Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Augusto Ibáñez

FSM

Smartphones y adolescentes (II). Algunos cambios significativos que se observan

La neurociencia nos demuestra que el cerebro es plástico, que aprende constantemente y se adapta a los estímulos que recibe. Es decir, que diferentes experiencias producen diferentes formas de pensar.  Sin duda es pronto para conocer el impacto de los móviles en los adolescentes, pero es indudable que esta tecnología debe comportar cambios sustanciales en sus vidas, en la forma en que se relacionan, aprenden y se divierten, e incluso en su forma de pensar.

Hay cambios evidentes en el modo en que se relacionan con sus amigos. Ponen un cuidado extremo en su “imagen digital”, tanto o más que en la real. Por ello atienden de inmediato y con la adecuada “netiqueta” todos los mensajes que reciben. Podría pensarse que el móvil los conecta más con los lejanos que con los que tienen cerca, pero no es así. El móvil es en parte una identidad de grupo y crea lazos de pertenencia con los más cercanos, que incluso interaccionan y comparten a través del móvil cuando están juntos.

También cambia la relación con la familia. Los adolescentes se comunican con sus amigos con mensajes de texto (principalmente whatsapp), y usan el teléfono casi exclusivamente para hablar con sus padres. El teléfono se convierte así en un símbolo del control, mientras que el texto se reserva para compartir con los iguales.

Otro cambio tiene que ver con la apertura y la socialización que, a su vez, se relaciona con el importante acceso a las redes sociales a través del móvil.  Esta forma de compartir sin casi barreras genera mucha transparencia en la comunicación y facilita la colaboración, pero a la vez es fuente de preocupaciones porque en esta apertura el adolescente se “desnuda” ante los demás -a veces literalmente- y pierde su privacidad. Se vuelve así muy vulnerable a todo tipo de ataques.

La pérdida de su privacidad no es el único motivo de preocupación derivado del uso creciente del móvil. Podríamos citar otras inquietudes:

  • Estado de conexión permanente, que genera tensiones en las familias y en su entorno. Algunos se niegan a apagar los móviles en espectáculos públicos. Viven excesivamente volcados en ese mundo virtual y pueden descuidar su entorno real.
  • Vulnerabilidad frente a ataques de bullying. La red acaba por reproducir e incluso amplificar lo que ocurre en el mundo real. Se estima que uno de cada cuatro adolescentes sufren algún tipo de acoso a través del móvil.
  • Exposición a contenidos inapropiados, bien por el acceso a Internet o bien por la recepción de archivos desde su red de amigos o de spam.
  • Captura de imágenes comprometidas, de sí mismos o de otros, que se comparten con toda su red. Las consideran como imágenes efímeras, que impactan un instante y luego no dejan huella, pero la realidad es que pueden quedarse en Internet para siempre. De modo que un breve impulso alocado se convierte a veces en un problema casi imposible de resolver. Afortunadamente surgen aplicaciones que tratan de gestionar este asunto. Snapchat, por ejemplo, es una aplicación gratuita para iPhone que permite decidir el tiempo límite que la persona a quien se envía una foto puede verla. Pasado ese tiempo, que pueden ser unos segundos, la foto desaparece y no puede verla de nuevo.

En resumen, el uso del móvil impacta sin duda sobre el desarrollo ético y moral de un adolescente. Por un lado, el fenómeno de la inmediatez es enemigo de la reflexión, y tiene consecuencias demoledoras en algunos casos: grabación de actuaciones ilícitas, de agresiones, de la propia intimidad… Los criterios éticos y morales también se ven debilitados por el efecto tribu: aunque uno no genere contenidos inadecuados (cuestionables) participa en su difusión por ser parte del grupo, lo que debilita el marco de convicciones del adolescente. La servidumbre de la pertenencia al  grupo envalentona y propicia actuaciones acríticas, que una vez que llegan a la web se vuelven irreconducibles. Y son, además, una rémora para el futuro, porque es casi imposible eliminar un contenido inapropiado una vez que se ha difundido en Internet. El resultado puede ser es doloroso, y de ahí la importancia de trabajar desde la escuela y la familia la prudencia, la responsabilidad y el sentido crítico, para que anticipen las consecuencias de sus actos.

Los padres suelen gestionar el uso del móvil, pero más desde el control que desde la prevención. Miran el detalle de las facturas, revisan las llamadas e imponen reglas de uso en determinados momentos. Sobre todo usan la retirada del móvil como castigo. Pero esto no garantiza un uso completamente responsable. Una posible solución pasa por incorporar el móvil en el aula, como una herramienta aventajada para el aprendizaje.



escrito el 1 de Enero de 2013 por en General

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