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Augusto Ibáñez

FSM

El fluctuante teísmo de Darwin

Un primero de julio de 1858, hace siglo y medio, dos amigos de Darwin, darwinCharles Lyell y Joseph Hooker presentaron ante los miembros de la Sociedad Linneana de Londres una ponencia titulada «Sobre la tendencia de las especies a crear variedades», que habían desarrollado los británicos Charles Darwin y Alfred Russell Wallace. Se trataba nada más y nada menos que de la revolucionaria teoría del origen de las especies, que impactaba en el núcleo de los paradigmas más asentados sobre el origen de la vida y hacía descender al ser humano del trono de la creación, que siempre había ocupado. Los autores de la polémica teoría no habían podido asistir a la presentación, porque Wallace estaba en las islas de Malasia recogiendo especimenes y Darwin había perdido a un hijo por la escarlatina cuatro días antes.

La idea de que las especies tienen un origen común era algo que rompía radicalmente con la ortodoxia científica y religiosa del momento, y los científicos reunidos en la casa Burlington, de Picadilly, no tomaron en serio esta propuesta descabellada, así que esta presentación pasó desapercibida ante la comunidad científica.

Charles Darwin llevaba más de dos décadas elaborando esa teoría. Tras su largo viaje en el Beagle, se había retirado a Wegwood, donde se reencontró, en 1837, con su prima Emma Darwin, con la que se casaría dos años después y tendría diez hijos. Algunos historiadores creen que el gran retraso en la publicación de la teoría se justifica por el miedo de herir a Emma, que era muy religiosa, aunque la mayoría opina que se debió a la cautela científica de Darwin, convencido de que la concreción de una teoría tan revolucionaria exigía viajar a muchos lugares y acumular datos. De hecho, el libro «El origen de las especies», que Darwin publicó un año después, en 1859, estaba lleno de datos y de argumentos, con la intención de adelantarse a sus críticos.

Darwin había recibido formación religiosa y en sus escritos explica que pinzonescuando embarcó en el Beagle, en 1831, creía «firmemente en la existencia de Dios y en la inmortalidad del alma.» Sin embargo, estas creencias se debilitaron progresivamente, a medida que profundizaba en sus investigaciones. El cruel mecanismo de la selección natural y la difícil aceptación del sufrimiento, una tragedia que no distinguía entre animales y humanos, despertó en Darwin un fuerte escepticismo y alimentó la convicción de que humanos y animales venían de un tronco común.

«Algunos han tratado de explicar el sufrimiento, con relación al hombre, imaginando que ello sirve para su perfeccionamiento moral. Pero la cantidad de seres humanos que hay en el mundo no es nada en comparación con la de los demás seres sensibles, y éstos sufren a menudo muchísimo, y sin ningún perfeccionamiento moral. (…) Como ya he apuntado, la presencia de tanto sufrimiento concuerda bien con la teoría de que todos los seres orgánicos se han desarrollado por medio de la variación y de la selección natural.»

De modo que las creencias iniciales de Darwin evolucionaron hacia un agnosticismo creciente, como ponen de manifiesto sus escritos, recientemente digitalizados y accesibles a través de Internet que reflejan fielmente sus incertidumbres religiosas:

«Recuerdo bien mi convicción de que en el hombre había algo más que el mero aliento de su cuerpo, pero ahora las escenas más grandiosas no serían capaces de hacer nacer en mi mente semejantes convicciones y sensaciones.
Podría decirse acertadamente que soy como una persona que se ha vuelto daltónica, y la creencia universal en la existencia del color rojo hace que mi actual pérdida de percepción carezca de todo valor como testimonio. (…) Otra fuente de convicción de la existencia de Dios, relacionada con la razón y no con los sentimientos, me parece de mucho más peso. Es la que se deduce de la extrema dificultad, o más bien la imposibilidad de concebir este inmenso y maravilloso universo, incluyendo al hombre con su capacidad de reflexionar sobre el pasado y el futuro, como un resultado del ciego azar o la necesidad.
Cuando pienso en esto, me veo obligado a acudir a una primera causa, dotada de una mente inteligente, en cierto grado análoga a la del hombre, y merezco ser considerado teísta. Que yo recuerde, esta conclusión era muy firme en mí por el tiempo en que escribía El origen de las especies y desde entonces es cuando se ha ido debilitando poco a poco, con numerosas fluctuaciones.
Pero entonces surge la duda: ¿Puede darse crédito a la mente humana, que se ha ido desarrollando, según estoy convencido, a partir de una mente tan baja como la que poseen los animales inferiores? ¿No podrán ser éstas el resultado de la relación entre causa y efecto, que aunque a nosotros nos parece necesaria, probablemente depende solo de la experiencia heredada?»

Hace unos meses, la Iglesia anglicana publicó una nota pidiendo disculpas por su enconada oposición a Darwin. En la declaración, redactada por el director de misión y asuntos públicos de la Iglesia de Inglaterra, se admite que los anglicanos se dejaron llevar por «un fervor antievolucionista» y que actuaron de una manera «demasiado emocional y a la defensiva» cuando Darwin expuso las ideas que romperían con la creación del mundo tal como está expuesta en el Génesis, y que luego completó en su obra El Origen del Hombre (1871), en la que defendió que el ser humano desciende de un antepasado común con los simios. La declaración añade que “no existe nada en las teorías de Darwin que contradiga las enseñanzas del cristianismo”.



escrito el 16 de Septiembre de 2009 por en Enseñanza y aprendizaje de la ciencia


1 Comentario en El fluctuante teísmo de Darwin

  1. Jose Antonio Quirós Serna | 10-01-2010 a las 22:59 | Denunciar Comentario
    1

    Está muy bien que se disculpen, pero decir que no existe nada en las teorías de Darwin que contradiga las enseñanzas del cristianismo, puede ser debido a dos razones.

    No saben con exactitud qué dijo Darwin.
    Lo saben, y son unos hipócritas.

    Creo que el ser humano no se lleva bien con el azar, con la casualidad. La grandeza de este vasto universo, reflejada en cosas como el misterio de su origen, las paradojas matemáticas que ocurren dentro de los agujeros negros, el sistema nervioso de los humanos, la música de Dvorak, el café con leche por la mañana o, la hipocresía de los políticos, ¿pueden ser fruto de la casualidad? ¿O por el contrario hay un ser inifinitamente inteligente que todo lo diseñó?

    En un momento de obnubilación sería capaz de matar por saber la respuesta. Solo en un momento de obnubilación.

    Como dijo Saramago, mientras que exista la muerte, dios seguirá existiendo en las mentes de muchas personas.

    Lo que debemos hacer es estrujarnos más los cocos y entender cómo se originó el universo, cómo funciona nuestro cerebro, escuchar o componer música, seguir disfrutando de los efectos del café, y votarle al político menos malo.

    Hay que entender.

    Muuuuuuy bueno el blog.
    Un saludo.

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