Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Augusto Ibáñez

FSM

Smartphones y adolescentes (I)

Hace un tiempo me pidieron una modesta contribución para un estudio sociológico sobre el impacto de los móviles en los adolescentes. Resumo en los tres próximos posts las ideas principales.

  1. Una innovación disruptiva y un elemento identitario del adolescente
  2. Algunos cambios significativos (ir al post)
  3. Móviles en las aulas (ir al post)

Una innovación disruptiva…

Cuando Marc Prensky, allá por 2001, acuñó el término de nativos digitales, decía como una de sus características que usaban la tecnología como una extensión de sí mismos. Esto es casi literal cuando hablamos de los smartphones. Los modernos smartphones (a los que llamaré genéricamente móviles) tienen un manejo tan intuitivo que los adolescentes los utilizan como prótesis de sí mismos, siendo completamente transparente la altísima tecnología que representan.

El Smartphone o teléfono inteligente crece rápidamente entre los adolescentes. La clave es el acceso a Internet, que permite la descarga de canciones, el intercambio de archivos, el acceso a las redes sociales (principalmente Facebook entre los adolescentes mayores, muy por encima de Twitter) y el envío de mensajes de texto para estar en contacto permanente con sus amigos. Los adolescentes necesitan comunicarse y usan el móvil para ello. Pero la llamada telefónica pierde peso entre ellos, y se reserva, eso sí, para hablar con los padres. No olvidemos que la principal razón para proporcionar un móvil a sus hijos es por seguridad: quieren tener localizados a sus hijos permanentemente. El teléfono ha dado paso al envío de mensajes de texto, o texting, en términos anglosajones. El envío de mensajes de texto está acabando con el uso de los tradicionales chats tipo IRC entre adolescentes, y con el propio Messenger.

El texting (antes vía SMS y ahora por whatsapp) se ha convertido en la principal forma de comunicación entre adolescentes. Va creciendo con la edad, y alcanza el máximo en los años finales de la adolescencia. Las chicas son más comunicativas, por lo que intercambian un volumen mucho mayor de mensajes que los chicos. La tecnología, una vez más, actúa en este caso amplificando lo que ya venía ocurriendo en el mundo real. Por este motivo, también las chicas usan más los móviles que los chicos para acceder a sus redes sociales. El móvil multiplica lo que ya se venía haciendo.

El móvil es una auténtica disrupción tecnológica, en el sentido de que ha conquistado un enorme mercado de “no usuarios” de la telefonía. Se usa para escuchar música, tomar fotografías, hacer vídeos, conectarse a redes sociales, intercambiar archivos y, sobre todo, para estar permanentemente en contacto con los amigos a través de mensajes de texto.

Por eso el móvil ha convertido en obsoletas muchas otras tecnologías: las cámaras de foto y las de vídeo, las minicadenas musicales, las grabadoras, incluso está desplazando a algunas consolas de vídeo juegos. Es paradójico que lo que se incorporó como elementos accesorios de un teléfono hayan acabado por constituir el corazón del dispositivo.

Pero el móvil inteligente es, ante todo, un dispositivo conectado a Internet, y ahí reside su atractivo imbatible. Pronto se convertirá en la principal puerta de acceso a la red, desplazando a los ordenadores, fijos o portátiles. Además, proporciona una pasarela de pago sencilla y directa, con menos barreras que las que ofrece, por ejemplo, el pago con tarjeta en un ordenador. Ya es posible pagar una bebida con el móvil en una máquina de refrescos, o en la caja de un supermercado. Los programas de lectura de códigos tipo QR no han hecho más que empezar, y tendrán muchas aplicaciones en la economía, la cultura y la educación. Es evidente que el móvil tiene mucho más recorrido que cualquier otro dispositivo informático.

…Y un elemento identitario del adolescente

Recientemente, un director de un importante colegio me dijo: “Vi a un alumno usando su móvil en clase y traté de retirárselo, como marca la norma establecida en nuestro centro, pero me fue imposible. Nunca antes me había pasado. Me di cuenta de que ese chisme era parte de su vida”. Y acabó diciéndome que estaban revisando las políticas de uso de móvil (de no uso, más bien) porque no podían poner puertas al campo.

El móvil forma parte de la identidad de un adolescente. Todo lo que más aprecia está ahí: su red de amigos, su música, sus fotos, sus vídeos… Quizás lo menos importante sea el teléfono. Retirarle el móvil es un castigo inasumible para muchos.



escrito el 1 de enero de 2013 por en General

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