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Augusto Ibáñez

FSM

Agua embotellada: un recurso natural convertido en negocio de alto impacto medioambiental

Leo en Scientific American que el agua embotellada es la bebida refrescante más consumida en Estados Unidos, después de la Coca Cola y la Pepsi Cola. Solo en USA, los norteamericanos consumen unos treinta mil millones de litros de agua embotellada cada año, es decir, unos cincuenta mil millones de botellas, principalmente de plástico. Todo el mundo conoce la procedencia de este plástico, pero las cifras marean:  según el Earth Policy Institute, la fabricación de botellas de plástico para atender la demanda de agua embotellada en USA requiere anualmente más de 1,5 millones de barriles de crudo, “equivalentes al combustible necesario para mover unos 10000 vehículos durante un año”.

Me surgen de inmediato dos cuestiones:

  • Primero, ¿qué se ha roto en la lógica de la humanidad para que un recurso natural se haya convertido en una bebida comercial? ¿Acaso el milagro de disponer de agua potable, sanitariamente controlada y barata en los grifos de todos los hogares del Primer Mundo no es suficiente?
  • Y segundo, ¿qué coste/impacto medioambiental tendrá esta extravagancia de nuevo rico? Aunque el Primer Mundo pueda permitírsela, ¿es sostenible para el planeta?

La primera cuestión es retórica; va ligada al esnobismo de nuevo rico, y lamentablemente tenderá a aumentar, como toda estupidez, con aguas embotelladas procedentes de los lugares más recónditos de la Tierra. Cuanto más exótico mejor y exclusivo mejor, es la lógica huera del nuevo rico.

La segunda es más cuantificable. Según el Container Recycling Institute (CRI), anualmente se usan unos 2,7 millones de toneladas de plástico derivado del petróleo para envasar agua. Un coste medioambiental brutal, a pesar de la sempiterna presencia del logo “reciclable” que llevan todas las botellas, para tranquilizar conciencias. Pero es puro marketing, como denuncia el informe del CRI: el 86% de las botellas de plástico en USA acaban en el vertedero, y no se recicla. ¡Cuántas aberraciones medioambientales se esconden detrás de ese logo, que bendice y ampara tanto despilfarro de recursos!

La paradoja es que aunque el coste del agua embotellada pueda ser miles de veces superior al del agua del grifo, no ocurre otro tanto con su calidad. Por ejemplo, en una ciudad como Madrid, donde las fuentes están meticulosamente controladas, la calidad organoléptica del agua del grifo es superior a la de muchas aguas embotelladas. A pesar de eso es difícil encontrar restaurantes madrileños que acceden a servirte agua del grifo, porque una buena parte de sus ingresos procede del agua embotellada.

Al menos el agua de los restaurantes viene en botellas de vidrio retornables, es decir, que se pueden reutilizar una y otra vez (espero que en la planta de aguas y no rellenando con agua del grifo, como algunos establecimientos te hacen sospechar). En resumen, si consumimos agua embotellada, procuremos al menos que sea de envases de vidrio, retornables; no de plástico “reciclable”, por favor.



escrito el 1 de Mayo de 2011 por en El porqué de las cosas,Energía y medioambiente

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