Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Augusto Ibáñez

FSM

A vista de pollo

Como siempre, la ciencia poniendo todo patas arriba. Resulta que ahora es el pollo quien tiene vista de lince y no al revés.

Un artículo muy serio, como su nombre indica –“Avian Cone Photoreceptors Tile the Retina as Five Independent, Self-Organizing Mosaics”- publicado en la Public Library of Science ONE, demuestra en resumidas cuentas que lo mejor de un pollo son… sus ojos. No es que los investigadores de la Universidad de Washington en San Luis hayan encontrado razones para que Kentucky Fried Chicken cambie los componentes de su menú estrella, sino que han descubierto que los ojos de estas aves poseen, en comparación con los nuestros, características envidiables.

Según el artículo, la retina de estas aves posee uno de los más sofisticados sistemas de fotorreceptores que existe entre los vertebrados. La capacidad de ver los colores depende de una células especializadas que se encuentran en la retina, llamadas conos. Pues bien, mientras que los seres humanos tenemos tres tipos de conos, que nos permiten ver el rojo, el verde y el azul, los pollos disponen de cinco tipos de conos, cuatro de los cuales les permiten una visión tetracrómica y el quinto es un cono doble que les permite la percepción ultravioleta acromática, asociada a la detección del movimiento. Además, los conos se distribuyen en un mosaico muy regular sobre la retina, lo que permite detectar el color en todo su campo visual. Al parecer, los conos dobles tienen un orden aún mayor que los conos únicos, probablemente por su papel en la detección del movimiento.

Por tanto, ya no es el lince quien tiene vista de ídem; el vertebrado con más vista es el pollo. Si esto les parece sorprendente, esperen a conocer el nombre de un caso práctico que me tocó estudiar en el IESE: “Lentes de contacto para gallinas ponedoras”. ¿Para qué pueden necesitar lentillas unas aves con tan buena vista?

Pues siento aclarar que en este caso -el del IESE- los que tenían vista de lince, o de pollo, eran unos avispados empresarios que tras descubrir que las gallinas ponían más huevos cuando tenían la vista nublada, decidieron aumentar la producción mediante la cruel medida de pegarles lentes de contacto.

¡Y vaya si lo lograron! Las gallinas miopes ponían huevos sin parar -¿quizás porque no sabían dónde los habían puesto?- y los pollos, o linces, o cerdos que dirigían el negocio vieron llenarse sus bolsillos a resultas de la I+D+i óptica. Pero como a todo cerdo le llega su San Martín, pronto surgió un problema que acabó con el negocio: las gallinas enfermaron por las infecciones oculares provocadas por las lentes de contacto. Se ve que no supieron enseñarles a lavarse las lentillas cada noche.



escrito el 1 de marzo de 2010 por en El porqué de las cosas,General

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