículo la tesis de que el significado del término ‘cultura’ se ha transformado en las últimas décadas: “Frente a la idea ilustrada de cultura como excelencia, que ha venido operando desde el fin de la II Guerra Mundial y hasta fecha reciente, la noción que se ha impuesto ahora es la romántica, para la que la cultura está vinculada a la tradición.” Esto es preocupante, porque consagra una cultura rancia y anacrónica, de corte localista, complaciente con el pasado y poco sensible al progreso.
Es difícil creer que la ciencia pueda encontrar acomodo en este contexto reduccionista y miope, por más que el localismo -una consecuencia perniciosa de la globalización reinante- marque muchas tendencias culturales. Cuesta imaginar a la ciencia, eterna aspirante a la universalidad, atrapada en un localismo asfixiante y mediocre, contradictorios con su proyección universal, pero en todo caso su propio dinamismo activaría los resortes oportunos para evitar la regresión hacia lo irrelevante, aun a costa de separarse del carro de la cultura. Paradójicamente, sería la dimensión cultural de la ciencia la que acabaría por salvar a la cultura de sus propias contradicciones.


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