Los peligrosos pasos de cebra
Lo he oído esta mañana en la radio, en un espacio publicitario de Tráfico: “El 90% de los atropellos en ciudad ocurren fuera de los pasos de cebra”. Supongo que la intención del Ministerio era concienciar al peatón del serio peligro de cruzar por zonas no autorizadas. Pero pensemos un poco. Decir que el 90% de los atropellos ocurre fuera de los pasos de peatones significa que el 10 % restante ocurre sobre dichos pasos. Es decir, uno de cada diez peatones es arrollado en el paso de cebra, frente a nueve atropellados en zonas no autorizadas.
¿Esto es mucho o poco? Pues depende. Si el espacio que ocupan los pasos de cebra fuera igual al que ocupa el resto de la calle, el resultado estaría muy bien, pero si por cada 100 m de calle hubiera solo 10 m de paso de cebra, significaría que existe el mismo riesgo de ser atropellado al cruzar por cualquier sitio. Pero vayamos más lejos: ¿y si el espacio de los pasos de cebra fuera aún menor respecto de la longitud de la calle? Significaría que, manteniendo igual el resto de las variables, sería más arriesgado cruzar por el paso de cebra.
¿Cuántas veces más arriesgado? Podemos estimarlo. Suponiendo que haya un paso de unos 5 m de anchura por cada 300 m de calle, resultaría una relación de 1 a 60, que si se compara con la publicidad del Ministerio, de 1 a 9, supone que cruzar por el paso de cebra es 60/9 veces más peligroso. Es decir, de ser cierta la noticia del Ministerio, correríamos al menos un riesgo seis veces mayor cuando cruzamos por un paso de cebra que cuando lo hacemos por un lugar no autorizado.
¿Esto es realmente así? ¿Cómo explicar una conclusión tan relación tan chocante? Al menos existen dos razones para justificarla:
1. La primera es que falta un dato fundamental para comparar: el uso de la calzada por parte de los peatones. Supongamos que la ciudadanía fuera tan respetuosa con las normas que nadie cruzara por lugares no autorizados. En este caso, todos los atropellos ocurrirían sobre los pasos de cebra, porque no sería posible interceptar a un peatón en ningún otro lugar. El titular, en este caso, sería escalofriante aunque exacto: “El 100% de los peatones atropellados estaba cruzando en ese momento un paso de cebra”. Obviamente, la noticia del Ministerio resulta irrelevante porque no dice nada que permita hacer una valoración objetiva.
2. La segunda razón es que, con toda probabilidad, el dato del Ministerio es inexacto (no me atrevo a decir “falso de toda falsedad”, aunque lo sospeche). Apuesto a que la elección del 10 / 90 no es casual, sino que responde a la conocida fascinación que ejercen en la gente los números redondos. Lo explica muy bien John Allen Paulos en su libro “Un matemático lee la prensa” (Metatemas, Tusquets, 2002):
Los números redondos tienen atractivo psicológico, en concreto los múltiplos de diez. Desde hace años, por ejemplo, se viene repitiendo que el 10% de los estadounidenses es homosexual, que solo utilizamos el 10% de nuestra capacidad cerebral y que el índice de ineficacia de los preservativos es del 10%. [...] Estos números, aunque pocos entiendan con exactitud lo que significan, una vez que se aceptan se vuelven reacios a las revisiones en profundidad.
Después de leer a Paulos, ¿a quién podría extrañarle la noticia de que “el 10% de los atropellos ocurre en los pasos de cebra”, una fórmula complementaria de la que propone Tráfico? Resulta hasta razonable. Es el poder de los números redondos.
Pero no pensemos que solo la gente corriente es vulnerable al reduccionismo numérico. Paulos recuerda en este mismo libro que, por razones distintas, los problemas afectan a los propios matemáticos, quienes no siempre saben captar el elemento esencial de una situación. Como ejemplo, cuenta la siguiente anécdota de tres matemáticos que fueron a cazar patos:
“El primero disparó y el proyectil pasó quince centímetros por encima del animal. Disparó el segundo y el proyectil pasó 15 cm por debajo. Al advertirlo, el tercero exclamó con entusiasmo: “¡Tocado!”.
Charles Lyell y Joseph Hooker presentaron ante los miembros de la Sociedad Linneana de Londres una ponencia titulada «Sobre la tendencia de las especies a crear variedades», que habían desarrollado los británicos Charles Darwin y Alfred Russell Wallace. Se trataba nada más y nada menos que de la revolucionaria teoría del origen de las especies, que impactaba en el núcleo de los paradigmas más asentados sobre el origen de la vida y hacía descender al ser humano del trono de la creación, que siempre había ocupado. Los autores de la polémica teoría no habían podido asistir a la presentación, porque Wallace estaba en las islas de Malasia recogiendo especimenes y Darwin había perdido a un hijo por la escarlatina cuatro días antes.
mostraba las heridas de su paso sucesivo por cuatro inquisidores concienzudos: tenía páginas emborronadas, párrafos recortados, frases cubiertas por tiras de papel… pero el libro había sobrevivido.


