Aprender a Pensar

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Augusto Ibáñez

FSM

Una lección de modestia: nuestro futuro está escrito en los genes de una mosca

El bioquímico Ginés Morata, de reconocida trayectoria en el campo de la biología del desarrollo, intervino en un ciclo de conferencias al que tuve ocasión de asistir. Las finas observaciones de Ginés Morata fueron todo un torpedo en la línea de flotación de la autoestima de la especie humana: compartimos casi por completo el mapa genético de la modesta mosca del vinagre, hasta el punto de que muchas enfermedades genéticas se pueden estudiar en ese organismo tan próximo a nosotros, que es un auténtico laboratorio para el dolor humano. No es necesario decir cómo queda en este contexto el fundamento genético de las razas humanas: simplemente no se puede hablar de diferencias; la genética nos uniformiza e iguala a todos en nuestra base biológica más esencial. ¡Para que luego nos vengan con “errehaches” y otras simplezas!

Morata se refirió al espinoso asunto de la duración de la vida. Describió algunos experimentos que prolongaban significativamente la vida de la mosca, y especialmente la de una especie de lombriz. Básicamente había tres vías para prolongar la vida de esta lombriz: en primer lugar, la vía de la insulina; al reducir la cantidad de alimento la producción de insulina descendía y modificaba ciertos mecanismos bioquímicos, que finalmente daban como resultado una mayor longevidad. Lo mismo ocurría cuando se mantenía al animal en un entorno frío, que reducía la velocidad de los procesos vitales, y también cuando eliminaban la actividad sexual y extirpaban las gónadas. Combinando las tres acciones el resultado era espectacular: en términos comparativos con una persona, la vida se prolongaba hasta unos 250 años, y algunos casos llegaba a los 325.

Claro que es una prolongación de vida un tanto incómoda: hambre, frío y abstinencia sexual. Uno de los asistentes planteó con ingenio la pregunta que todos teníamos en la cabeza:

“Profesor, dice usted que la lombriz vive más si no come, si pasa frío y si no copula. ¿Realmente vive más o es que el tiempo se le hace mucho más largo?”

Morata, que no sería la primera vez que se enfrenta a una pregunta similar, le espetó con guasa:

“Tal vez esté usted confundiendo la impotencia con la castidad”.

Bueno, fuera de anécdotas, es muy de agradecer la actitud de un científico de prestigio internacional que desciende a la incómoda arena a presentar al ciudadano de a pie, de primera mano, los logros, las esperanzas y los fracasos de la ciencia.


Por añadir algo de su biografía, Ginés Morata fue discípulo de García Bellido, y tras varias estancias en centros de Suiza y Reino Unido, regresó al Centro de Biología Molecular, uno de los centros españoles con más prestigio internacional, dependiente del CSIC pero integrado en la Universidad Autónoma de Madrid, del que fue director. Todavía hoy sigue profundizando en sus trabajos sobre la mosca del vinagre. Como científico, se cumple una vez más lo de que “sabe casi todo sobre casi nada”, pero en este caso hay que añadir que como persona desborda ese molde y se proyecta “sobre casi todo”.



escrito el 21 de marzo de 2009 por en Tendencias

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1 Comentario en Una lección de modestia: nuestro futuro está escrito en los genes de una mosca

  1. Jose Antonio Quirós Serna | 12-01-2010 a las 18:44 | Denunciar Comentario
    1

    Lástima que los religiosos y sus dogmas no sean capaces de ver que estamos emparentados genéticamente con la mosca del vinagre y que todo es más lógico de lo que parece.

    Y lástima que los científicos no se sientan cómodos, en la incómoda arena del ciudadano de a pie.

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