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Fronteras de la Ciencia

“Félix qui RERUM potuit cognoscere CAUSAS”

Augusto Ibáñez

FSM

A vista de pollo

escrito el 1 de Marzo de 2010 por alambique en El porqué de las cosas, General

Como siempre, la ciencia poniendo todo patas arriba. Resulta que ahora es el pollo quien tiene vista de lince y no al revés.

Un artículo muy serio, como su nombre indica –“Avian Cone Photoreceptors Tile the Retina as Five Independent, Self-Organizing Mosaics”- publicado en la Public Library of Science ONE, demuestra en resumidas cuentas que lo mejor de un pollo son… sus ojos. No es que los investigadores de la Universidad de Washington en San Luis hayan encontrado razones para que Kentucky Fried Chicken cambie los componentes de su menú estrella, sino que han descubierto que los ojos de estas aves poseen, en comparación con los nuestros, características envidiables.

Según el artículo, la retina de estas aves posee uno de los más sofisticados sistemas de fotorreceptores que existe entre los vertebrados. La capacidad de ver los colores depende de una células especializadas que se encuentran en la retina, llamadas conos. Pues bien, mientras que los seres humanos tenemos tres tipos de conos, que nos permiten ver el rojo, el verde y el azul, los pollos disponen de cinco tipos de conos, cuatro de los cuales les permiten una visión tetracrómica y el quinto es un cono doble que les permite la percepción ultravioleta acromática, asociada a la detección del movimiento. Además, los conos se distribuyen en un mosaico muy regular sobre la retina, lo que permite detectar el color en todo su campo visual. Al parecer, los conos dobles tienen un orden aún mayor que los conos únicos, probablemente por su papel en la detección del movimiento.

Por tanto, ya no es el lince quien tiene vista de ídem; el vertebrado con más vista es el pollo. Si esto les parece sorprendente, esperen a conocer el nombre de un caso práctico que me tocó estudiar en el IESE: “Lentes de contacto para gallinas ponedoras”. ¿Para qué pueden necesitar lentillas unas aves con tan buena vista?

Pues siento aclarar que en este caso -el del IESE- los que tenían vista de lince, o de pollo, eran unos avispados empresarios que tras descubrir que las gallinas ponían más huevos cuando tenían la vista nublada, decidieron aumentar la producción mediante la cruel medida de pegarles lentes de contacto.

¡Y vaya si lo lograron! Las gallinas miopes ponían huevos sin parar -¿quizás porque no sabían dónde los habían puesto?- y los pollos, o linces, o cerdos que dirigían el negocio vieron llenarse sus bolsillos a resultas de la I+D+i óptica. Pero como a todo cerdo le llega su San Martín, pronto surgió un problema que acabó con el negocio: las gallinas enfermaron por las infecciones oculares provocadas por las lentes de contacto. Se ve que no supieron enseñarles a lavarse las lentillas cada noche.


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Inteligencia visceral

escrito el 24 de Febrero de 2010 por alambique en General, Tendencias

Me permito acuñar este nuevo concepto, quizá como reacción a la moda de inteligencia emocional que nos invade. En realidad son términos conectados: el propio DRAE dice de visceralidad “que se deja llevar por reacciones emocionales”, es decir, visceral y emocional son cara y cruz de una misma moneda. No obstante, emocional es un término ñoño, un tanto ligth, mientras visceral es una expresión que sale de tu hígado y enreda sus apéndices en los intestinos. Por eso lo prefiero.

Hablemos, pues, de inteligencia visceral. El corazón ha sido el rey indiscutible de los sentimientos y emociones, al menos en la literatura y el cine. Es cierto que la amígdala le roba protagonismo en las revistas científicas, pero en los sucesivos sanvalentines del Corte Inglés sigue sin tener rival.

Sin embargo, ahora le sale a este órgano central un duro competidor: los mismísimos intestinos.

Sí, los intestinos aspiran a lideran el pódium de las emociones. Lo he visto en un artículo sobre el “segundo cerebro”. Bueno, ya había leído varias cosas sobre este asunto, pero me llama la atención que Scientific American le dedique su atención. Te obliga a tomarlo en serio.

Segundo cerebro” es el nombre con que se conoce la red de neuronas que recubre todo el tubo digestivo, desde el esófago hasta el mismísimo ano. Son unos cien millones de neuronas, pocas si se comparan con el cerebro pero más que las que hay en la médula espinal o en el sistema nervisoso periférico, según Scientific American. Los expertos lo llaman el sistema nervioso entérico. Su función principal es liberar al cerebro de la tediosa tarea de la digestión, que requiere el control de infinidad de procesos mecánicos y químicos. Permite así que el intestino funcione de forma independiente.

Sin embargo, los investigadores creen que este segundo cerebro es demasiado complejo como para limitarse a controlar los procesos digestivos. Sospechan que influye en muchas reacciones emocionales, lo que explicaría, por ejemplo, los típicos nervios en el estómago en situaciones de estrés. Por si fuera poco, el segundo cerebro es un depósito de la todopoderosa serotonina: el 95% de este neurotransmisor se concentra en los intestinos. La serotonina es un neurotransmisor relacionado con los ciclos de sueño, el control del estrés, el control del deseo sexual, la temperatura corporal, etc. También interacciona con otros neurotransmisores relacionados con la angustia, la ansiedad y el miedo. Por ello, muchos tratamientos antidepresivos actúan aumentando los niveles de serotonina, ya que parece inhibir algunos estados asociados a la depresión.

A pesar de lo dicho, hay tareas imposibles para este segundo cerebro. Los científicos tienen claro que no puede ocuparse ocupa de pensamientos conscientes ni intervenir en los procesos intelectuales; de eso se ocupa el cerebro de verdad. Pero en los temas emocionales/viscerales, el segundo cerebro parece cumplir un importante papel.

Estoy seguro de que cualquier lector que haya llegado hasta este punto del post ya tiene, aporreando su mente, ejemplos de actuaciones del segundo cerebro, imágenes vívidas de inteligencia visceral, encarnadas en cualquiera de los mil y un programas de reallity que saturan las televisiones. Espacios donde el argumento deja paso al insulto y el silogismo al eructo soez, en una sopa intestinal de descalificación, encanallamiento y obscenidad intelectual. Todo un experimento de Neuroenterología.

Estos expertos en inteligencia visceral, bien remunerados por su copiosa provisión de inmundicias, nos demuestran que es posible actuar y sentir desde las vísceras -sentir sin pensar-, deglutiendo argumentos como quien deglute el quimo. Si alguien estuvo tentado de sugerir que estos generadores de estiércol “piensan con el culo”, sepa ahora que no es un insulto, sino una descripción objetiva. Lo dice Scientific American.


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La insuperable precisión de un reloj parado

escrito el 23 de Febrero de 2010 por alambique en General

Leo en la prensa la noticia “El reloj más preciso del universo”. A los periodistas les encantan estas noticias dignas de Guinness, pero ¿qué se entiende por preciso? Por ejemplo, ¿qué es más preciso, un reloj que da la hora exacta varias veces al día u otro que se aproxima mucho a la hora exacta pero nunca llega a coincidir, ni siquiera en un todo siglo?

La pregunta tiene trampa. Si tomáramos como medida de la precisión la frecuencia (número de veces en un determinado período de tiempo) con que el artilugio da la hora exacta, nos encontraríamos con la paradoja de que un reloj -A- que se retrasa una hora al día es menos preciso que un reloj -B- que está siempre parado.

Me explico. Supongamos que a las doce del mediodía ponemos los dos relojes A y B en hora, con las agujas en las 12 en punto. Al mediodía del día siguiente, el reloj A marcará las 11, una hora menos; a la semana marcará siete horas menos, es decir, las 5; a los diez días marcará las dos, y solo doce días después volverá a marcar exactamente las 12. Es decir, podríamos decir, con el criterio que hemos adoptado, que este reloj da la hora exacta cada doce días.

En el caso del reloj B, parado siempre a las 12 en punto, es evidente que marcará la hora exacta a las 12 del mediodía y a las 12 de la noche, es decir, dará la hora exacta cada medio día. Por tanto podríamos decir que es mucho más preciso que el anterior: veinticuatro veces más preciso.

Claro que todo lo anterior es un mero sofisma. ¿De qué me sirve saber que el reloj de la iglesia, que lleva parado desde que lo recuerdo, dé la hora exacta dos veces al día, si me resulta imposible saber en qué momento da exactamente la hora? Necesitaría tener a mano el reloj de mi móvil, cuyo GPS se sincroniza con un reloj atómico tan exacto como el de la noticia. Este nuevo reloj atómico, basado en las vibraciones de un único átomo de aluminio, tan solo atrasará un segundo en los próximos 3700 millones de años. Esta increíble exactitud servirá para mejorar los GPS, cuyo funcionamiento depende de las mediciones de un reloj que mide la duración de las señales entre los satélites y la Tierra. Por tanto, a más exactitud en el cálculo del tiempo mayor resolución en las coordenadas medidas.

Aclaro que en términos científicos precisión y exactitud son cosas diferentes. Precisión es lo contrario de dispersión; por ejemplo, una balanza es precisa cuando al pesar sucesivas veces un mismo objeto da resultados similares. En cambio la exactitud se refiere a lo cerca que está el valor real del valor medido. Así pues, el nuevo reloj atómico es preciso, porque da la misma lectura para iguales intervalos de tiempo, y además es exacto, porque se aleja muy poco del valor real.

Por el contrario, un reloj parado es muy inexacto, porque el error en la medida (diferencia entre el valor medido y el real) es enorme. Sin embargo, podríamos decir que el reloj parado es preciso, porque siempre da la misma hora, aunque la información que proporciona no sirva de nada.

Resulta paradójico hablar de la precisión de un reloj parado, pero más lo es constatar que en la vida real hay personas que responden al mismo esquema: proporcionan una información –o desempeñan una tarea- tan precisa como inútil, porque todo su objetivo está enfocado a seguir el procedimiento y no a obtener resultados válidos. Es fácil encontrarlas tras las ventanillas de muchas administraciones, pero también las hay en recovecos ignotos de algunas empresas. Ocupan su período laboral como hormigas bien disciplinadas, cumplen la norma a rajatabla y su desempeño es intachable. Pero si se suprimiera repentinamente su servicio o se cerrara su departamento, nadie notaría el cambio, porque el único fin de su tarea es la propia tarea. Son, pues, tan precisas e inútiles como el reloj parado de la torre.


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El inicio de la vida y del individuo

escrito el 10 de Febrero de 2010 por alambique en General

El debate en torno al inicio de la vida humana es complejo y genera enormes desencuentros, por lo que es necesario abordar las posturas divergentes desde la reflexión, el rigor y el respeto. Trataré de reflejar algunas de esas posturas en este post, huyendo de toda concesión a lo emocional, aunque sea difícil evitarlo.

El primer punto, el inicio de la vida, es relativamente sencillo de abordar. Ningún científico puede negar que el cigoto es una realidad nueva, con una identidad genética diferente de la de los progenitores y con potencialidad para convertirse en un individuo adulto. Tras la fusión de los núcleos de los gametos, el cigoto reúne desde el primer instante toda la información genética necesaria para programar la formación de un nuevo individuo. De modo que en el caso de gametos humanos se forma, evidentemente, una célula huevo humana, la primera célula de un nuevo ser humano. Es decir, la vida humana se inicia con la formación del cigoto, en el momento de la fecundación.

Una cuestión mucho más delicada y compleja, desde todos los puntos de vista, es en qué momento esa vida humana es un ser humano individualizado.  

Para algunos científicos, como César Nombela, la continuidad de todo proceso biológico imposibilita la existencia de un antes y un después en el proceso del desarrollo, por lo que la individualidad se remonta al momento inicial:

“El cigoto es portador del material hereditario en su totalidad, el que define el programa genético del nuevo individuo, y constituye su corporeidad, que se irá materializando en un proceso de incremento gradual, sin solución de continuidad, pero con la emergencia de las estructuras corporales de las que está dotado cualquier organismo adulto. […] Cuando el cigoto se genera in vitro, será imprescindible su transferencia al útero de la madre, que lo pueda gestar, para completar el proceso.”

Para otros sí existe una solución de continuidad. El bioquímico Carlos Alonso Bedate, por ejemplo, defiende un antes y un después marcado por la diferenciación embriónica: solo tras la diferenciación podemos hablar de un individuo humano. Por ejemplo, los blastómeros al diferenciarse pueden producir tanto el embrioblasto, que podrá llegará a ser un ser humano adulto, como la futura placenta, que obviamente nunca se considerará un individuo. Por ello, Alonso Bedate mantiene que el embrión de 6-8 semanas es el que responde mejor, desde el punto de vista biológico, a ese potencial de nuevo individuo:

“Desde este momento el sistema está diferenciado en origen y lo que resta es la actualización en crecimiento del proceso diferenciante del sistema.”

Para Juan Ramón Lacadena, la anidación del embrión en el útero es un hito crucial. Antes de ese momento ocurren fenómenos que parecen incompatibles con la individualización: más de la mitad de los cigotos desaparecen antes de su anidación; el embrión preimplantatorio puede dividirse en gemelos monocigóticos, o varios cigotos pueden fundirse en un solo embrión, formando quimeras inviables. Estos fenómenos de gemelismo y quimerismo, que  afectan a la individualización del nuevo ser, dejan de producirse cuando empieza a formarse la cresta neural, que formará el sistema nervioso. Y esto no ocurre hasta que termina la anidación, unos catorce días después de la fecundación. Según Lacadena:

La anidación representa un hito embriológico importante en relación con la individualización del nuevo ser. No obstante, es importante volver a recordar la imposibilidad de fijar el momento preciso, aun en el caso de que así fuera, debido a la continuidad del proceso biológico del desarrollo.”

El blastocisto comienza a fijarse en las paredes del útero una semana después de la fecundación, y transcurre otra semana hasta que concluye la anidación. Ciertamente la anidación es un proceso crítico, hasta el punto de que hay quien considera que el embarazo empieza al finalizar la anidación.  Es el caso, según Lacadena, de la Sociedad Alemana de Ginecología, y también aparece así en Wikipedia.

Si pasamos del enfoque científico al filosófico y religioso, la realidad es que el propio Magisterio de la Iglesia católica refuerza indirectamente la idea de que existe solución de continuidad en el desarrollo embrionario. Se aprecia esto en algunos párrafos de la Instrucción Donum Vitae, firmada por el Cardenal Ratzinger como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe:

“Por tanto, el fruto de la generación humana desde el primer momento de su existencia, es decir, desde la constitución del cigoto, exige el respeto incondicionado que es moralmente debido al ser humano en su totalidad corporal y espiritual. El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción y, por eso, a partir de ese mismo momento se le deben reconocer los derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida.”

“La doctrina recordada ofrece el criterio fundamental para la solución de los diversos problemas planteados por el desarrollo de las ciencias biomédicas en este campo: puesto que debe ser tratado como persona, en el ámbito de la asistencia médica el embrión también habrá de ser defendido en su integridad, cuidado y sanado, en la medida de lo posible, como cualquier otro ser humano.”

Resulta muy significativo que en un asunto tan fundamental se eviten las afirmaciones explícitas del tipo “el embrión preimplantatorio es una persona” y se acuda a afirmaciones mucho más relativistas, del tipo: “exige el respeto moralmente debido al ser humano”; “debe ser tratado como persona”, o “debe ser defendido, en la medida de lo posible, como cualquier otro ser humano”. ¿Son simples circunloquios o es que el Magisterio quiere decir exactamente eso, que el embrión debe ser tratado como una persona aunque no se pueda afirmar que ya lo sea?

No es creíble que la Iglesia recurra a al discurso retórico en un tema tan sensible, por lo que en mi opinión el texto demuestra que el Magisterio de la Iglesia distingue claramente entre vida humana y persona humana. No son conceptos idénticos, aunque ambos merezcan el máximo respeto.

En este sentido coincido con el fallecido Javier Gafo, biólogo jesuita, cuando afirmaba:

“Es incoherente proclamar la inviolabilidad de la vida ya nacida y negársela al cigoto, al embrión o al feto: en todos los casos, estamos ante una existencia que tiene un destino humano, a los que falta aún mucho por avanzar en su proceso de maduración personal, pero que ya ha iniciado la apasionante aventura de entrar en un destino humano.”

Es decir, el embrión tiene un destino humano y por eso merece la máxima consideración y respeto, no por ser persona sino porque puede llegar a serlo.


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La amígdala, el centro de control emocional

escrito el 10 de Febrero de 2010 por alambique en General

Es sabido que las emociones se generan en el sistema nervioso: las de miedo o de rabia se originan en la amígdala cerebral, aunque las de alegría o de felicidad no se sabe bien dónde se producen. La amígdala es una pequeña estructura situada en el interior de los lóbulos temporales de cerebro y su actividad es fundamental para la supervivencia del individuo.

Cuando está lesionada desaparece la agresividad del individuo y su capacidad para mostrar miedo. Es una especie de síndrome de “Juan sin miedo”, que impide valorar si un estímulo es amenazador, y cómo se debe responder a él. Una vez que ha analizado el estímulo decide si la respuesta debe ser de agresividad o de miedo y envía señales al hipotálamo para que ponga en marcha los mecanismos de defensa. Por ejemplo, cuando un gato siente miedo, se le eriza el pelo y los músculos se tensan para preparar una posible huída. Los humanos también reaccionamos de forma involuntaria ante una situación de pánico: se nos acelera el ritmo cardíaco, se nos pone carne de gallina, sudamos, etc.

Un experimento reciente aporta nueva información sobre el papel de la amígdala ante la toma de decisiones arriesgadas. El experimento viene a ser una especie de “Quién quiere ser millonario” en ese momento clave en que hay que decidir si apostar por el premio gordo con el riesgo de perderlo casi todo, o plantarse con la mitad de ese premio gordo. El grupo de control, formado por personas con la amígdala sana, optaron por las opciones más conservadoras, mientras que los pacientes con la amígdala dañada eran mucho más propensos a las apuestas arriesgadas.

La conclusión es que la amígdala es el origen de las respuestas emocionales inconscientes y nos ayuda a ser más cautos. No solo está implicada en el procesamiento del miedo ante un peligro físico, sino que parece que también nos hace ser prudentes ante la posible pérdida de dinero. Es decir, la amígdala activa mecanismos para inhibir cualquier actuación cuyo resultado pueda ser adverso.

Sin embargo, no resulta fácil hacer extensible esta conclusión a otras actuaciones inconscientes de la amígdala, como cuando limita la respuesta sexual de una mujer. Según la neuropsiquiatra Louann Brizendine, autora del libro El cerebro femenino, “la mujer, para tener un orgasmo, debe desconectar la amígdala”, y añade: “Tienes que apagar la amígdala, que es el centro del temor y la ansiedad en el cerebro. La desactivas, es algo inconsciente, y tienes un orgasmo. Ayuda mucho apagar el móvil.”


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Colectivos inteligentes con individuos idiotas: la naturaleza ya lo había inventado

escrito el 10 de Enero de 2010 por alambique en El porqué de las cosas, General

Interesante el debate abierto en torno al post “La gente es idiota; los grupos de gente no”.

Yo más bien diría que cuando la gente es idiota, los grupos de gente pueden no serlo, mientras que, por desgracia, cuando la gente es muy inteligente, resulta difícil formar grupos inteligentes. El problema es que para generar inteligencia colectiva hay que ser capaces sacrificar ciertos atributos de la individualidad, y eso suele estar reñido con la vanidad humana.

Para apoyar esta tesis, recurriré a un fantástico ejemplo de la naturaleza: la emergencia de inteligencia colectiva en seres absolutamente simples, como las amebas unicelulares del fango. Hace más de diez años tuve ocasión de conocer a Lynn Margulis, con ocasión de la concesión del Doctorado Honoris Causa por la Autónoma de Madrid, y pedí su colaboración para una serie de vídeos didácticos que estábamos realizando. Margulis me envió una serie de grabaciones realizadas con su hijo, Dorion Sagan, que incluía parte del material utilizado en el desarrollo de su teoría sobre la endosimbiosis. De todo su material, llamó especialmente mi atención una breve secuencia sobre las amebas sociales (mohos mucilaginosos unicelulares). Estos fantásticos organismos son simples células ameboides individuales que se desplazan por el suelo comiendo bacterias y levaduras y reproduciéndose por bipartición. Son tan elementales que, obviamente, no se les puede suponer ningún nivel de inteligencia. Es decir, son, en sentido estricto, organismos idiotas.

Sin embargo, cuando se produce una situación de estrés, por cambio brusco de las condiciones de temperatura y humedad o por falta de alimento, algunas amebas emiten una sustancia química y todas empiezan a concentrarse en un punto. Se agrupan unas con otras hasta formar una estructura de unos tres milímetros llamada  pseudoplasmodio, una especie de babosa minúscula que se desplaza por el suelo hasta alcanzar una zona suficientemente iluminada. Ahí se produce otro pequeño milagro: algunas de las antiguas amebas, que perdieron ya su individualidad al agruparse, forman un tallo sobre el que se levanta una esfera llena de esporas -cuerpo fructífero-. Las células del tallo y las que recubren la esfera mueren y forman unas estructuras de celulosa que protegen al resto. Cuando las condiciones externas son favorables y la comida abunda, el cuerpo fructífero libera todas las esporas, que vuelven a convertirse en amebas absolutamente individuales y autónomas.

Se pueden ver algunas secuencias de la vida de estos organismos, grabadas por Margulis y Sagan, en el vídeo “Pequeños pero importantes”, accesible en la dirección: http://www.librosvivos.org/videos/

¿Qué hace que unos seres tan anodinos actúen colectivamente de forma inteligente? Lo obvio es el mecanismo, una sustancia señalizadota (o quimiotáctica) que según recuerda Punset, es denominada acrasina por John Bonner, en recuerdo de la bruja del poema de Edmund Spencer que atraía a los hombres a su lado y luego los convertía en bestias.

Pero la razón última de la emergencia de esa inteligencia colectiva es más difícil de entender. ¿Imaginan lo que podrían lograr los seres humanos, infinitamente más inteligentes que una ameba, si fueran capaces de imitar un comportamiento similar? Probablemente, cuanto mayor es la inteligencia individual más difícil es crear una inteligencia colectiva, porque esto requiere sacrificios extremos que son incompatibles con un individualismo sobrevalorado.

(Para ampliar sobre estos organismos, hay enlaces muy interesantes en la web).


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Pi

escrito el 7 de Enero de 2010 por alambique en General

Pi es, incluso para quien no esté en la harina algebraica, un número mágico. Para contextualizar su relevancia permítanme aclarar que, en la historia del álgebra, hubo que crear los números enteros para poder resolver ecuaciones del tipo a+x=b, donde a y b eran números naturales, y los números racionales para las del tipo a·x=b.

Eso quiere decir que los números racionales son del tipo a/b, siendo a y b naturales o enteros. Pero si hacemos el sencillo ejercicio de dividir dos números enteros cualesquiera, descubriremos que siempre ocurre una de las situaciones siguientes:

  • a/b = número entero (p. ej.: 173,00000000…)
  • a/b = número decimal exacto (p. ej.: 35,1962000000…)
  • a/b = número decimal periódico simple (p. ej.: 46,6756756756….)
  • a/b = número decimal periódico compuesto (p. ej.: 9,363272727…)

Es decir, todos los números racionales responden a alguna de las situaciones anteriores. Pero hay números que escapan a esta clasificación, es decir, no son racionales. Por ejemplo, si tomamos como a el perímetro de un bote de conservas y como b el diámetro de dicho bote, la relación a/b es 3 seguido de un número de decimales que no repite ninguna pauta periódica. Es, por tanto, un número irracional, que recibe el nombre de PI.

Hay infinitos números irracionales, que aparecen en ecuaciones potenciales y exponenciales, pero ninguno es tan famoso ni tan estudiado como PI. Tanto que, como el racional que más se le aproxima es 22/7, los incondicionales han declarado el 22 de julio como el “Pi day” o “Día internacional de la aproximación a PI”.

Con una “clá” así no debería sorprender que una de las noticias más leídas en el País de hoy fuera la de “Récord de computación de cifras del número PI”. Y es que Fabrice Bellard, pertrechado con un ordenador doméstico con sistema Linux, ha logrado calcular el número 2,7 billones de decimales del número PI, superando el récord que logró el pasado año un japonés con un superordenador.

No sé si el “billones” de la noticia se refiere a nuestro millón de millones o al mil millones anglosajón, pero eso no me quita el sueño. Sin embargo, me agrada que la gente siga asumiendo retos de este tipo que, de paso, permiten profundizar en el desarrollo de los algoritmos para la computación binaria y enriquecer además las herramientas de la comunidad de programadores en SL. Y todo esto, a mayor gloria de PI.


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Ética para tiburones

escrito el 11 de Diciembre de 2009 por Aprender a Pensar en El porqué de las cosas, General

Recientemente vi al mismísimo Mario Conde en Intereconomía -valga la redundancia- dando lecciones de ética, nada menos. Aún sin superar los efectos del impacto entré en su blog, donde ya no me sorprendió ver sus ataques contra la derecha clásica -“altavoz del dogma católico”- de la que se desmarca. La derecha que representa Conde es más sutil y tecnócrata, de la de “toma el dinero y corre”, aunque los tiburones que siguen esta exitosa corriente son ambidiestros, no solo de derechas.

En la nueva escuela de ética para tiburones no sorprende encontrar lecciones que presentan el aborto como una mera cuestión personal o que identifican lo moral con lo democrático. Así lo expresa el maestro Conde:

“Si dicen que hay leyes inmorales y criminales que son inaceptables para su Moral, ¿qué quiere decir semejante contundencia dialéctica? ¿Que su Moral está por encima de la voluntad ciudadana expresada democráticamente?”

Aun a riesgo de contradecir a esta influyente escuela de ética (“poderoso caballero es don dinero”), me viene a la mente una conversación con un profesor de San Antonio que me confesó que su familia conservaba las escrituras de propiedad de los esclavos que habían pasado por su casa. Reconocía que se avergonzaba de este pasado y que le hubiera gustado haber estado en esa época para remediarlo. No lo hubiera tenido fácil porque en ese momento la ley no reconocía a los esclavos los derechos de una persona.

Permítanme recrear un diálogo ficticio, imaginando la conversación de este profesor con sus convecinos de San Antonio tras su viaje en el tiempo:

- ¿Por qué atacas a ese esclavo? Es humano.

- No es humano, sino un simple esclavo –le respondería el vecino.

- No tienes derecho a maltratarlo de ese modo. Tiene derechos.

- Me pertenece y la ley me permite hacer con él lo que me plazca. Puedo destruirlo si me apetece, y es legal.

- Pero un esclavo debería tener los mismos derechos que tú y que yo. La esclavitud es una inmoralidad y tiene que ser prohibida.

- No te metas en cuestiones morales. La esclavitud es un asunto estrictamente personal. Si no estás de acuerdo no lo hagas, pero no impongas tu moral a los demás.

 ¿Verdad que es un diálogo verosímil? Evidentemente hoy sabemos que la esclavitud es inmoral, aunque en ese momento fuera legal o hubiera sido aceptada democráticamente. Con el aborto ocurre algo parecido. Evidentemente puede ser legal y es lógico normativizarlo y despenalizarlo, pero eso no lo convierte en un derecho universal ni permite recluirlo en el ámbito de la moral personal.

Para demostrarlo sugiero el experimento de sustituir, en el diálogo anterior, la palabra “esclavo” por “embrión” y “esclavitud” por “aborto”, y véase que el resultado no solo es un diálogo verosímil, sino que que recuerda llamativamente a las posturas de muchos tertulianos. Cuidado con esos enfoques individualistas y egocéntricos, no sea que en el futuro nuestros biznietos tengan que avergonzarse de nosotros, como el profesor de San Antonio. Como decía en un post anterior, lo razonable es abordar estos temas desde la reflexión y con argumentos, no desde las ideologías; hay que huir del blanco y negro puro y buscar la verdad en los matices grises.


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Por fin, unos argumentos de nivel en el debate sobre el aborto

escrito el 10 de Diciembre de 2009 por alambique en El porqué de las cosas

Gratificante por su claridad y honestidad el artículo de José Bono en el País: “Aborto, ni derecho ni obligación”. Se echaba de menos este nivel de profundización en un debate trivializado, traído y llevado por eslóganes e ideologías. Extraigo cuatro párrafos muy significativos:

Se diga lo que se diga, sabemos con certeza que el feto no es un órgano propio de la mujer, sino una realidad distinta de la mujer gestante. El feto es más un “alguien” que un “algo”.  […] Tengo la convicción de que en el seno materno se alberga una vida humana en formación que es digna de protección. Estamos ante un valor constitucional.

Como dice el profesor Peces-Barba, “el aborto es siempre un mal porque acaba con un germen de vida y se rompe una línea biológica natural… -pero la ley lo regula- porque ponderando los bienes y los males en juego considera que puede haber otros males mayores”. (La democracia en España, página 193).

El aborto no es un bien ni un derecho. En el núcleo de mis convicciones éticas y religiosas está la defensa de la vida y el amparo al más débil, valores que son patrimonio de la tradición humanista y progresista española. […] No es un derecho porque como dice Peces-Barba “los derechos se basan y buscan bienes, nunca males” y, además, porque la vida prenatal es un bien jurídico constitucionalmente protegido.

La despenalización de 1985 ha dado cobertura, por su ambigüedad, a un excesivo número de abortos: 115.812, sólo en 2008. Más aún, la falta de limitación temporal del tercer supuesto, el de la salud psíquica, bajo el cual se ha producido el 97% de los abortos, ha provocado abusos escandalosos. […] El nuevo proyecto de ley debe servir para reducir el número de embarazos no deseados que conducen al aborto y también para garantizar mejor la protección del nasciturus y mejorar las garantías jurídicas para las mujeres que deciden interrumpir su embarazo.

Por las mismas fechas, J. A. Marina denunciaba, en Zaragoza, la superficialidad espantosa con que se está tratando el tema del aborto:

Hay que plantear el asunto señalando que el aborto es malo y por eso debemos hacer todo lo posible para que no suceda. [...] No obstante, no podemos zanjar la cuestión diciendo sin más que es malo y condenándolo, sino que hay que establecer una educación sexual más amplía; enseñar los métodos anticonceptivos y la responsabilidad a la gente joven en las relaciones sexuales y ayudar a las personas que han quedado embarazadas sin quererlo.

Ambos enfoques -el de Bono y el de Marina- son distintos pero irrebatibles, aportan riqueza al debate y son formas adecuadas de estimular el pensamiento social, muy alejadas de ese enfoque de eslóganes y fanatismos al que desgraciadamente estamos tan acostumbrados.


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¿Por qué hay tanta gente que aún cree en la astrología?

escrito el 25 de Septiembre de 2009 por alambique en El porqué de las cosas, General

Miguel Ángel Sabadell, un profesor de física y química que dejó la tiza por el periodismo científico, me envió hace tiempo un interesantísimo trabajo, muy bien documentado, sobre el gran timo de la astrología. Expongo aquí un pequeño fragmento:

Si encuentro a una persona muy tranquila y apacible con cinco planetas en Aries, ello no me hará dudar que Aries significa agresión. Puedo comentar que su ascendente es Piscis, o que su Sol está en conjunción con Saturno, o que tiene su regente en la duodécima casa. Si ninguna de estas excusas es posible, puedo comentar que aún no ha desarrollado su potencial Aries… Pero si al día siguiente me encuentro con un hombre muy agresivo que también tiene cinco planetas en Aries, cambiaré mi rollo: diré que debía ser así debido a esta configuración. (D. Hamblin, ex-presidente de la Asociación Astrológica Británica)

La cita anterior, extraída del Astrological Journal, una de las revistas más prestigiosas sobre astrología, nos muestra la verdadera naturaleza de la predicción astrológica.

Hemos visto contradicciones fundamentales en el seno de las distintas corrientes astrológicas. Hemos visto las objeciones que nos muestran la estructura arbitraria de la astrología. Hemos visto las numerosas pruebas a que ha sido sometida con resultados invariablemente negativos. Hemos visto, en fin, que la astrología no funciona. ¿Por qué los medios de comunicación no se han hecho eco de estos experimentos? ¿Por qué siguen siendo cajas de resonancia de creencias seudocientíficas? Una posible razón es que la seudociencia vende. El gusto por lo misterioso y lo fantástico que todo hombre lleva en su interior; el abandono de las religiones tradicionales, junto con la búsqueda de otras vías que intentan explicar los porqués y el sentido del Universo de forma mágica y supersticiosa; la mala enseñanza de la ciencia que hizo de ella ‘la varita mágica arreglalotodo’ capaz de solucionar nuestros problemas –que lo que ha provocado es un desencanto hacia ella–. Estas son algunas de las causas del ascenso de todas estas creencias.

Thomas (1978) presenta otra posible respuesta al ascenso (y descenso) de las prácticas mágicas: son una forma de enfrentarse a situaciones en las cuales los métodos usuales no ofrecen ninguna posibilidad de éxito. Así, la astrología no es eficaz en el sentido estricto del término, pero proporciona seguridad y una sensación de control sobre el desarrollo de los acontecimientos futuros. «La magia prevalece cuando el control ejercido sobre el entorno es escaso» afirman G. y M. Wilson. De todas formas, no podemos separar los componentes sociológicos, culturales, históricos y tradicionales cuando queramos hacer un análisis sobre las motivaciones por las cuales aumentan las creencias seudocientíficas. Como muy bien señala Pierre Thuillier en su estudio sobre la decadencia de la astrología durante el Renacimiento (Thuillier, 1990), «esta supuesta ciencia no llegó a refutarse: sencillamente, cayó en desuso». No podemos convencer a nadie con argumentos racionales si no quiere convencerse racionalmente. El aumento del irracionalismo pasa por la claudicación del espíritu crítico. Se fuerza a que el mundo sea como a uno le gustaría que fuera, y se niega uno a aceptarlo tal y como es. Por eso, en 1990, los científicos españoles se adhirieron a la declaración Objeciones a la Astrología que firmaron sus colegas estadounidenses en el año 1975. Se trata de una declaración que invita a que pensemos por nosotros mismos, a que analicemos las cosas antes de aceptarlas, a que comprendamos la ciencia y cómo trabaja. No se trata de imponer ninguna forma de pensar, sino todo lo contrario.

La astrología es una grave enfermedad. Hace a las personas conformistas y apáticas, sin capacidad de reacción y decisión. Es una excelente excusa cuando las cosas salen mal o se tuercen. «Está escrito en las estrellas y no puedo luchar contra el destino». Con ella podemos justificarlo todo, incluso las mayores atrocidades.

Si nuestra sociedad necesita de toda su capacidad racional para resolver los importantes problemas que tiene planteados, ¿Qué ocurrirá si empresarios, economistas y políticos confían el destino de empresas, capitales y naciones a los oscuros designios de los dioses-planetas? (Armentia, Sabadell, Zamorano, Aragón y Montesinos, 1990).

La astrología hace a las personas manejables por charlatanes y visionarios. Pretenden que volvamos 4 000 años atrás, cuando se creía que la Tierra era el centro de Universo y los dioses gobernaban hasta la caída de una hoja.

Puestos a elegir, prefiero soñar leyendo El Señor de los Anillos.

Hasta aquí el texto de Sabadell. Queda dicho.


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