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Augusto Ibáñez

FSM

Premios Ig Nobel a las investigaciones más extravagantes de la ciencia

No sé si los noticiarios actuales duran más o es que se me hacen más largos. Lo cierto es que cada vez contienen más noticias de relleno, muchas veces de supuesto carácter científico. Noticias huecas en torno a una absurda investigación de “una prestigiosa universidad” que no aporta más que obviedades. Uno entiende que las agencias seleccionen noticias ligeras, llamativas y digeribles por el gran público, pero cuesta entender que haya equipos científicos generando estas noticias irrelevantes, tan escasas en lo científico como exitosas en lo mediático.

Hay que tener cuidado con descalificar una investigación por su apariencia trivial, sobre todo si toca ámbitos de la ciencia básica, porque algunos de los más grandes descubrimientos de la ciencia se escondían bajo un disfraz de trivialidad. Pero hay investigaciones que no solo parecen triviales, sino que además lo son, y es un sano ejercicio desenmascararlas. De esta saludable actividad se ocupan iniciativas como los premios IG Nobel, que cada año otorga sus galardones a las investigaciones más absurdas y extravagantes de la ciencia.

Entre los trabajos premiados con el Ig Nobel 2012, destacan los siguientes:

  • Psicología: Anita Eerland, Rolf Zwaan y Tulio Guadalupe, por descubrir que “inclinarse a la izquierda hace que la Torre Eiffel parezca más pequeña”.
  • Neurociencia: Craig Bennett, Abigail Baird, Michael Miller y George Wolford, por demostrar que “mediante el uso de instrumentos complejos y estadísticas simples se puede registrar la actividad cerebral en cualquier lugar, incluso en los salmones muertos”, siempre que se usen los trucos estadísticos adecuados. También encontraron “actividad cerebral” en una calabaza. El resultado, en realidad, es una importante advertencia para los neurocientíficos que aplican inadecuadamente las técnicas estadísticas y extraen conclusiones equivocadas por no filtrar adecuadamente los datos experimentales.
  • Física: Joseph Keller, Raymond Goldstein, Patrick Warren y Robin Ball, por “calcular la correlación de fuerzas que dan forma y movimiento a una coleta de cabello humano”. Los investigadores desarrollaron un sistema de imágenes 3D para observar las propiedades de un cabello individual y luego resolvieron una compleja ecuación matemática  que describe las propiedades de un paquete de cabellos.
  • Dinámica de fluidos: Rouslan Krechetnikov y Hans Mayer, por “estudiar la dinámica del líquido para saber lo que sucede cuando una persona camina con una taza de café”. Estos científicos descubrieron que la frecuencia de las oscilaciones naturales del café es del mismo orden de magnitud que la frecuencia de la marcha normal, lo que hace que, al caminar con un vaso de café la oscilación del líquido se amplifique y que el café se derrame.
  • Medicina: Emmanuel Ben Soussan, por su “asesoramiento a los médicos que realizan colonoscopías para reducir el riesgo de explosión de sus pacientes”.

Estos premios, que ningún científico querría obtener, se entregan en la Universidad de Harvard siguiendo una parodia de los Nobel. Sin embargo, vemos que algunos de los trabajos premiados no son en absoluto triviales. Según el organizador, la revista de humor Annals of Improbable Research, el criterio es premiar honran los logros que “primero hacen reír y luego hacen pensar”.

Muchas noticias científicas de los telediarios sí que serían acreedoras de estos galardones. En un antiguo post  cité  una excelente columna de Edurne Uriarte que trataba con lucidez este tipo de investigaciones de aparente frivolidad que tanto eco encuentran en los medios. Uriarte citaba tres grandes sumideros por los que escapa la credibilidad del científico: la demostración de obviedades, el estudio de tonterías y la corrección política, ese ‘deber ser’ tan nocivo para el pensamiento crítico que conduce a “conclusiones perfectamente equilibradas con las convicciones morales e ideológicas más asentadas”, es decir, a un convencionalismo que nada tiene que ver con la objetividad exigible al científico.



escrito el 1 de Enero de 2013 por en General

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